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ABC JUEVES, 26 DE ABRIL DE 2018 abc. es internacional INTERNACIONAL 49 Un juez obliga a renovar los permisos a los dreamers Nacionalismo El nacionalismo extremo solamente debilita las instituciones, como las Naciones Unidas y la OTAN, y erosiona su mandato en el mundo Guerra comercial Hemos escrito las reglas del comercio internacional, y ahora debemos seguirlas. Las barreras pueden prender fuego a una guerra que pagará la clase media Un magistrado elegido por George W. Bush propina el mayor varapalo a Trump M. ERICE WASHINGTON Macron no se olvidó de seguir cortejando al presidente ante el desafío iraní. Martilleando su promesa de endurecer el trato a Teherán, el presidente francés intentó ganarse al mismo Congreso que deberá sancionar al régimen de los ayatolás si Trump decide romper el acuerdo nuclear el 12 de mayo. Como si de un cortafuego se tratara, Macron busca evitar una ruptura unilateral que condenaría a muerte el pacto. Irán no va a tener armas nucleares ni ahora ni en cinco años ni en diez años. ¡Nunca! remató, para regocijo de un respetable que siempre espera la máxima firmeza con uno de los tradicionales enemigos de EE. UU. El listado de reclamaciones al Trump que intenta subvertir los grandes compromisos internacionales se detuvo en el Acuerdo de París, el pacto suscrito por casi todos los países para combatir el cambio climático. Frente a la salida de EE. UU. anunciada el pasado año por Trump, Macron fue tan parco como definitivo: No hay Planeta B Aunque fue éste uno de los pocos asuntos en los que el gobernante del Elíseo confesó públicamente su optimismo: Un día, los Estados Unidos volverán y se unirán de nuevo al Acuerdo de París La desprotección a los dreamers está costando un alto precio político a Donald Trump. La última resolución, firmada por el juez John D. Bates de la Corte del Distrito de Columbia, ordena a la Administración que acepte la renovación de permisos de trabajo de los 800.000 afectados, suspendida cuando el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) quedó cancelado por orden de Trump. Con una añadida argumentación que deja en mantillas el proceder de su equipo, al calificar de arbitrario e ilegal que fallara en su explicación de por qué el programa era ilegal El magistrado Bates, elegido por el presidente George W. Bush en 2001, va más allá de los dos jueces federales que le precedieron en su rechazo de los argumentos oficiales, y obliga a la Administración a que continúe el proceso por el que los dreamers (indocumentados llegados como menores antes de 2006) pueden seguir recibiendo amparo legal. Manifestación de dreamers en Los Ángeles AFP Nuevo trámite Pese a la sentencia, el juez da al Departamento de Seguridad 90 días para argumentar su defensa te, a la espera de un pronunciamiento final de la Corte Suprema, previsiblemente el próximo año. La situación de este amplio colectivo de inmigrantes, a quienes Obama protegió de la deportación, volvió al desamparo cuando Trump decidió cancelar el programa aprobado por su antecesor. Tras la decisión presidencial, el Congreso fue incapaz de aprobar una legislación definitiva de protección en los seis meses posteriores, plazo que el presidente había determinado antes de que el DACA quedara oficialmente sin vigor. Aunque en sus mensajes sobre los dreamers Trump siempre ha jugado con una calculada forma de hacer política, ofre- Plazo de 90 días Pese a su contundente varapalo, el juez federal otorga a las autoridades un plazo de noventa de días al Departamento de Seguridad Interior para que vuelva a presentar argumentos en defensa de la suspensión del DACA, decidida por el ocupante del Despacho Oval el pasado septiembre. Un periodo en el que queda en suspenso la tramitación de los permisos, pero tras el cual los dreamers quedarían definitivamente amparados legalmen- ciendo la legalización plena de los 800.000 inmigrantes si el Congreso aprobaba una considerable partida para financiar su muro en la frontera con México, algo que tampoco se ha producido. Las posteriores decisiones de jueces federales han puesto en jaque la política de inmigración de Trump. En enero, William Alsup, de la Corte Federal de San Francisco, decretó que a los dreamers se les debía permitir la renovación del permiso laboral. Un mes más tarde, el magistrado de Brooklyn Nicholas Garaufis falló en favor de los fiscales generales de quince estados, que habían reclamado un bloqueo judicial de la suspensión. Según la nueva resolución, salvo que en tres meses la Administración convenza al juez Bates, el DACA volverá a estar en vigor y el Departamento de Seguridad Interior tendrá que aceptar todas las nuevas solicitudes de los dreamers para renovar su licencia de trabajo, que es su seguro antideportación. DE LEJOS PEDRO RODRÍGUEZ NO TAN DEPRISA C on intención de entender el actual ciclo político en EE. UU. un diplomático me preguntaba hace unos días: A mí lo que de verdad me gustaría saber es qué ha pasado durante los ocho años de Obama para haber terminado en Trump Ante una cuestión tan demoledora, es imposible no empezar por reconocer una profunda crisis de descrédito, especialmente en- tre instituciones que ejercen esas funciones de representación y control tan necesarias para la siempre complicada dinámica política que requiere una democracia. Sobre todo, en contraste de la simpleza aplastante que caracteriza a los regímenes autoritarios. Jueces, periodistas, academia, think tanks, parlamentarios y expertos en general están siendo encasillados en el epicentro de este tsunami de desconfianza. Una crisis que tiene causas muy reales y dolorosas en EE. UU. lo cual no quita para haber sido grotescamente instrumentalizada por la ruidosa palanca populista utilizada por Trump para llegar hasta la Casa Blanca. Los tribunales federales volvieron ayer a emitir un no tan deprisa a la Administración Trump en su esfuerzo por abordar de la forma más radical posible (incluso ilegal) la reforma del sistema de inmigración de EE. UU. Cuando un juez afirma que no son aceptables todas las ocurrencias del ocupante de la Casa Blanca, está reafirmando el espíritu de la Constitución de 1787. Un sistema político diseñado fundamen- talmente bajo la obsesión de evitar la acumulación y el inevitable abuso de poder. Hay una anécdota tan antigua que debe ser cierta y que estos días de inquietante zozobra en Washington suele repetirse con asiduidad. Al terminar las deliberaciones constitucionales celebradas en Filadelfia entre mayo y septiembre de 1787, una tal señora Powell con fundada curiosidad preguntó a Benjamin Franklin a qué acuerdo se había llegado para organizar el gobierno de la nueva nación. Y la respuesta del más genial de todos los padres fundadores fue: Una república, si es que podéis conservarla Franklin sabía que la libertad es mucho más trabajosa.