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ABC LUNES, 30 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL CONTRAPUNTO UNA RAYA EN EL AGUA ISABEL SAN SEBASTIÁN LIBERTAD SEXUAL Urge reformar el Código Penal para tipificar los delitos con arreglo a lo que son y llamar a una violación por su nombre C UANDO una sentencia provoca rechazo en la inmensa mayoría de la sociedad puede deberse a dos causas: que los jueces hayan prevaricado; esto es, dictado una resolución injusta a sabiendas, o que la ley no responda a lo que se espera de ella. En el caso de La Manada creo que estamos en el segundo supuesto. Y el clamor es de tal magnitud que la respuesta parlamentaria debería ser inmediata. Legislemos en caliente, sí. ¿Por qué no? Ignoremos los argumentos falaces de quienes, desde Podemos, rechazan esa posibilidad cuando se trata de derogar la prisión permanente revisable mientras la exigen a gritos ahora que intentan aprovechar la indignación de la calle. Lo de menos debería ser el beneficio o perjuicio político obtenido por uno u otro partido. Aquí se trata de impedir que lo sucedido en Pamplona vuelva a considerarse un mero abuso y a castigarse de manera tan liviana. Urge cambiar el Código Penal en lo tocante a las agresiones, con el fin de garantizar esa libertad sexual mencionada en sus páginas y que resultó brutalmente pisoteada en el caso de la chica abusada en los Sanfermines de 2016, no solo por los cinco condenados, sino por la legislación supuestamente destinada a protegerla. A lo largo de estos días he leído y oído argumentos vomitivos dedicados a culpar de modo más o menos implícito a la víctima. Desde los conteni- dos en el voto discrepante del juez Ricardo González, convencido de haber juzgado un jolgorio que habría debido quedar impune, hasta los de ciertos tertulianos tan críticos con la supuesta imprudencia de la denunciante como comprensivos con los cerdos que la metieron en un portal y se cebaron con ella. También por la parte contraria, la que percibe este fallo como un insulto a la justicia, se han escuchado acusaciones muy graves dirigidas a los magistrados, cuando lo cierto es que ellos han juzgado con arreglo a lo que dicta la ley. Podrían haberla interpretado de otro modo, desde luego. Prueba de ello es que la Fiscalía pedía la pena máxima por violación y anuncia un recurso en ese sentido. Pero lo grave, lo que es menester cambiar cuanto antes, es que tal interpretación encaje en lo que está escrito. Que en pleno siglo XXI se considere solamente abuso y no agresión sexual o violación el hecho de anular la voluntad de una mujer, aprovecharse de que ésta tenga las facultades disminuidas, ya sea de manera permanente o bien por el consumo de alguna sustancia tóxica, drogarla, amedrentarla, engañarla o sencillamente prevalerse de alguna clase de superioridad para obligarla a mantener relaciones sexuales no consentidas. O sea, dar por bueno que si una mujer no dice expresamente no no opone resistencia activa en una situación de evidente inferioridad y se queda paralizada por el miedo, su agresor o agresores pueden entender que en realidad está diciendo sí. En ese supuesto el delito, si lo hubiere, se considera menor y sale muy barato o gratis. No hace falta ser una feminista radical para escandalizarse ante esta realidad aflorada en toda su crudeza en el caso de esa Manada repugnante. Basta con ser mujer o tener hijas. Incluso un hombre mínimamente sensible constata la necesidad perentoria de tipificar los delitos con arreglo a lo que son y llamar a una violación por su nombre. Si una chica de dieciocho años no dice expresamente sí a cinco tipos que le doblan la edad, está diciendo que no. Y si el legislador no es capaz de dejarlo meridianamente claro en el Código, sus señorías no nos representan; no se ganan dignamente el sueldo. IGNACIO CAMACHO EL SUELO BLANDO El suelo electoral del PP se ha ablandado. Cs no es más que el embalse donde el centro derecha desagua su desencanto L PP no se va a desplomar como la UCD, que era un partido casi sin militantes, porque tiene fuerte arraigo social, extensa implantación territorial y profunda capilaridad política. No se va a deshacer como un terrón de azúcar. Sin embargo, su involución electoral es patente en todas las encuestas: ya no se trata de una corriente sino de una tendencia. Sus dos grandes feudos de Valencia y Madrid están en serio peligro; ha perdido el voto de las capas urbanas y jóvenes en sentido amplio: hasta 45 años y sólo mantiene el primer puesto en las zonas rurales y entre los mayores de 65. Eso significa que su célebre suelo, sin llegar a hundirse, se ha vuelto blando y ha descendido unos palmos, acaso suficientes para perder el liderazgo. Hasta 2016 era inverosímil que bajase del 27 por ciento; ahora la media de los sondeos le concede alrededor de cinco puntos menos. No, no le ocurrirá lo que a la extinta formación de Suárez y Calvo- Sotelo pero sí puede pasarle lo que al PSOE de Sánchez le sucedió con la irrupción de Podemos. En este momento nadie sabe con precisión hasta dónde puede llegar su retroceso. Esa intención de voto, flagrante desde el estallido de la revuelta independentista catalana, se escapa, claro, hacia Ciudadanos. Pero no porque la formación de Rivera haya desplegado una ilusión esperanzadora o deslumbrante, sino por un trasvase automático motivado por el desgaste de un marianismo cuyo proyecto, más allá del simple mantenimiento del poder, parece agotado. Cs no es más que el embalse donde el centroderecha, que continúa teniendo una mayoría social, desagua su desencanto. Por eso avanza sin hacer ni proponer nada relevante, y se perfila vencedor en grandes ciudades y autonomías sin necesidad de escoger candidatos. Es un simple valor- refugio de los votantes del moderantismo, que proyectan sobre el partido naranja las expectativas que el PP ha defraudado. Su crecimiento no se debe tanto a lo que es, ni a lo que parece, como a lo que quieren ver en él unos electores sumidos en el cansancio, anhelantes de la frescura perdida por un PP abotargado, errático, apalancado en su menguante inercia y envuelto en sucesivos escándalos. Es sabido que las elecciones no las gana la oposición, sino que las pierden los gobiernos. El de Rajoy empezó a perderlas desde que en el conflicto catalán reaccionó con luces tímidas y cortas, con desgana y a destiempo. En ese sentido, la decisión de Rivera de no entrar en coaliciones se ha revelado su principal acierto porque le ha permitido aprovechar la erosión de su rival y beneficiarse del descontento. Si el presidente no impulsa una reacción puede ser incluso demasiado tarde para revertir el sesgo de las cosas con su propio relevo. Cuando a un partido se le pone cara de perdedor, y al PP se le está poniendo, no es fácil cambiar ese aire mustio, angustiado y derrotista ni siquiera con un líder nuevo. E JM NIETO Fe de ratas