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ABC JUEVES, 15 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 15 UNA RAYA EN EL AGUA EL CONTRAPUNTO ISABEL SAN SEBASTIÁN COBRAR POR LA CARA Los separatistas catalanes se mofan del contribuyente español ausentándose del Congreso sin renunciar al sueldo E N puridad, esta columna debería titularse cobrar por el acta aunque en aras de la claridad he utilizado la expresión coloquial de uso común. Cobrar por la cara, o por el acta, es lo que hacen decenas de electos generosamente retribuidos con cargo a nuestros impuestos por hacer nada. Llevárselo crudo sin otro requisito que haber salido elegidos diputados en una lista cerrada y bloqueada por el partido político al que pertenecen. Ignorar las obligaciones propias de un parlamentario, ya de por sí escasas, pero ver ingresada la nómina, puntual y religiosamente, catorce veces al año. Echarle jeta a la vida en nombre de la democracia. El absentismo en nuestras instituciones no es de hoy. Constituye una patología crónica del sistema, que ninguna mayoría, fuese cual fuese su color, ha combatido jamás con un mínimo de rigor. Hace ya varios lustros este periódico decidió incluir en sus páginas una sección semanal muy celebrada, titulada pellas en el Congreso que publicaba los nombres de los campeones en hacer novillos con el fin de, cuando menos, sacarles los colores ante sus votantes. Vano empeño. Pasan los años, cambian los rostros, pero la imagen del hemiciclo vacío sigue siendo lo habitual. Y a sus señorías faltonas la ausencia les sale gratis. De acuerdo con la costumbre actual, son los propios grupos parlamentarios quienes tienen la potestad (no confundir con obligación) de sancionar a los díscolos. Lo cual es tanto como dar carta blanca a esta ejemplar conducta. Primero, porque los parlamentarios no adscritos a grupo alguno carecen de control. Segundo, porque los responsables de cada grupo suelen mostrarse extremadamente tolerantes con las ausencias, siempre que éstas no impliquen perder una votación importante. Tercero, porque cuando se trata de un boicot promovido por uno o varios partidos, como ocurre ahora con los separatistas de Ezquerra Republicana y PDeCAT, éstos no solo no aplican sanciones, sino que incitan a sus miembros a faltar a su deber, mientras se embolsan las subvenciones que pagamos los españoles a escote. Si esto no es hacer mofa, befa y escarnio del esquilmado contribuyente, que venga Dios y lo vea. El caso del Parlamento de Cataluña merece punto y aparte. Allí todo está parado, a expensas de un prófugo de la justicia con despacho abierto en Bruselas, que sigue percibiendo su salario como diputado de una cámara en la que nadie mueve un dedo. Ni una sesión han celebrado. Ni una votación ha tenido lugar allí. Ni un palo al agua han pegado. Eso sí, desde que recogieron sus actas, personalmente o por delegación, no han dejado de cobrar sus sueldos y probablemente alguna dieta. ¡Barra libre! Se dirán. Pagan los idiotas de siempre. Le invito a usted, querido lector, a preguntarse qué le ocurriría si decidiera expresar su disconformidad con la empresa para la que trabaja ausentándose de su puesto sin el correspondiente justificante médico. Sería de gran interés, también, inquirir entre los millones de autónomos que madrugan cada día para sostener este país, sin derecho a vacaciones retribuidas ni siquiera a bajas por enfermedad, qué les parece esta tolerancia extrema con las pellas de sus señorías. Ciudadanos ha presentado una proposición en las Cortes para que les sean retirados salario y subvenciones a los separatistas catalanes declarados en rebeldía. A mi entender, se quedan cortos. Lo que España pide a gritos es que cesen los privilegios de estos presuntos representantes tan poco representativos. Cualquier hijo de vecino se queda sin sueldo y sin empleo si se ausenta reiteradamente de su puesto sin una causa que lo justifique ¿verdad? Pues ellos también. ¡A dar ejemplo! IGNACIO CAMACHO PIMPINELA La relación entre los partidos del centro- derecha se ha vuelto un melodrama aburrido como una bronca de pareja SE duelo a pellizquitos entre Ciudadanos y el PP va a ser tan aburrido y agotador como una bronca de pareja. Ni se soportan ni se atreven a romper, con lo cual todo se queda en un desencuentro continuo, en una tensión artificial que, vista la distancia que falta para las elecciones, amenaza con hacérsenos perpetua. Celos impostados, reproches mutuos, miraditas aviesas, canutazos envenenados, acusaciones de ida y vuelta; zancadillas taimadas, murmullos rezongados a media voz, letanías de quejas. La relación entre los dos partidos del centro- derecha se ha vuelto un melodrama barato con mucho postureo de gesto prieto y boquita pequeña. Una cansina parodia del dúo Pimpinela. Todo por culpa de las encuestas. A falta de acción política o legislativa, el año sin urnas provoca a los dirigentes una especie de síndrome de abstinencia y para combatirlo se meten sobredosis de sondeos en vena. Los estados mayores de cada formación confunden estrategia con táctica y se han obsesionado con los estudios de opinión; viven pendientes de subir o bajar unas centésimas. El Gobierno no puede gobernar porque carece de mayoría y los que podían dársela se niegan, pero tampoco se deciden a hacerle una oposición abierta. Cs, en concreto, quiere al marianismo con respiración asistida, sin percatarse de que lo que mejor se le da a Rajoy es la resistencia: a un hombre de natural reacio a tomar decisiones sólo hace falta que le otorguen pretextos para no acometerlas. En estas condiciones, la legislatura está virtualmente muerta. No porque vaya a acabar pronto, dado que nadie tiene interés de fondo en romper la cuerda tensa, sino porque ya no hay modo de abordar los verdaderos problemas. El presupuesto, las pensiones, la educación, el empleo, esa clase de cosas que la gente espera. Sólo el conflicto de Cataluña genera un cierto consenso, desganado y cada vez más ayuno de cohesión y fuerza; menos mal que aún queda algo del aliento colectivo de las banderas. Pero sin voluntad de acuerdo para aprobar leyes, el Congreso se vuelve un simple reñidero de gallos de pelea donde cada semana acuden los líderes a lucir espolones y marcar diferencias. En España ya sólo se hace política de frases para llenar tertulias y redes de hueca verborrea: una política virtual, epidérmica, de mera contienda, incapaz de solucionar ni siquiera de intentarlo, que es peor cuestiones serias. Así se puede aguantar un tiempo, quizá un mandato entero, porque el país tiene suficiente energía acumulada para funcionar por inercia. Pero cuando lleguen las urnas ningún partido salvo quizá, a pesar de todo, el PP tendrá un balance del que rendir cuentas. Que nadie se sorprenda entonces si la abstención aumenta; son los agentes públicos los que la están cebando con su galbana, con su inacción, con su falta de compromiso, con su endogámica superficialidad yerma de proyectos y de ideas. E JM NIETO Fe de ratas