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ABC SÁBADO, 10 DE FEBRERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC EL NORTE DEL SUR RAFAEL ÁNGEL AGUILAR SÁNCHEZ POR ALUSIONES El principal patrimonio de un periodista es su credibilidad y su honradez: si intentas quitarle eso le estás intentando quitar todo ON permiso y por una vez rompo la norma de estilo de no escribir de cuestiones personales ni profesionales, pero creo que las circunstancias me asisten para ello. Esta semana Córdoba ha vivido un hecho insólito, que me ofende no sólo a mí y a este periódico sino a cualquiera que se gane la vida con el oficio que tengo, que tenemos. El jefe de prensa de alcaldesa, Isabel Ambrosio, se ha tomado la libertad de llamarnos mentirosos a mí y al diario en el que trabajo en un grupo de whatsapp integrado por setenta periodistas de la ciudad, y todo por publicar una información basada una entrevista que según él no existió. Es decir, que me la inventé. El protagonista de la entrevista es Federico Mayor Zaragoza, exdirector general de la Unesco y nombrado en mayo de 2017 por la regidora presidente de la comisión municipal sobre la titularidad de la Mezquita- Catedral; en ella afirmaba, como reflejó la noticia que escribí en estas páginas el pasado 7 de febrero, que el dictamen sobre la propiedad del templo ya estaba acabado, en manos de Ambrosio y que concluía que la Iglesia había desvirtuado el inmueble porque, decía, no había mantenido su carácter interreligioso Este señor, Mayor Zaragoza, tiene mi teléfono móvil y mi correo electrónico, porque él me los pidió después de cruzarnos varios mensajes y al término de nuestra conversación, que discurrió en un tono de cordialidad y de máxima colaboración por su parte: él no ha desmentido ni a mí ni a nadie de la edición cordobesa de ABC el contenido de la noticia a raíz de sus declaraciones, y hace ya cuatro días que publicamos la información. Las notas que tomé durante la entrevista telefónica, y que conservo, la inmediatez con la que transcribí sus palabras a los minutos de colgar, la experiencia de dos décadas de ejercicio y la diligencia que se le presupone a cualquier periodista que trabaje en esta Casa habrían de bastar para concluir- -que se escribe sin tilde- -que lo que plasmé sobre el papel se ajustó lo máximo posible a lo que había escuchado unos momentos antes. Pero sucede que el tal jefe de prensa, que no estaba en mi mesa cuando hablé con Mayor Zaragoza; que no escuchó al presidente de la comisión, por ejemplo, negarse a mandarme por correo el informe tal y como le pedí porque, según se excusó, aunque el documento está acabado sólo lo puede tener el Ayuntamiento por el momento pues ese cargo de confianza ciega de la máxima autoridad municipal escribe a trompicones en el móvil que no hubo entrevista y que lo que publicamos carece de veracidad Entiendo que para hacer ese tipo de consideraciones hacia un profesional- -iba a escribir un compañero- -uno ha de saberse con unos méritos incuestionables, porque decirle a un periodista que miente es como reprocharle a un bombero que arrastra conductas de pirómano, a un guardia de tráfico que va de conductor suicida o a un político que mete la mano en las cuentas públicas. El principal patrimonio de un periodista es su credibilidad, su honradez, su palabra. Si le quitas eso, o si lo intentas, le estás quitando todo, o lo estás intentando. Eso habría de saberlo cualquiera que se dedique o se haya dedicado a esto que hacemos a diario. C DESDE SIMBLIA JOSÉ CALVO POYATO SILENCIOS SIGNIFICATIVOS Los últimos discursos de Pablo Iglesias obedecen a que se le ha gastado el armamento de la mala situación del país P ablo Iglesias, el líder de Podemos, está viviendo, de un tiempo a esta parte, lo que se denomina horas bajas. No sólo por los problemas internos que tiene en su formación, dada su tendencia a imponer su voluntad y planteamientos, incluso por encima de los órganos de su propio partido, sino porque los últimos acontecimientos pintan bastos. Su largo silencio tras los malos resultados de los llamados comunes la marca podemita en Cataluña, en las elecciones del pasado 21 de diciembre, fue explicado por alguno de sus conmilitones porque estábamos en Navidad. Pobre excusa solo explicable por no encontrar mejor argumento para su desaparición mediática. Tampoco hizo acto de presencia para valorar las últimas encuestas- -saben aquellos que siguen esta columna la poca credibilidad que me ofrecen- -que apuntan a una caída continuada y pronunciada de la intención de voto que le pronostican a Podemos. Tras ese largo silencio su presencia en los medios de comunicación ha centrado su discurso en dos direcciones principales: la corrupción del Partido Popular- -algo verdaderamente clamoroso- -y sus ataques a la monarquía como forma de organización del Estado y en particular a quien la encarna, el Rey Felipe VI. Todo apunta a que estos últimos ataques son el recambio al habérsele gastado discurso de la mala situación del país que resultaba cada vez más insostenible. Los datos que se acumulan un mes tras otro señalan lo contrario. En sus ataques contra la monarquía llega a desbarrar refiriéndose el costo de cincuenta mil euros de un Toisón con motivo de su imposición a la Princesa de Asturias. Ignorancia histórica- -no es ni mucho menos la primera vez que Iglesias resbala en ese terreno- -o mala fe, caso de saber que quienes reciben los toisones, en número máximo de sesenta, según las reglas de la Orden, han de devolverlo al fallecer y son los que se utilizan para las nuevas imposiciones. El de la Princesa de Asturias es el que perteneció a su bisabuelo, Don Juan de Borbón. Pero los silencios de Iglesias también resultan significativos ante las verdaderas fechorías políticas que Nicolás Maduro comete en Venezuela donde hay presos políticos, se urden procesos electorales amañados, la policía bolivariana reprime con violencia inusitada las manifestaciones de los opositores al régimen chavista. Silencio ante las largas colas que han de soportar los venezolanos para proveerse de productos básicos. Silencio ante los asesinatos políticos. También resultan ominosos sus silencios ante lo que ocurre en el Irán de los ayatolás. Silencio ante las multitudinarias manifestaciones de protesta por la falta de libertades. Silencio ante la represión gubernamental. Silencio ante las detenciones de decenas de mujeres que, haciendo gala de un valor extraordinario, se manifiestan con el velo en la mano en los lugares más transitados de Teherán y otras ciudades iraníes, pidiendo que se les libre de tener que usarlo obligatoriamente. Esos silencios del líder podemita se prolongan en el tiempo, van mucho más allá de los que circunstancialmente le han impuesto los malos resultados electorales, las pésimas perspectivas y la contestación interna en su propio partido. Se trata de silencios cómplices con dos regímenes donde las libertades brillan por su ausencia. Nos preguntamos si será una consecuencia de los recursos que Pablo Iglesias recibe a través de programas de televisión y asesoramientos varios relacionados con los gobiernos venezolano e iraní. Si la respuesta es afirmativa son silencios ominosos y preocupantes. Juzgue el lector.