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ABC JUEVES, 15 DE MARZO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 VIC CRÓNICAS DE PEGOLAND RAFAEL RUIZ GROUCHO EN CIUDAD JARDÍN El gobierno local quiere cambiar lo que sea en Ciudad Jardín L VERSO SUELTO LUIS MIRANDA PROGRAMA, PROGRAMA Al tripartito de Córdoba no se le puede decir que cambien sus principios: si no gustan a los demás, no piensan cambiarlos NA cosa hay que reconocerle al tripartito del Ayuntamiento de Córdoba: han destrozado el tópico de los gobiernos que al llegar al poder hacen lo contrario de lo que prometieron en la campaña. Si algo no le falta ni al PSOE ni a IU en el cogobierno, ni a Ganemos sugiriendo por detrás con la bombilla de las genialidades encendida, es fe en sus propios programas. En cuanto supieron que les salían las cuentas se metieron a sí mismos en un corsé ideológico y conforme pasa al tiempo se lo aprietan con el rigor del penitente que se acordona el cilicio con la saña del remordimiento por los pecados. A ellos no se les puede decir la famosa frase que de tan sobada ya no se sabe si es de Groucho: si no gustan sus principios, no piensan cambiarlos aunque la realidad y las leyes les aconsejan que sean un poco menos dogmáticos. Coherencia o contumacia, respetable fidelidad a las ideas u obcecamiento cerril, no se bajan del burro aunque el pobre animal, tantas veces más lúcido que quien lo monta, se niegue a caminar por un sendero ante el que sabe que no espera más que la desgracia. Su ideología dice que hay que sospechar de la iniciativa privada y que la Administración debe entrar a comer del plato que prepararon divinamente las empresas. Por eso ahora este Ayunta- U miento que se pasó varios meses diciendo que había que remunicipalizar desde las luces nocturnas del Alcázar en las noches de verano hasta la receta de la muy cordobesa telera quiere aprovechar que es quien da las licencias y quien decide la naturaleza del terreno para hacer un tanatorio que les quite más de la mitad del trabajo a los que ya prestan un impecable servicio. Eso sí, lo pondrán en un lugar mejor, que para eso tienen la máquina de los permisos y pueden ponerlo al lado del cementerio de San Rafael, para que los viven en esos barrios que se merecen bibliotecas, aparcamientos, parques infantiles y buenas líneas de autobús puedan ir a dar la cabezada con un simple paseíto. Los que fueron a protestar al Pleno con el miedo a perder su puestos de trabajo tienen tanta razón como pocas posibilidades de que IU y Ganemos les entiendan. Antes hacer política que gestión: el empleo de verdad, el bueno, es el público, y en la empresa privada no hay más que esclavitud, personas que piensan que es necesario tener un beneficio- legítimo dicen- -para mantener una actividad y gente que no paga pluses por acudir a los puestos de trabajo. Los votos que se pierdan serán menos y tendrán menos conciencia de clase que quienes se coloquen en la nueva Cecosam, saneada y pujante de clientes que no descenderán. En ese tanatorio habrá muchas más nóminas, porque la izquierda no castiga a los empleados públicos con cadenas capitalistas como el cumplimiento de los horarios ni la meritocracia individualista y desigualizante. Tanta es la fe que tienen en sus principios que han arrastrado con fuerza al PSOE; aunque no lo dijera en su campaña anda defendiendo con timidez y sin convecimiento la expulsión de una empresa por el dictamen vinculante de una asociación de vecinos, el cambio del callejero por incontestables testimonios orales, la municipalización de la ayuda a domicilio, que parece que no había suficientes empleados públicos, y el bloqueo a las obras de un palacio por ser episcopal. Sólo en Córdoba se podía cumplir el viejo Programa, programa, programa de Julio Anguita. a alcaldesa, Isabel Ambrosio, ha decidido peatonalizar Ciudad Jardín. Qué parte del barrio se cierra el tráfico es lo de menos, según parece. Antier era Camino de los Sastres y ahora es Antonio Maura o Costasol, Costa del Sol para los amigos. La política de las personas tiene estas cosas líquidas, cuánticas. Como en el principio de incertidumbre, es imposible saber qué calles serán solo para peatones porque su propia observación va alterando el menú del día. Hoy, son unas. Mañana, quién lo sabe. No se diga que la alcaldesa no sigue la doctrina de Marx, sección Groucho. Estos son sus principios y si no le gustan, pues tiene otros. El gobierno local quiere cambiar lo que sea en Ciudad Jardín, supongo, con el objetivo de justificar su magra flaca, enjuta dice la RAE) gestión. Hace muy pocos meses, repasen la hemeroteca, Antonio Maura no era peatonalizable y punto, como bien recordarán las asociaciones de vecinos de la zona. Ahora es un objetivo concreto. Antonio Maura fue un político del turnismo (un facha total, visto desde la posmodernidad) por lo que es justicia histórica que le toque el turno a su calle en la tómbola municipal de qué peatonalizamos hoy, señora. Resulta verdaderamente inquietante la fijación de la señora alcaldesa por el barrio llamado del Avecrem, conocido así por las maledicencias del pasado siglo. La política antes conocida como Isa lo está intentando de todas las maneras posibles e imposibles para que el vecino de a pie trague con las medidas que harán de Ciudad Jardín algo más de lo segundo y menos de lo primero de su nombre. Es como si alguien estuviese animando a este nuestro gobierno municipal a caminar en una dirección que promete un futuro luminoso que permita a los propietarios de bienes raíces cobrar un alquiler superior por sus propiedades, particularmente las de uso comercial y hostelero. Porque de eso es de lo que estamos hablando. De la política del Avecrem. Se coge agua hirviendo, se le ponen dos pastillas de caldo concentrado municipal y ya tenemos sopa. El lobby que por Capitulares anda ha asumido la política maurista de la revolución por arriba. Don Antonio creía saber lo que España necesitaba como hay quien sabe lo que Ciudad Jardín merece, a su pesar. Las masas necesitan de gente que las salve de sí mismas. Pero el pueblo, ay, se vuelve levantisco en ocasiones de forma que es preciso convencer a las señoras del bloque de que sus sobrinos van a poder llegar hasta la puerta de sus casas para dejarles las bolsas del Mercadona. Y contra el factor supermercado poco hay que hacer, alcaldesa. Nada hay que objetar a una ciudad con menos automóviles. Todo hay que oponer a que eso sea el fin de una política donde estas medidas se impulsen de forma selectiva para aplauso y beneficio de cuates y parroquianos de la casa del pueblo. Y los vecinos hacen bien sospechando de estos planes salvadoras que no entienden que el mejor coche no es el que se aparca lejos sino el que no es necesario. Recuerden a Groucho: ¿Quiere casarse conmigo? ¿Es usted rica? Responda primero a lo segundo