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ABC SÁBADO, 21 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA SENTIR DE VERAS Lamentan el daño que hayan podido infligir, pero no abominan de sus crímenes. ¿Alguien puede creerse que esto sea sentir de veras E N su comunicado más reciente, los etarras reconocen que durante los años de lucha armada han provocado mucho dolor, incluidos muchos daños que no tienen solución y muestran respeto a los muertos, los heridos y las víctimas Se trata de un comunicado aparentemente empático (si se nos permite el empleo de la jerga psicologista) en el que hallamos incluso ciertas expresiones que podríamos calificar de emotivistas. Así, por ejemplo, cuando afirman: Lo sentimos de veras Pero, más allá de la expresión retórica, ¿sienten de veras los etarras el daño infligido a las víctimas? Es muy propio de nuestra época creer que la expresión instintiva del sentimiento es la más verdadera ¡la más auténtica! pero lo cierto es que las emociones que se muestran instintivamente suelen ser tan sólo desahogos sentimentales o, todavía peor, aspavientos hipócritas. Un ejemplo de este sentimiento nada verdadero (sino, por el contrario, aberrante y perverso) nos lo ofreció nuestra época cuando lloriqueó ante la imagen de un niño sirio ahogado en una playa. Si el sentimiento que la foto de aquel niño suscitó hubiese sido verdadero de inmediato las masas cretinizadas habrían inquirido las causas de su muerte y reaccionado contra ellas. Pero a las masas cretinizadas les importaban un bledo tales causas; sólo querían lloriquear un rato, para luego poder seguir ignorando tranquilamente las causas profundas de aquella muerte, para no tener que calificarlas ni juzgarlas, para poder incluso aplaudirlas. Lloriqueando ante el cadáver de aquel niño sirio ahogado, Occidente no hizo sino convertirlo en mascota, que es lo que malvadamente pretenden quienes sienten el dolor ajeno pero no inquieren sus causas. Exactamente lo mismo, mascotizar a sus víctimas, es lo que hacen en este comunicado los etarras. Reconocen que han causado dolor, e incluso llegan a pedir perdón a sus víctimas, pero se niegan a calificar como crímenes las acciones de su lucha armada Para justificar tales crímenes recurren a las más diversas piruetas retóricas: invocan sin rubor el bombardeo de Guernica hasta en dos ocasiones; lamentan que el conflicto político no haya tenido una solución democrática justa y, last but not least, afirman que el sufrimiento imperaba antes de que naciera ETA, y ha continuado después de que ETA haya abandonado la lucha armada Es decir, lamentan el daño que hayan podido infligir, pero no abominan de sus crímenes, que no juzgan tales, sino la inevitable consecuencia de un conflicto provocado por otros, allá en una remota Guerra Civil, y sostenido todavía por sus herederos, aunque ellos ya hayan depuesto las armas. ¿Alguien puede creerse que esto sea sentir de veras ¿Qué sentido tiene reclamar perdón cuando no se tiene conciencia de la injusticia cometida? Lo que los etarras pretenden, bajo la retórica falsamente empática, es algo muy propio de esta época emotivista que nos ha tocado vivir. Piden retóricamente perdón por el dolor que hayan podido causar, pero permanecen identificados con la causa que provocó ese dolor. Cometer un crimen es una injusticia; pero perdonar a un criminal que no se ha arrepentido del crimen cometido (que ni siquiera considera crimen lo que ha cometido) es una injusticia todavía mayor que sólo una época perversa es capaz de permitirse. Y esto es lo que solicita este comunicado de lenguaje aparentemente empático Los etarras, desde luego, demuestran conocer a la perfección los resortes emotivistas propios de nuestra época. Siento mucho decirlo (y lo siento de veras) pero han ganado la batalla. IGNACIO CAMACHO DE VERAS ¿Pero qué broma es ésta? ¿Qué basura siniestra? ¿Después de 857 asesinatos piden perdón selectivo por las molestias? L lenguaje de ETA se ha vuelto líquido, buenista y relamido para envolver su cinismo en una pátina posmoderna, como si para dar forma a esta claudicación a plazos hubiese fichado a algún escribidorcillo con ínfulas de poeta. Algo hemos avanzado: en vez de asesinar gente y escupir luego sobre sus tumbas agravando los crímenes con ofensas, ahora imposta la banda una contrición mojigata, ondulante, afectada, edulcorada con una prosa de cursilería farisea. El discurso, por llamarlo de alguna manera, es el de los otegis y demás terroristas reconvertidos en santurrones que pretenden despachar el holocausto pidiendo perdón por las molestias. No se trataba de nada personal, lo sentimos de veras era cosa de la lucha armada y tal pero ya no tiene arreglo, de modo que vamos a llevarnos bien y a hacer borrón y cuenta nueva. Y una mmm... mierda. Si se quieren rendir que se rindan de una vez, pero sin insultar nuestra inteligencia. Porque, vamos a ver, qué es eso de la disculpa selectiva a los ciudadanos y ciudadanas sin responsabilidad alguna menuda jeta. ¿Es decir, que había víctimas que sí tenían responsabilidad y están por tanto bien muertas ¿Con qué clase de desfachatez pretenden que nos traguemos esa monserga? ¿De qué eran responsables Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco, Fernando Múgica, Tomás y Valiente, López de la Calle o Fernando Buesa? ¿De qué Gregorio Ordóñez, el doctor Cariñanos, el matrimonio Jiménez Becerril o el concejal Carpena? ¿O es que sólo se arrepienten, en el dudoso caso de que realmente se arrepientan, de haber matado a los clientes de Hipercor, a los hijos de los guardias de Zaragoza y Vic, a los daños colaterales de su maldita y unívoca guerra? ¿Y los militares? ¿Y los policías? ¿Y los empresarios? ¿Y los miembros de la judicatura y de la prensa? ¿Ha habido muertos de segunda y de primera? ¿Pero qué broma es ésta? ¿Quién ha redactado esa basura siniestra? ¿En serio creen que alguien en sus cabales puede aceptar unas disculpas tan torticeras? Pero aún hay más desvergüenza, pasen y vean. Todavía se permiten sentir lástima porque la sociedad democrática dé prioridad a la batalla del relato frente a la amnesia. Y presumir de empatía respecto al sufrimiento causado por su propia violencia. Qué extraordinaria sensibilidad, qué exquisita delicadeza. Resulta que estábamos ante unos caballeros y no nos habíamos dado cuenta. Quedan alrededor de 300 atentados 197 mortales por aclarar, y quedan 857 lápidas, cientos de heridos, miles de familiares con las vidas deshechas. Queda la memoria de un crimen de lesa humanidad, moralmente imprescriptible, un designio totalitario de sangre y fuego que no tiene derecho a la indulgencia. Y después de haber perdido nos hacen el favor de ofrecer, tarde y mal, unas excusas abyectas. Se las podían haber ahorrado porque de todos modos no los vamos a perdonar. De veras. E JM NIETO Fe de ratas