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LUNES 30.4.2018 Editado por Diario ABC, S. L. San Álvaro, 8, 1 3, 14003 Córdoba. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 37.377 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Teléfono de atención 901 334 554. Centralita ABC 91 339 90 00. RAROS Y MALDITOS Frank William Abagnale TODO IRÁ BIEN Se hizo millonario mediante la falsificación de cheques. Ejerció la profesión de médico con un título inexistente, fingió ser abogado y luego pasó por piloto de la Pan Am. Fue detenido en Francia y extraditado a Estados Unidos. Su vida fue llevada al cine por Spielberg y acabó de asesor del FBI contra el fraude SALVADOR SOSTRES NUESTRAS FLORES Dios nos ofrendó con el amor para que nos sintiéramos seguros GENIO DE LA FALSIFICACIÓN PEDRO G. CUARTANGO E Sobre estas líneas, un fotograma de la película de Spielberg inspirada en Abagnale E S difícil hacer de la impostura un arte. Pero Frank William Abagnale lo consiguió gracias a su extraordinario talento para la falsificación y la suplantación. La historia de su vida inspiró a Steven Spielberg para filmar Atrápame si puedes, en la que narra la asombrosa carrera de Abagnale, basada en sus habilidades para engañar al prójimo. Su papel fue interpretado por un convincente Leonardo di Caprio, que captó perfectamente su psicología. Abagnale nació en Bronxville, un pueblo cerca de Nueva York, en 1948 en el seno de una familia próspera. Los problemas financieros de su padre y el posterior divorcio de sus progenitores marcaron la adolescencia de Frank, obsesionado por demostrar que podía hacerse millonario gracias a sus dotes como falsificador. Todo empezó cuando su padre le regaló un coche usado y le permitió usar su tarjeta de crédito para comprar repuestos. Con ella, adquirió piezas que luego revendió con un pequeño beneficio. Eso fue el principio porque Frank descubrió muy pronto que podía falsificar cheques y cobrarlos en efectivo, con lo que amasó en pocos años una fortuna de varios millones de dólares burlando los controles y estafando a veintiséis bancos. Crecido por su éxito, Abagnale ejerció la profesión de médico pediatra mediante una titulación falsa hasta que estuvo a punto de matar a un bebé, lo que le convenció de buscar otra forma menos peligrosa para los demás de ganarse la vida. Con sólo 18 años de edad, fingió ser el abogado Robert Black, licenciado en la Universidad de Harvard. Ejerció la abogacía durante meses hasta que un agente del FBI, llamado Joseph Sea, empezó a perseguirle tras reconstruir Respetable hombre de negocios Hoy, a sus 70 años, Abagnale (imagen) dirige una consultora antifraude que tiene como clientes a grandes entidades bancarias Crecido por el éxito, ejerció como pediatra con titulación falsa hasta que estuvo a punto de matar a un bebé el rastro de sus fraudes. Abagnale simuló también que era piloto de la Pan Am bajo el nombre de Frank Taylor tras falsificar un carné y lograr un uniforme falso de la compañía, lo que le facilitaba viajar de un país a otro para huir del FBI, que le había tendido varias trampas. Su osadía era tal que también se hizo pasar por agente secreto. Finalmente Frank Abagnale fue detenido en Francia, que acabó por extraditarle a EE. UU. donde pasó cinco años en prisión bajo los cargos de suplantación, falsificación de cheques, fraude fiscal y ejercicio ilegal de la medicina. El propio agente Sea convenció a sus jefes de que le sacaran de la cárcel para aprovecharse de sus grandes cualidades para la falsificación, ya que los cheques que fabricaba eran perfectos. De esta forma, Abagnale pasó a asesorar al FBI y aportó su experiencia para mejorar los sistemas bancarios de pago. Hoy Abagnale, que ha cumplido los 70 años, es un respetado hombre de negocios que dirige la consultora que lleva su nombre y que tiene como clientes a grandes bancos y firmas de inversión. Nadie mejor que un ladrón para proteger a esas compañías de quienes sueñan con emularlo. Verbolario POR RODRIGO CORTÉS Deprimirse, v. prnl. Recordar. l amor es la solución universal pero un hombre no se conoce, ni encuentra su sentido, hasta que no desciende a su pozo más negro y siente miedo de sí mismo. Hasta que no le roza su poder devastador. Hasta que no le arrodilla la vergüenza de reconocerse en su acto más terrible. Sólo cuando le hablas cara a cara a lo que podrías destruir, la verdadera piedad te guía hacia la luz. Es superficial y espumoso el amor que no brota del dolor, la compasión que no ha conocido el estupor de la venganza, la paz que no asume el recuento de cadáveres sobre el que puede dormir tranquila, la ternura cuando no es la angustiosa respuesta a la brutalidad a la que tantas veces nos llama la voz oscura del instinto. La muerte muy de cerca nos recuerda mejor que ninguna euforia lo mucho que amamos la vida y sólo de lo que hay en nosotros que nos repugna y nos asusta, podremos extraer, como del veneno el antídoto, nuestra bondad redentora y nuestras flores. Dios nos ofrendó con el amor para que nos sintiéramos seguros pero nos enseñó a temerlo para cuando tuviéramos dudas. Por supuesto preferiría no haberme tenido que reconocer en mi bajeza más enmohecida pero agradezco la marca que me ha dejado. La marca agónica de lo que con un poco menos de suerte podría haber sido irreversible. Yo soy el que vi mis tinieblas en el alambre y regresé de todos los abismos paralizado por el terror. En mi truculento viaje aprendí lo fácil que es hacer daño, el increíble poder que tenemos para abrir las puertas del infierno y lo laborioso que es en cambio trabajar cada amor, mecerlo para que crezca fuerte y seguro, y lo limitada que es nuestra capacidad para paliar la rueda trágica del mundo. Y cómo una chispa de maldad puede calcinar tantos años bondadosos; y lo improbable que es que un instante de verdadero amor cancele una trayectoria tenebrosa. Pero sin el pánico a mí mismo no podría protegerte de mis dragones, ni de los tuyos, ni podría retener en mis manos tu alma dolorida para que no acabara de hundirse. Tú que me preguntas fríamente cómo amo la vida y no quieres escuchar lo que te diría un grito.