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ABC LUNES, 30 DE ABRIL DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 DIARIO DE UN OPTIMISTA SIEMPRE QUE NO CAMBIE NADA POR GUY SORMAN La frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur ha logrado crear dos pueblos distintos que, al parecer, no desean vivir juntos. En cualquier caso, no en el sur nos más que con los estadounidenses para mantener el statu quo. En realidad, el statu quo es lo que prefieren todos los actores de este teatro político. Los del sur no quieren realmente reunificarse con estos primos irascibles; temen que les cueste demasiado caro. Para los chinos, Corea del Norte es un peón útil para desestabilizar la región en caso necesario, para hacerle parecer un árbitro sabio y para marginar a los estadounidenses. En cuanto a los del norte, la cleptocracia en el poder vive cómodamente, como se puede ver en Pyongyang y, gracias a sus gestos nucleares, Kim Jong- un ha dejado de ser un payaso y ahora es un estadista reconocido internacionalmente que habla de igual a igual a los presidentes chino y estadounidense. Ya es legítimo, que era su objetivo; ha ganado la guerra de nervios y muy probablemente ha salvado su régimen. Respecto a los japoneses, estos no quieren una Corea reunificada que se convierta, de facto, en un rival dotado de capacidad nuclear. Y en lo que concierne a los estadounidenses, el statu quo justifica su presencia permanente en Corea del Sur donde, por derecho, representan a la ONU desde el armisticio de 1953. A este respecto, Trump se ha metido en un buen lío al abrir la puerta a un tratado de paz: si prospera el Tratado de Paz que propone el norte y que apoya el presidente del sur, Moon Jae- in, un exizquierdista antiamericano, Estados Unidos ya no tendría ninguna base legal para quedarse. Lo que recuerda el precedente de Vietnam, donde el norte comunista invadió el sur en cuanto los estadounidenses se fueron. El pueblo surcoreano conoce este precedente y mantiene la esperanza implícita de que las negociaciones entre Trump y Kim queden en nada, a excepción de los boletines de victoria y satisfacción de ambas partes. El mejor resultado que se puede esperar es que todos se vayan a casa coronados de laurel y que, sobre todo, no cambie nada sobre el terreno. Recordemos de todos modos a las víctimas olvidadas y sacrificadas, la gente corriente de Corea del Norte, sin voz y sin nadie que la defienda. Los derechos humanos no estarán en el orden del día; todos los Gobiernos están de acuerdo sobre este punto. Seúl huele a Múnich. Q uienes lleguen a Corea del Sur, que no esperen descubrir una nación movilizada, angustiada ante una guerra inminente. En el aeropuerto de Incheon, un oficial de seguridad me hizo una sola pregunta: si había estado en contacto con algún camello. No me lo estoy inventando; parece ser que algunos viajeros que habían pasado por Oriente Próximo informaron sobre unos microbios que están propagando una gripe pulmonar por la región. Los numerosos coreanos que utilizan máscaras para protegerse de las miasmas y proteger a los demás entre las mujeres está de moda llevarla negra dan testimonio del temor nacional a las epidemias, y no a un ataque inminente de Corea del Norte. Además, vista desde Seúl, Corea del Norte está muy lejos, más lejos en las mentes que por la geografía. La frontera infranqueable está a 40 kilómetros de la capital, pero lo mismo podría estar en la Luna. El tiempo ha alejado a los dos pueblos. Cuando fui a Corea del Sur y Corea del Norte, hace 40 años, la guerra había partido en dos a muchas familias, de un lado y de otro; el deseo de reunificación de las dos Coreas estaba aún muy vivo, ya que habría permitido la reunificación de las familias. Han pasado dos generaciones; ya nadie sabe si en el otro lado todavía vive algún primo lejano y les es indiferente. La frontera ha logrado crear dos pueblos distintos que, al parecer, no desean vivir juntos. En cualquier caso, no en el sur. En el norte, los fugitivos que arriesgan sus vidas al exiliarse van a China y al sur, huyendo, sobre todo, de la miseria. ¿Qué sabemos de los que siguen retenidos por el régimen de Pyongyang? Los del sur se han convertido en nacionalistas, pero no nacionalistas coreanos, sino nacionalistas surcoreanos. Están orgullosos de haber fundado con su trabajo una de las naciones más prósperas y creativas del mundo, como demuestran sus principales marcas, con Samsung y Hyundai a la cabeza. Estos surcoreanos también están orgullosos de su libertad de JAVIER CARBAJO expresión, más persuasiva en la red que en la prensa, generalmente conservadora. Orgullosos, en fin, de su democracia, por muy imperfecta que sea. No estoy convencido de que encarcelar sistemáticamente a todos los expresidentes de la República sea una prueba de madurez democrática, pero a escala asiática, Corea del Sur es bastante democrática. En estos momentos, quizá históricos, en que el mundo tiene la mirada puesta en la negociación entre Donald Trump y Kim Jong- un, los dos rivales capilares, no imaginemos que los surcoreanos contienen la respiración. El tema de discusión y de mayor preocupación es el aumento del desempleo entre los jóvenes. Los colosos de la industria contratan poco, o porque son muy eficientes o porque se han instalado en otro lugar; los trabajos futuros se encuentran en pequeñas empresas que pagan mal y son poco numerosas, porque los Samsung y los Hyundai ocupan todo el espacio. En las universidades de Seúl donde hablé, me preguntaron sobre todo por el empleo. ¿Por qué esta indiferencia hacia Corea del Norte y la negociación? La razón principal es que Corea del Norte, que tanto preocupa a los estadounidenses, hace ya mucho tiempo que no asusta a los surcoreanos. Están acostumbrados a las fanfarronadas de los sucesivos Kim y no ocultan su desprecio por estos dictadores de pacotilla; no temen un asalto militar en el que el Norte tendría todo que perder. Recordemos que la función del arma nuclear no es atacar, sino disuadir de que se cometa una agresión. Por lo tanto, Corea del Norte ha adquirido capacidad nuclear que conservará en cualquier caso no para bombardear Estados Unidos o Seúl, sino para preservar su independencia, lo que define los límites de cualquier negociación. Y cuentan con los chi- Armamento nuclear Kim Jong- un ha dejado de ser un payaso y ahora es un estadista reconocido internacionalmente