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ABC SÁBADO, 21 DE ABRIL DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Agustí Colomines, cuando participó en la comisión del Parlament que investigó el escándalo corrupto del caso Palau YOLANDA CARDO Destituidos altos cargos del separatismo Todas las derrotas SALVADOR SOSTRES Agustí Colomines es la explicación de todas las miserias de Cataluña, la crónica de sus guerras perdidas y las humillaciones autoinfligidas. Mientras el independentismo lo siga tomando como símbolo, como referente ideológico y ya no digamos intelectual, en lugar de entender la derrota que es y significa, a España le bastará con dejarle hablar y escribir para asegurarse su victoria. Colomines ha ejercido todos los oportunismos, como su padre, Joan, que empezó socialista y se hizo convergente cuando vio que giraba la tortilla. Hay una jeta catalana que es hereditaria. Agustí empezó equivocándose militando en Bandera Roja y desde entonces ha mantenido ininterrumpido su idilio con el error. Siempre totalitario y siempre deficitario, lleva 38 años cobrando de la cosa pública y este año cumplirá los 60. Su obsesión vital ha sido no morir arruinado como su padre, pero incapaz de ser más inteligente que él, se ha vuelto más cínico. Ayer fue cesado como director de la Escuela de Administración Pública de Cataluña, el último cargo en el que le colocó lo que queda de Convergència. Fue director de la fundación del partido Catdem, con su correspondiente dinero distraído del Palau de la Música, que nunca supo justificar entre otros pesebres siempre dedicados a vivir de los problemas de Cataluña: dirigió la Unescocat así como diversas cátedras universi- tarias, invariablemente subvencionadas directa o indirectamente por los mismos. Dice Colomines que su destitución ha sido política y que los independentistas son rehenes del Estado, él que ha dedicado su vida entera a ser un comisario político y a cobrar sin escrúpulos por ello. Se hizo el indignado con la aplicación del artículo 155 pero se ha aferrado a su cargo hasta que ayer le echaron. Podría haber optado por la renuncia honrosa, si tan indignado estaba, pero prefirió ser empleado durante el día del Estado mientras por la noche se dedicaba a animar a Puigdemont a insistir en su órdago. Su independentismo, como el de tantos convergentes, limita con su nómina. 38 años de 60 es un hito. Sus convicciones llegan hasta donde el último euro alcanza, y la dignidad que tanto exige a los demás se convierte en su práctica diaria en un todo a un euro donde no hay absolutamente nada que no sea intercambiable. Ha sido el resumen de todos los sectarismos y ha intentado siempre manchar a las jóvenes promesas con su infamia para no sentirse solo siendo tan miserable. Colomines es la parte oscura por la que cada causa se extravía cuando se sumerge en ella. Su cúmulo de desgracias y resentimientos personales, su complejo familiar, y ese pozo oscuro que te va cavando en el alma la equivocación sistemática, le han convertido en la expresión más baja y mezquina del independentismo, en la más boyante metáfora de sus demonios y en el destino seguro de la derrota, porque siempre ha preferido seguir viviendo del problema que solucionarlo, como ha hecho con todo aquello que en lo que ha militado, haciendo ver que lo amaba y simplemente lo saqueaba hasta que intuía un botín mayor en la siguiente causa.