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ABC JUEVES, 28 DE JUNIO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Acercamiento de presos etarras Sangre que no se licua JESÚS LILLO Mari Mar Blanco, flanqueada por Ana Pastor y Maite Araluce, presidenta de la AVT, ayer en el Congreso de los Diputados ISABEL PERMUY Está escrito. Harás y dirás muchas cosas que nos helarán la sangre La profecía está firmada por Pilar Ruiz Albisu, madre de Joseba Pagazaurtundua, asesinado a tiros por ETA, y dirigida a Patxi López, el mismo López que hace poco más de un año confirmó que siempre se puede ir a peor al dirigirse a Pedro Sánchez con una pregunta retórica y también profética: Vamos a ver, Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación? Helada, la sangre de Pilar Ruiz Albisu no se licua como la de los santos Genaro y Pantaleón. No hay motivo ni milagro. Pedro Sánchez, manos de santo, dijo ayer en el Congreso de los Diputados que hay que ser empáticos con las víctimas del terrorismo y, a la vez, adecuarse a la nueva realidad un proceso normalizador que pasa por terminar con la dispersión penitenciaria de los presos etarras para acercarlos al País Vasco. Con la fuerte determinación que, según los observadores de La Moncloa, expresa su anatomía, el presidente del Gobierno quiere empezar el traslado con los mayores de setenta años y los enfermos terminales. Además de una veintena de terroristas afectados por el síndrome de Bolinaga, enfermedad que cursa con generosos altibajos, los únicos terroristas que cumplen el requisito de edad marcado por Sánchez son tres históricos dirigentes de ETA: Santi Potros, que ordenó los atentados de Hipercor el más sangriento de la historia de la banda, con veintiún muertos y de la plaza de la República Dominicana de Madrid, en el que fallecieron catorce agentes de la Guardia Civil; Fitipaldi, experto en explosivos que diseñó el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, con once víctimas, y Sebas Echániz Alcorta, pistolero implicado en la muerte de diecisiete inocentes. Gente mayor. Son solo tres y bien conocidos. Pedro Sánchez podría haber puesto de memoria nombre, apellidos e índice de criminalidad a su selectivo ejercicio de empatía, como un gesto de proximidad a los colectivos que ayer celebraron el Día de las Víctimas del Terrorismo, pero prefirió vestirlo como un acto de compasión normalizadora. La neorrealidad a la que Sánchez pretende someter a España adecuación en el argot de los observadores de La Moncloa no es sino la excusa de una estrategia de supervivencia personal que lo ha llevado a traficar con lo más sagrado que tenemos aquí, una sangre que ni siquiera se licua el Día de las Víctimas del Terrorismo. ESPAÑA