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ABC DOMINGO, 25 DE MARZO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 JOAQUIM FORN JORDI TURULL ORIOL JUNQUERAS ANNA GABRIEL CARLES PUIGDEMONT Expresident. Huido Exconsejero de Exteriores. En prisión RAÜL ROMEVA Exconsejera de Trabajo. En prisión DOLORS BASSA Exconsejero de Interior. En prisión Exconsejero de Presidencia. En prisión Ex vicepresidente. En prisión Portavoz de la CUP. Huida a Suiza Expresidenta del Parlament. En prisión CARME FORCADELL 27 de octubre de 2017 Proclamación de la República I. BAUCELLS Ayer Los que estaban arriba durante la proclamación de independencia y no están en esta imagen duermen en prisión o se han fugado. De izq. a dcha, Artur Mas, Nuria de Gispert, Ernest Benach, Joan Rigol, Roger Torrent, Elsa Artadi, Sergi Sabrià, Xavier Domenech y Carles Riera EFE Cataluña, del pasado al futuro Cómo desmontar al independismo en 148 días JAIME GONZÁLEZ Entre la foto de arriba (27 de octubre de 2017) y la de abajo (24 de marzo de 2018) han pasado 148 días, tiempo que va de la proclamación de independencia en el Parlament de Cataluña a la Proclamación del Estado de Derecho que ha decapitado al separatismo. Dicho de otro modo: lo que la política no consiguió en décadas, lo han logrado los tribunales de Justicia en menos de cinco meses. En apenas medio año, los dirigentes independentistas que desafiaron el marco constitucional han sido puestos a buen recaudo, y los dirigentes independentistas que se mantuvieron al filo de la ley, ya saben a qué atenerse si dan un pasito más hacia adelante. Décadas mareando la perdiz, dándole cuerda al bucle, han terminado por poner las cosas en su sitio: España, entera; los golpistas, en la cárcel. No hay mal que por bien no venga. La proclamación de independencia del 27 de octubre ha servido para imponer, por fin, las más elementales reglas del juego: quien atenta contra la Constitución, va a prisión, como en cualquier democracia. Es una simple relación causa- efecto que se entiende de maravilla en otras partes y que aquí no ha funcionado por conveniencias y posibilismos políticos hasta que no ha habido más remedio. Durante mucho tiempo, el independentismo se aprovechó de esa debilidad congénita. Si hubieran sido inteligentes habrían mantenido el desafío al borde, o incluso, sobre la misma línea, pero por fortuna para los intereses de España el independentismo nombró general en jefe a un tal Carles Puigdemont, acaso el más torpe estratega y mira que Artur Mas hizo méritos de las huestes separatistas. Aquel 27 de octubre de 2017 pasará a los anales de la historia por ser el día en el que el soberanismo traspasó la raya de la paciencia y la dignidad democráticas de un país que llevaba años soportando la soberbia del independentismo catalán, cuyos responsables conviene no olvidarlo fueron más lejos de lo que ninguna nación libre les hubiera permitido jamás. Puigdemont cruzó la línea aquel viernes de otoño y España despertó por fin de su letargo. Esa es la razón por la que no le guardo rencor; todo lo contrario, le agradezco, de veras, lo mucho que contribuyó a que el Estado se lamiera la pereza y se conjurara para pasar a la acción. Lo que la política no logró en décadas, lo ha conseguido en 148 días un magistrado del Tribunal Supremo de España con el Código Penal en la mano. Y es que lo que se no logra por la vía del diálogo, se resuelve divinamente aplicando la ley. A partir de ahora, que se hable mucho, se acuerde mucho, se tiendan muchos puentes de consenso y se alcancen todos los espacios de convivencia que quepa imaginar en democracia, pero sin olvidar, jamás, las reglas del juego: quien atente contra la Constitución, a la cárcel. Es de suponer que el independentismo habrá entendido el mensaje. ESPAÑA