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14 OPINIÓN CAMBIO DE GUARDIA PUEBLA LUNES, 28 DE MAYO DE 2018 abc. es opinion ABC GABRIEL ALBIAC ESTADO AUSENTE Hay un sujeto ausente en la España contemporánea: el Estado E N el año 1520, un Papa y un futuro Papa, cabezas máximas de la florentina casa Medici, encargan al mejor preparado de los diplomáticos toscanos un informe técnico que dé razón de las manifiestas y paradójicas fragilidades del régimen de gobierno que, con preocupantes bandazos, ha ido rigiendo la próspera Florencia renacentista. Niccolò Machiavelli, el elegido para hacer esa diagnosis, está en la plenitud de su edad madura, 51 años. No parece que ni al cardenal ni al Papa les moleste contratar al hombre a quien los Medici encarcelaran y represaliaran en 1512. Y a quien han mantenido en el ostracismo durante los siete años siguientes. Maquiavelo es el más competente para el encargo. Es lo que cuenta. Dos personajes menos inteligentes que León X y que el cardenal Giulio de Medici, futuro Clemente VII, hubieran reaccionado mal ante su minucioso y frío memorándum. Porque Maquiavelo concluye que ha sido el éxito de los dos grandes gobernantes Medici, Cosme y Lorenzo, la verdadera causa de la fragilidad del régimen tras ellos: la brillantez de las personas al mando eximió a la Ciudad de poner en pie ese artefacto anónimo llamado Estado, sin el cual no hay poder que logre perseverar en el tiempo. Los hombres mueren. Si la República queda fiada a sus personas, morirá con ellos. Eso le pasó a Florencia: tras los mejores, la nada. La lección de Maquiavelo ha vuelto a mí en estos días, en los cuales cualquiera puede constatar hasta qué punto en España se ha disuelto el Estado. Pero, ¿hubo Estado aquí, completo y en sentido propio? Me temo que es dudoso. El Estado es un autómata complejísimo, el conjunto de cuyos engranajes debe funcionar, unánime, con perfecta indiferencia de quién sea el gobernante. Y el deslumbramiento ante concretos hombres de poder es el síntoma que anticipa la caída del sistema completo en el vacío: los grandes nombres encubren lo frágil de las instituciones. Es una más de las herencias del franquismo: la delegación colectiva en la voluntad de un hombre al que se dota de atributos providenciales. Su inercia pervivió al dictador: se prolongó primero en Adolfo Suárez, cuyo improvisado partido salió de escena con él; continuó con un Felipe González que llegó tal vez a creerse reencarnación de Franco y que dejó al centenario PSOE hecho unos zorros; fue magnificada por el José María Aznar cuyo éxito desembocó en la nada de Rodríguez Zapatero; le dio forma sesteante este Mariano Rajoy que, de éxito económico en éxito económico, desemboca ahora, no ya en la extinción de su partido, sino, más que verosímilmente, en la del mismo Estado, de la nación tal vez: con España a un milímetro de la fractura. Hay un sujeto ausente en la España contemporánea: el Estado. Ningún hombre providencial pude suplir esa ausencia. Ningún partido. Alzar ese Estado anónimo, que aquí no existe, es hoy la exigencia primera. La única. Pasa por un abandono de los protagonismos personales y de partido. Y fuerza a afrontar la tarea común: o Estado o nada. EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LIBERTAD DE COPROLALIA Ensartar rimas cretinas u obscenidades de estercolero nada tiene que ver con la expresión artística D URANTE la última semana han sido encumbrados como mártires de la libertad de expresión dos personajes mazorrales, el sedicente actor Willy Toledo y el sedicente cantante Valtonyc. El primero, después de proferir unas blasfemias que demuestran que aún no ha superado la fase anal; el segundo por desear la muerte a todo quisque, del Rey abajo, en lo que prueba que ya ha alcanzado la fase fálica, caracterizada por el deseo de exterminar a todo macho viviente, para poder gozar en exclusiva del cariño materno. Bromas parte, la conducta de estos dos andobas muestra rasgos psicopáticos que la psiquiatría clásica diagnosticaba diáfanamente. Resulta palmario que el sedicente actor padece hieroclastia o aversión frenética a lo sagrado, que expresa (como hace siempre el infrahombre) a través de la coprolalia. Y resulta evidente que el sedicente cantante padece pulsiones y ensoñaciones necrofílicas que expresa del mismo modo infrahumano. Se trata, en fin, de dos individuos con traumas neuróticos perfectamente descritos por la psiquiatría clásica, que en otra época más caritativa habrían sido tratados y probablemente sanados. Pero nuestra época esquizofrénica no se conforma con dimitir de la caridad y dejar a estos dos pobres hombres a merced de sus trastornos. Lo más característico de la esquizofrenia es la incapacidad para estructurar el enjambre de imágenes que asaltan nuestra consciencia, que la persona sana valora por medio de las funciones psíquicas superiores que los escolásticos denominaban sentido interno y capacidad estimativa En una época sana, la coprolalia del sedicente actor y el sedicente cantante habría sido valorada por estas funciones psíquicas superiores, que habrían determinado (dulcificadas por la caridad) su tratamiento. En una época esquizofrénica el sentido interno y la capacidad estimativa se hacen añicos, de tal modo que estos pobres diablos son percibidos exageradamente como delincuentes, o bien (en una fase más agudizada de descomposición intelectual) como mártires de la libertad de expresión. Pero, para que podamos hablar de libertad de expresión tiene que haber primero expresión; y, si estamos hablando de artistas, tiene que ser expresión artística. Ensartar rimas cretinas u obscenidades de estercolero, todo ello envuelto en una ruminatio schizofrenica que salpica de purulencias cuanto toca, nada tiene que ver con la expresión artística. Resulta muy significativo que casi todos los mártires de la libertad de expresión últimamente encumbrados sean tuiteros frikis que vomitan chistes abyectos, o raperos dominados por pulsiones necrófilas, o botarates rezumantes de bilis que se regodean ultrajando las creencias religiosas del prójimo ¡siempre el mismo prójimo y siempre las mismas creencias, por supuesto! Y, mientras estos botarates son encumbrados, no existe libertad de expresión para quien desea cuestionar las ideologías de bragueta que nos están destruyendo, las antropologías perversas que están haciendo añicos la comunidad humana, la feroz tiranía que bajo máscara democrática ha convertido en jenízaros de su causa a las masas cretinizadas. Para burlar la censura mediática y la cólera de estas masas cretinizadas hay que adoptar las formas expresivas más contorsionadas y elípticas; en cambio, cualquier botarate que suelte un vómito de coprolalia es de inmediato encumbrado como mártir de la libertad de expresión. Y es que, en realidad, tal encumbramiento se hace para que las expresiones verdaderas que se atreven a desafiar las turbias ideologías en boga sean perseguidas y censuradas inicuamente, sin que las masas cretinizadas lo perciban. Quien lo probó lo sabe.