Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12 OPINIÓN LLUVIA ÁCIDA PUEBLA SÁBADO, 17 DE MARZO DE 2018 abc. es opinion ABC DAVID GISTAU PUDOR Los padres huérfanos de hijo que se sentaron allí merecían otro trato R EMONTEMOS al tiempo en que Zapatero identificó en las víctimas del terrorismo un obstáculo para su domesticación de ETA. Cuando, durante una visita a La Moncloa, se igualó en conocimiento del dolor con la madre de Irene Villa porque, al fin y al cabo, a él le habían fusilado un abuelo en la guerra. No sólo utilizó a un prócer fundador, Peces- Barba, como falso enlace que en realidad tenía como cometido someterlas a un marcaje por todo el campo. Sino que además hizo circular unas valoraciones de las víctimas que tal vez les resulten parecidas a las contenidas por algunos editoriales y titulares de la actualidad. Que eran demasiado emocionales para opinar. Que estaban animadas por un sentido medieval de la venganza. Y que, tontas ellas, estúpidas ellas, se dejaban manipular por la derecha. Lo que siempre me pareció más asombroso de aquello fue que estos argumentos sirvieran para descartar la posibilidad de que las víctimas fueran interlocutores políticos mientras se legitimaba como tales a los psicópatas con coartada ideológica que las habían asesinado. Por mis limitaciones técnicas, a las que agrego el sentido del pudor después del hedor irradiado el jueves por el Parlamento, me declaro incapaz de aportar nada al debate nacional que se está librando sobre la permanente con una atmósfera social doliente. O, como mucho, planteo una pregunta sacada de una conversación reciente con Nicolás Redondo: por qué la socialdemocracia, cautiva en realidad de tantos prejuicios viejos, sigue confundiendo el castigo social encarnado por la justicia y la protección de los predadores irrecuperables con una forma de autoritarismo ajeno a la UE e incluso al siglo XXI. No entro en el debate sino allí donde hago pie, por tanto, pero sí me siento obligado a señalar que la cruel desacreditación de las víctimas obrada por Zapatero ha quedado enquistada en la percepción socialdemócrata hasta el punto de que los padres de niños asesinados que el pasado jueves se sentaron en las tribunas del Parlamento han visto cómo sobre ellos recaen las mismas injurias: demasiado emocionales, demasiado vengativos y medievales, tontos como para haberse dejado manipular por la derecha. Sólo falta Zapatero exigiéndoles que no se quejen tanto porque también a él le mataron un abuelo y ahí lo tienen, desfaciendo entuertos en Venezuela como un pichi. Una cosa sí ha cambiado respecto del tiempo en que las víctimas molestas eran las de ETA. Ese cierto Juan Carlos Campo, el encanallado diputado del PSOE que salió en tromba a desacreditarlas en el mismo hemiciclo, ejerce un marcaje más grosero y violento que el de Peces- Barba, quien supo ser más sutil porque no desconocía la delicadeza del material moral con el que trabajaba. Los padres huérfanos de hijo que se sentaron allí merecían otro trato, no sólo del PSOE, del Parlamento entero, también de la bancada popular que intentó sustituir con su dolor los argumentos técnicos. HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA UN GRAN TRIUNFO DE LA INCORRECCIÓN POLÍTICA Se anuncia la presentación de uno de esos libros cuya publicación censuraría la nueva ley de la memoria histórica E NYKÖ Györy funge como embajadora de la República de Hungría en Madrid desde hace más de tres años. Con la dificultad de representar a un Gobierno vilipendiado en la mayoría de medios de comunicación ha conseguido ir cosiendo nuestros dos países por vías intelectuales entre otras En 2015 promovió la edición bilingüe del libro Andrés Révész: Un puente en la Europa dividida en el que se trazaba la biografía de aquel gran redactor de ABC que dejó en las páginas de este periódico lo mejor de su vida desde que llegó a España en la década de 1920 y hasta su muerte en 1970. Révész era anticomunista (con perdón) y desde estas páginas contó a nuestros lectores la realidad de un mundo sobre el que en la España de las décadas de 1950 y 1960 se sabía muy poco. En 2016 Györy promovió la conmemoración del 60 aniversario de la Revolución de Hungría con actos que incluyeron desde un foro en la Fundación Ramón Areces en el que se abordó la ayuda que se dio desde España a la lucha contra el comunismo hasta una misa en la catedral de la Almudena oficiada por el hoy cardenal Osoro, en memoria de las víctimas de aquel alzamiento popular por la libertad. Györy se ha propuesto ahora divulgar la biografía de Ferenc Marosy de Marossolymos y con él rememorar un hecho diplomático absolutamente singular: la Embajada Real de Hungría que estuvo abierta en el número 49 del paseo de la Castellana de Madrid (hoy sería el 41) entre 1949 y 1969. Un edificio que no representaba a ningún Estado realmente soberano. Era un caso similar al de la Embajada de la República Española en México, que se mantuvo abierta hasta que el 17 de marzo de 1977, el avance de las negociaciones entre el ministro de Exteriores español, Marcelino Oreja, y el canciller mexicano, Santiago Roel, provocaron el cierre de la legación republicana y once días después la apertura de la Embajada del Reino de España. La Embajada Real de Hungría en Madrid representó la libertad frente a la tiranía comunista que se mantuvo en el poder hasta 1989. Promovida por el Comité Nacional Húngaro y después bajo el patronazgo del Rey de Hungría en el exilio, Otto de Habsburgo, el régimen de Franco reconoció aquella legación como la única y legítima representación de Hungría en España. Una embajada que siempre ayudó a todos los compatriotas que acudieron pidiendo socorro y que se sostuvo con un presupuesto risible: 100 dólares al mes. Y los pasaportes que expedía sólo permitían viajar a Portugal. Pero Marosy tenía una relación privilegiada con el resto del cuerpo diplomático acreditado en Madrid. El libro de Kata S. Gyuricza y Péter Gyuricza Ferenc Marosy. Un embajador real en Madrid 1949- 1969 publicado en edición bilingüe y editado por la Embajada de Hungría, se presenta este lunes en el Instituto Cervantes con la participación en el acto de personalidades como Simeón de Bulgaria o Jorge de Habsburgo que evocarán el papel de Marosy y cómo otros países intentaron aprovechar la estela dejada por la Hungría de Otto de Habsburgo. Y es que antes de que la nueva ley de la memoria histórica que propone el PSOE convierta un acto académico como éste en ilegal, antes de que la censura obligue a publicar libros de historia bajo el amparo de la inmunidad diplomática de legaciones extranjeras porque en España serán censurados, hay que leer libros como la biografía de Marosy.