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ABC MARTES, 10 DE ABRIL DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Manifestación de alumnos a las puertas de la Universidad Rey Juan Carlos, ayer, en el barrio madrileño de Vicálvaro ÓSCAR DEL POZO El mastergate de Cifuentes Maestros del ego ÁLVARO MARTÍNEZ Mientras Cifuentes intenta salir del laberinto sin salida en el que parece estar dando vueltas, escuchando los ánimos y aplausos de su partido según se va estampando contra sus muros Vamos Cris, que tú puedes algunos otros políticos llevan una semana rezando para que nadie se detenga a inspeccionar los méritos con los que, maldita sea la hora, adornaron (nunca mejor dicho) sus currículos. De un lado al otro del arco político se lanzan estos días flechas que silban, a quienes los quieran escuchar, inquietantes zumbidos sobre las mentiras, trampas y regalos que al parecer esconden los historiales académicos de fulano o de mengano. Se sospecha, en fin, que el tuneo de las titulaciones es un mal extendido entre altos cargos que en su día decidieron alardear de unos conocimientos que nunca adquirieron, como camino más sencillo para impresionar a quienes luego habrían de colocarles en una lista o en un despacho. Si no eran unas lumbreras, habrían de aparentarlo. Y por lo visto los casos se encuentran dentro y fuera de la famosa casta Ya zumban las flechas por la nueva política Porque hubo una época en que se instaló en los partidos, como reflejo de la sociedad, la especie de que quien no tuviera un par de títulos de posgrado y media docena de cursos y seminarios era poco menos que un pailán De paso, y frotándose las manos con este apetitoso frenesí, las universidades siempre con más hambre que Carpanta hacían caja. ¡Alma mater, madre nutricia! pero a algunos más que alimentarle de saberes solo les sació el ego. Mal asunto para el prestigio de los centros, su más alto valor. Mientras se concretan o no otros casos, lo que a Cifuentes compete estas fechas es dejar de dar vueltas en su infernal laberinto. Y sobre todo que su partido pare de aplaudir semejante festival de trastazos. Porque si en dos semanas no ha podido mostrar el trabajo de fin de máster ni despejar un 2 por ciento del torrencial chaparrón de dudas que jarrean sobre su máster, parece evidente que ya no lo va a hacer. Exhibir una titulación emborronada con firmas falsas, y que termina entre un juzgado y el bochorno, es tan inútil como intentar ser un Máster del Universo, aquellos formidables guerreros de la galaxia, sin tener ni media bofetada. ESPAÑA