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70 DEPORTES Fútbol Liga de Campeones JUEVES, 15 DE FEBRERO DE 2018 abc. es deportes ABC El brasileño abrazó a cada jugador del Real Madrid y realizó un buen partido, pero el PSG desaprovechó sus jugadas Neymar brilló ¿en su futuro estadio? TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN MADRID F ue el día de Neymar en la capital de España. Protagonizó un buen partido, participó en todas las jugadas importantes del PSG y estuvo también en todas las conversaciones del partido del siglo vivido en Madrid. El abrazo que el brasileño dio a cada uno de los once futbolistas del Real Madrid en el saludo protocolario previo al partido fue un mensaje cifrado que el madridismo tradujo con optimismo futuro. ¿Saludaba Neymar a sus próximos compañeros? Ramos y Modric han manifestado que tiene que venir al club blanco y su compatriota Marcelo apostilló que le espera pronto en el vestuario del Bernabéu. Cuando Nasser Al- Khelaifi entró al restaurante Zalacaín veinte minutos antes de las tres de la tarde para asistir a la comida de directivas surgían noticias del presunto fichaje de Neymar por el Real Madrid en 2019. A la hora de la verdad, en el césped de Chamartín, demostró su calidad desde el primer minuto. Cada balón que cogió fue sinónimo de peligro. Confirmó con hechos que su liderazgo merece el interés supremo del equipo que ha hecho legendaria la Copa de Europa. El presidente del París Saint Germain aseguró al acabar la comida de directivas que no habló con Florentino Pérez del futuro de la figura adquirida tras abonar 222 millones. Ese asun- to se abordará a final de temporada. No era el día. Era el día de Neymar en la casa más laureada de la Champions. El brasileño realizó siete penetraciones de órdago hacia el área madridista. De jugador grandioso. Sus carreras convirtieron el graderío en un murmullo de miedo de ochenta y cinco mil almas que animaron siempre al Real Madrid menos cuando el diez vestido de negro tomó el balón en sus botas. El ritmo de su arrancada y sus regates daban mucho respeto al público. Demasiado. Calidad desaprovechada Nacho, que no jugó mal, le hizo falta en la primera incursión de la estrella del PSG. Desbordó al canterano en las dos siguientes jugadas. Yuri disparó fuera la primera acción y Varane despejó la segunda. Neymar era un torbellino. Se quejó el astro suramericano de las entradas que sufría y respondió muy mal en una patada por detrás sobre Nacho que le costó la cartulina amarilla. En tres escapadas más falló, para respiro de Zidane, porque se escurrió y a la media hora de partido pidió el cambio de botas. Con los nuevos borceguís persistió en sus regates, ya sin caerse, y realizó la mejor jugada de la noche al driblar a cuatro madridistas y lanzar un disparo que paró Keylor. En la siguiente internada, su pase lo interceptó Casemiro cuando Cavani ya se relamía por el gol que nunca remató. La verdad: no había forma de dete- Aznar, Sarkozy, Florentino Pérez y Nasser Al- Khelaifi, en el palco ABC ner a la figura del París Saint Germain. Su velocidad con el balón en las botas es imparable, salvo que en cada jugada sea frenado con una tarjeta amarilla. Es esa superioridad la que marca su liderazgo. Es diferente. A la hora de juego cometió el primer fallo, en un centro mal dado. Fue un engaño. Quería demostrar que es humano. Neymar fue el mejor del conjunto francés, pero NADAR ENTRE TIBURONES BLANCOS POR DAVID GISTAU Esto es Europa usto en un año en que venía fallándole toda la mitología relacionada con su carácter, el Real Madrid se levantó cuando iban a hacerle la autopsia y logró un resultado impensable, ajeno a toda lógica salvo la de su capacidad de resistencia. Un equipo enamorado de sí mismo en Europa que se empeñó en postergar los indicios de agonía cuando el PSG parecía haberse quedado con la pelota, sostenido por un magnífico Rabiot. Contribuyó Asen- J sio, que introdujo verticalidad a un equipo cansado, más reticente en la presión, abocado en apariencia a esperar la puntilla en cualquier acción de esa línea delantera extraordinaria, muy por encima en el PSG de una defensa vulgar a la que sí pareció sobrevenirle el tembleque propio de quien está acostumbrado a resolver partidos poco competitivos en una liga secundaria y de repente se encontró en uno de los grandes escenarios europeos y ante una camise- ta en la que pesan doce copas de Europa. Falta París, la ciudad en la que Vallejo tenía el recuerdo de su muerte con aguacero. Pero en Chamartín pudo verse ayer un ejercicio de determinación y estímulo que desmiente el estilo ramplón de un año con augurios de final de ciclo. Contra ese destino se revolvió el Real Madrid de la presión alta feroz de los primeros compases que, a veces con la anuencia del árbitro, pegó a Neymar cada vez que éste trató de caracolear con una suficiencia impropia de las guerras europeas. Al PSG, aunque temi- ble cuando la pelota caía en la jurisdicción de su tridente, volvió a notársele una naturaleza tierna, casi dadivosa, que indica que en la vieja copa de Europa todavía existe la importancia de la tradición de la que carecen los recién llegados construidos con alardes financieros. Sin ser superior en el juego, demostrando, incluso, cierta invalidez en el primer tramo de la segunda parte, el Real Madrid sí demostró que nació para jugar estos partidos y que prevalece en ellos con una frecuencia comparable a su leyenda. El PSG rozó un petardazo comparable al del año pa-