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76 GENTESTILO TV SÁBADO, 17 DE MARZO DE 2018 abc. es estilo ABC Damas de honor Alessandra de Osma, del brazo de su padre, Felipe. Las damas de honor, Alexandra de Hannover y Alejandra de la Puente, le llevaron la cola del traje de novia AFP Los Hannover se dan una tregua en la boda limeña Ernesto de Hannover reaparece en el enlace de su hijo Christian, tras sus notorios desencuentros familiares por la gestión del patrimonio de la Casa Güelfa ANA MELLADO E l Príncipe rebelde ha vuelto a escena. El incorregible Ernesto de Hannover, de 62 años, amante de la vida ociosa y el bebercio, ha interrumpido su larga y misteriosa reclusión. Hastiado de la constante persecución de los fotógrafos, el cabeza de la Casa Güelfa decidió hace algo más de una década que no quería seguir viendo sus andanzas diseccionadas día sí día también en la prensa. Sus diez años de convivencia marital con Carolina de Mónaco le colocaron en el foco mediático. Ella ponía el glamour y él los títulos. Tras su separación en 2009 aunque nunca firmaron los papeles de divorcio desapareció del mapa. Solo trascendió alguna escapada a Ibiza y algún titular de la prensa alemana alertando sobre su estado de salud. Costaba encontrar una imagen reciente de él. Ni siquiera la boda de su primogénito Ernesto Jr. y la diseñadora de origen ruso Ekaterina Malysheva, el pasado mes de julio, propició su esperada reaparición. Tampoco se presentó en el enlace civil de su segundo hijo Christian de Hannover y Alessandra de Osma en Londres en noviembre. El pasado viernes, por fin, regresó al primer plano. Melena despeinada, mofletes rojizos y la misma mirada pícara y de bon vivant que exhibía antaño. Ernesto de Hannover ha reaparecido en Lima para asistir al enlace religioso de Christian y Alessandra. Sin duda, la gran sorpresa de la ceremonia puesto que muy pocos contaban con su presencia. El pasado viernes ya se le pudo ver a la entrada del restaurante Osaka, ubicado en el céntrico distrito limeño de San Isidro, donde se celebró una cena previa al enlace. Y ayer, enfundado en su chaqué y unas llamativas gafas de sol, que igual ocultaban algún nuevo exceso nocturno, volvió a desfilar ante las cámaras a la entrada de la basílica menor y convento de San Pedro para arropar a Christian, el segundo de los dos hijos que tuvo con la suiza Chantal Hochuli, quien llevó del brazo al novio al altar. Las más pequeña del clan Hannover, Alexandra, la hija de Carolina de Mónaco y Ernesto ejerció de dama de honor, al lado de la novia en todo momento y se encargó de llevar la cola. La joven de 18 años, a la que irremediablemente comparan con Carlota Casiraghi, acudió con su novio, el jugador de baloncesto Ben- Sylvester Strautmann. Difícil reencuentro La asistencia de Ernesto de Hannover a la boda no sólo supone su regreso al primer plano, sino que además escenifica una suerte de tregua familiar. Ernesto de Hannover se enfrentó el pasado año públicamente a su primogénito y heredero, Ernesto Jr. Se opuso rotundamente a su matrimonio con Ekaterina y anunció que iniciaría ac-