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14 OPINIÓN PECADOS CAPITALES PUEBLA SÁBADO, 21 DE ABRIL DE 2018 abc. es opinion ABC MAYTE ALCARAZ ENEMIGOS ÍNTIMOS Aguirre tiene tarea en estos días de asueto H UBO un tiempo en el que hablar con Esperanza Aguirre era encontrarla dirimiendo una inversión millonaria en la Comunidad o dando una rueda de prensa sobre unos tacones en oferta o unos calcetines grises supervivientes de una bomba en la India. Ahora, cuando marcas su número te la encuentras con unos ajos en la sartén para preparar unas setas o llevando a sus nietos al cole. La culpa de este prematuro retiro oficialmente la tiene su ojo de mal cubero al elegir a sus dos hombres de confianza en la política madrileña, ya que ambos salieron ranas en una charca donde convivían con más batracios. Por eso Aguirre sostiene que ahora vive con el periscopio bajado siempre que su solicitadísima concurrencia a comisiones de investigación en el Parlamento se lo permite. Aunque lo niega, no hay quien se crea que no disfruta de algún suculento plato de esos que se sirven fríos y saben a gloria. De tanto subir, bajar y girar en todas las direcciones, el instrumento óptico de la exdirigente madrileña ha desarrollado un sexto sentido que aplica cuando el enemigo se revuelve. Y al periscopio de la lideresa no le falta trabajo. Y no solo por lo que largan Ignacio González y Francisco Granados cada vez que desfilan hacia los jugados. Aguirre tiene tarea en estos días de asueto. Cuando pone en marcha el periscopio puede dirigirlo, por ejemplo, a Cristóbal Montoro, el tapado al que muchos en el PP culpan de su raquítica victoria, por un solo concejal, en las elecciones municipales de 2015, que le hurtó la Alcaldía de Madrid, gracias tambien a que en un grave error de estrategia ella convirtió a Manuela Carmena en candidata con posibilidades de ganar. Luego los enjuagues corruptos de los cargos que designó acabaron con su carrera, pero en lontananza Aguirre todavía otea a su enemigo íntimo, el ministro de Hacienda, hoy en apuros por su enfrentamiento al juez Llarena. Porque aunque todos, menos Aguirre, parecen haberlo olvidado Montoro es señalado en su partido como el responsable de haber aireado la declaración de la renta de la expresidenta en plena vorágine electoral hundiendo sus expectativas en las que sí creyó Mariano Rajoy cuando la confió la candidatura. Pero el periscopio tiene más objetivos. La expresidenta sabe bien que la política está hecha en gran medida de resentimientos, celos, recelos, venganzas, justas y reyertas. No hay más que esperar un tiempo prudencial para ver al rival camino del desolladero pisando la misma tierra que antes ensució tus zapatos. El PP es en esas lides un auténtico maestro. Por eso, dos mujeres que se juraron odio eterno hace tres años, la propia Aguirre y Cristina Cifuentes, parecen compartir un final adelantado a su biología política. Ambas han encarnado las antípodas ideológicas en la derecha, librado una cruel batalla en la que solo debía quedar una y aventado todo tipo de escaramuzas por el poder en el PP de Madrid. Aguirre observa ahora desde los fogones la suerte de quien marcó distancias insalvables con su gestión liderando un proyecto de regeneración para limpiar el aguirrismo Especialmente ahora que extemporáneamente ha llevado a la Fiscalía Anticorrupción el proyecto de la Ciudad de la Justicia del que la lideresa dice mantenerse ajena y con la conciencia tranquila. Y todo esto, con los ajos en la sartén. HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA NO SE MERECEN COBRAR UNA PENSIÓN Algo va muy mal en un país en el que cualquiera se cree que lo suyo es más importante que lo de todos los demás IVIMOS días de gran confusión. ETA pide perdón recordándonos dos veces el bombardeo de Guernica en el que murieron la cuarta parte de las víctimas mortales que ha causado la propia ETA que se perpetró durante una guerra. Montoro debe estar recortando en ABC los justificantes de pago de la tarjeta de crédito de Diplocat que sorprendentemente habían escapado al control del ministro de Hacienda al que sólo parecen escapársele los gastos de Raúl Romeva. Los que hacemos el resto de los mortales están milimétricamente controlados. Debe de ser porque Diplocat paga sus facturas con una tarjeta Diners Club que es lo más viejuno que se despacha y Montoro fuera de Visa, Mastercard y American Express, se pierde. Y yo que di de baja mi tarjeta Diners el año pasado... En Cuba Raúl Castro hace como que se marcha un poquito, pero hasta el nuevo presidente reconoce que el que va a seguir mandando es el mismo que hasta ahora... Todas ellas son noticias que merecen ser glosadas, pero esta semana ha habido un hecho en Madrid que ha pasado desapercibido en los medios de comunicación y que para mí tiene una enorme gravedad. Hemos tenido la visita de Estado del presidente de la República Portuguesa, Marcelo Rebelo de Sousa. La visita ha discurrido conforme al V protocolo habitual de estos viajes en los que España intenta desplegar ante el invitado de los Reyes lo mejor de nuestro protocolo: cena de gala en el Palacio Real, visita a las Cortes, reunión con Rajoy en Moncloa, recepción del visitante a sus anfitriones y a una representación de la sociedad española en el Palacio de El Pardo... Lo normal. Dentro de esa normalidad se incluye siempre que el visitante deposite una corona de laurel en el monumento a los que dieron su vida por España, sito en la Plaza de la Lealtad. En ese acto, una representación de los tres ejércitos rinde honores al visitante antes del toque de oración por los caídos y la colocación de la corona. Cuando se inciaba el acto, se empezaron a oir los gritos de unos manifestantes que reclamaban unas pensiones mejores. Mientras sonaba el himno de Portugal, los gritos degeneraron en proclamas anti militares y silbidos. Un desacato que fue en aumento cuando empezó a sonar el himno de España. Pero ahí no quedó todo. Mientras sonaban La muerte no es el final y el Toque de Oración con descarga de fusilería, los gritos y los insultos fueron a más. Yo no pretendo que un pensionista no tenga derecho a reclamar unos ingresos mejores. Pero eso no es algo que esté por encima de todo. Y ningún pensionista está por encima de los que dieron su vida por España. Y por cierto, entre ellos están las víctimas de esa ETA que ayer pidió perdón los de los atentados yihadistas, los que se juegan la vida y la pierden apagando fuegos en lugares como Guadalajara... A todas esas personas y muchas otras más humillaron los manifestantes que ensuciaron el acto en el que el presidente portugués quiso rendir honores a tantos españoles que han dado su vida por los demás. Algo va muy mal en un país en el que cualquiera se cree que lo suyo es más importante que lo de todos los demás. Bastante poco honramos la memoria de los que dieron su vida por España y ahora, encima, hay que aguantar trapacerías como la perpetrada el pasado lunes en la Plaza de la Lealtad de Madrid. ¡Qué sabrán esos pensionistas lo que es la lealtad! No tienen ni idea. Y los que estuvieron allí no merecen cobrar jamás un céntimo de pensión pagada por todos nosotros.