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ABC SÁBADO, 17 DE MARZO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 VIC EL NORTE DEL SUR RAFAEL ÁNGEL AGUILAR SÁNCHEZ MOMENTO BELLIDO El alcaldable del PP tiene madera, se cree lo que hace pero le va a costar en el pellejo de líder electoral C DESDE SIMBLIA pite el suplente de la Asamblea Nacional Catalana- -el titular está encarcelado- -y es un arma peligrosa. Saben que puede colar porque ha sido la justicia quien, en el ejercicio de sus funciones ha impedido que un fugado o un presunto delincuente encarcelado sean investidos presidentes. La justicia- -los jueces dice Torrent, particularizando con aviesa intención- -lo único que ha hecho ha sido aplicar la ley. Pero es que la ley, para los independentistas catalanes, es algo cuyo cumplimiento olvidaron hace tiempo. Se trata de una falacia, pero no es una más, ya que ataca directamente a un poder fundamental del Estado y a un elemento esencial de la democracia: la separación de poderes como señalara hace casi dos siglos y medio Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu en su obra El espíritu de las leyes Sólo en una entelequia simbólica, siendo el simbolismo algo que forma parte de la entelequia independentista, podría darse una aberración como la que afirman el presidente del parlamento y el suplente de la Asamblea Nacional Catalana. Tal vez sea, como señala un viejo refrán, que el ladrón piensa que todos son de su condición. En este caso los independentistas catalanes desearían una justicia ajustada a su medida política para que sus delitos quedaran impunes. Venden, dándose tintes de demócratas, que se les prohíbe el derecho a decidir, silenciando que las decisiones, en las democracias, se toman en el marco de la legalidad. El señor Torrent sabe que a la justicia en España no le corresponde el papel que le asigna. Su función es hacer pagar a los delincuentes por sus delitos y fechorías. Pero una mentira, como la lanzada por el presidente del parlamento catalán, repetida reiteradamente, como suelen hacerlo los independentistas, puede llegar a encontrar eco y que sean muchos quienes la tengan como una verdad. Sin ir más lejos, el podemita Pablo Iglesias, al que se le supone cierta formación académica, no tenía el menor empacho en afirmar que no se podía privar a los ciudadanos catalanes de su derecho a decidir. Estaba refiriéndose a la celebración de un referéndum ilegal. JOSÉ CALVO POYATO PODER JUDICIAL El señor Torrent sabe que a la justicia en España no le corresponde el papel que le asigna E stamos asistiendo los últimos días a una falacia, particularmente peligrosa, de las que difunde el independentismo catalanista. El relato que han construido está lleno de mentiras que van de las de tipo histórico hasta las referidas al tiempo presente. Entre las históricas están, por ejemplo, las referidas a la Guerra de Sucesión, cuando la denominan como Guerra de Secesión. Para señalar que su lucha era contra España incluso han falsificado antiguos grabados como el de un barco bombardeando el puerto de Barcelona durante la mencionada contienda (1701- 1714) Colorearon la enseña que ondeaba en el buque con el rojo y gualda de la bandera bicolor para que pareciera un buque español Era una falsificación tan burda que no cayeron en la cuenta de que esa enseña fue adoptada por la marina real, muchos años más tarde, en 1785, bajo el reinado de Carlos III. Entre las mentiras del tiempo presente está el España nos roba Otra burda engañifa como está aclarando la justicia al poner en claro quiénes eran los ladrones. Los del tres por ciento Entre su sarta de mentiras, la que difunden estos días se encuentra una particularmente peligrosa: No dejaremos que los jueces decidan el presidente Lo ha dicho el señor Torrent y lo re- omo hombre paciente y metódico que es ha sabido esperar su momento. Y ya ha llegado. La designación de José María Bellido como candidato a la Alcaldía de Córdoba, confirmada a mitad de esta semana, era un hecho cantado desde hacía meses: aún sin rivales que le pudieran disputar el puesto de suceder a Nieto en el reto de hacerse con el bastón de mando de la ciudad, el aún joven político solía despachar el asunto de sus firmes posibilidades con una media sonrisa tímida y con más reservas que estridencias. Si por alguna cualidad destaca es por la discreción, un activo que él, un tipo de números más que de palabras, ha logrado rentabilizar en favor de sus opciones para liderar el asalto del PP al Ayuntamiento de Córdoba dentro de un año y pico. El hoy secretario de Estado de Seguridad no tardó en integrarlo en su núcleo de confianza cuando llegó el momento, en el verano de 2015, de levantar a la institución municipal de la ruina financiera en la que la habían dejado los años de la gobierno de Izquierda Unida y los peores tiempos de la crisis. Bellido se convirtió en el money man de Nieto, en su mano derecha, o en una de ellas y quizás en la más prometedora y útil, en la persona a quien el exregidor tenía que consultar sí o sí casi cada decisión que tomaba, porque no es que el dinero abundara precisamente en la caja. Al ya aspirante a la Alcaldía le tocó en 2011 bailar con la más fea, que se llamaba Hacienda, y la tuvo que aguantar como pareja hasta 2015. Sus méritos indiscutibles como concejal con responsabilidades de gestión fueron que los servicios municipales mantuvieran su pulso, que los trabajadores cobraran puntualmente su nómina y que, con la calderilla que quedaba en el bolsillo, su jefe tuviera la oportunidad de lucir palmito, aunque fuera poco. Al cabo, la cartera que se encontró cuando el PP arrancó su mandato con mayoría absoluta no tenía ya mucho que ver con la que le entregó al bipartito del PSOE e Izquierda Unida después de las municipales de 2015 y en el doloroso traspaso de poderes: la devolvió aseadita, presentable, en condiciones, con posibilidades de futuro. Tiene madera, ganas, da la talla de político entregado y honrado, se cree lo que hace pero le va a costar meterse en el pellejo de líder electoral. Y él lo sabe por más que cuente sin fisuras de importancia con el apoyo de un partido que ha visto en su perfil una apuesta segura que encarna lo mejor de la generación que ha tomado el mando, capitaneada por Adolfo Molina y flanqueada por Andrés Lorite y Beatriz Jurado. Desde que el runrún de sus aspiraciones cobró forma, Bellido se ha esforzado por ser más cercano, por pisar más la calle, por dar una imagen más de diario que de tecnócrata encerrado en su despacho. Tiene presente que el encargo que le han hecho entraña una doble dimensión: la oficial es ganar las elecciones; la de consumo interno tiene que ver con algo más intangible: recuperar para el honor del PP una plaza que al partido se le escapó de las manos sin haberla considerado siquiera en riesgo serio.