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ABC DOMINGO, 28 DE ENERO DE 2018 abc. es internacional INTERNACIONAL 55 20 DE ENERO DE 2018 25 DE ENERO DE 2018 H. Intercontinental Murieron 20 personas (7 afganos y 13 extranjeros) durante un ataque al establecimiento hotelero, situado en Kabul, que fue reivindicado por los talibanes. Save The Children Esta misma semana, las instalaciones de la ONG Save the Children en Jalalabad sufrieron un ataque, reivindicado por Daesh, que provocó la muerte de cuatro trabaja- dores de la organización, un civil y un policía. La ONG anunció que cesaba sus operaciones en Afganistán al considerar que se ha convertido en uno de los países más peligrosos para las acciones humanitarias. Policías y voluntarios ayudan ayer a los heridos en el atentado de Kabul DIECISIETE AÑOS DESPUÉS DE LA INVASIÓN Miles de millones de euros no logran frenar el terrorismo M. AYESTARAN DAMASCO AFP un comando talibán se atrincheró en el hotel más emblemático de la capital y las fuerzas de seguridad necesitaron diecisiete horas para reducir al último combatiente. El miércoles se registró un atentado contra la sede de Save the Children en Jalalabad, al este de Kabul, y seis personas fueron asesinadas, entre ellas cuatro empleados de la ONG. En este último caso Daesh reivindicó una acción que corroboró el pulso macabro que mantiene con los talibanes por liderar la insurgencia en el país. Diecisiete años después de la invasión de Estados Unidos para acabar con los talibanes, en Afganistán no solo aumenta el poder de este grupo, sino que crece la presencia del grupo yihadista Daesh, cuyo brazo afgano es el Estado Islámico de Joramsar nombre histórico de una región que reivindican como parte de su califato incluido Pakistán. El despliegue de miles de soldados y la inversión de miles de millones de euros no han servido para sofocar el radicalismo en un país en el que el poder del Gobierno de Kabul apenas se impone más allá de las capitales de provincia. En principio, los atentados talibanes suelen estar dirigidos a las fuerzas de seguridad y a las instituciones gubernamentales, intentando no actuar de forma indiscriminada para no perder su amplia base de apoyo popular. En principio, porque atentados como el de ayer ponen de manifiesto que tampoco tienen ningún reparo en provocar una matanza de inocentes. Por su parte, desde sus primeros ataques, Daesh sigue la táctica que emplea en Oriente Próximo y golpea directamente a los civiles, sobre todo en zonas habitadas por la minoría chií de los hazaras. Los talibanes, que desde 1996 a 2001 ocuparon el poder en el país imponiendo una interpretación ultraortodoxa del islam, fueron expulsados de Kabul por EE. UU. pero nunca han perdido sus gobiernos en la sombra por casi todas las provincias del país. Tras la muerte de su exlíder, Ajtar Mansur, en un ataque de un dron estadounidense, en mayo anunciaron que su nuevo líder es Hebatulá Ajundzada. Un relevo que llevó a la cúpula del movimiento a un histórico del grupo que ocupó diferentes cargos dentro del organigrama talibán desde la época del mulá Omar y que se distingue por ser más un líder religioso que un comandante militar. Desde el Gobierno afgano confiaron en que el cambio abriría una puerta al diálogo, pero Hebatulá, como los líderes anteriores, es reacio a las conversaciones mientras se mantenga el despliegue de fuerzas extranjeras sobre el terreno. Los talibanes son el grupo insurgente más fuerte y organizado, pero desde 2014 sus acciones rivalizan con las de Daesh. Estos yihadistas, escindidos de los talibanes, juraron lealtad al califa Abu Baker al Bagdadi, después de la autoproclamación del califato en Siria e Irak. Su bastión se encuentra en la provincia de Nangarhar, al este de Afganistán, y su agenda tiene un marcado carácter sectario. Las autoridades de Kabul aseguraron que los seguidores del califa llegaron a contar con 3.000 milicianos en su mejor momento, la mayoría llegados desde Pakistán, pero tras varias operaciones realizadas en coordinación con Estados Unidos en la actualidad no superarían los 1.500. repetidas muestras de debilidad. ¿Cuánto tiempo más debe seguir sufriendo nuestra gente? ¿Por qué no hay dimisiones después de actos así? Entre tanto, el antiguo responsable de seguridad Mohammad Agul Mujahid lamentó que nuestra Inteligencia y el departamento de investigación son débiles y si no se refuerzan es imposible prevenir estos ataques Esta vez fueron los talibanes quienes emplearon una ambulancia, pero hace casi un año fue Daesh el que protagonizó un asalto al hospital militar de Kabul en el que hubo más de treinta muertos. Cuatro yihadistas vestidos con batas blancas irrumpieron en el hospital, situado a unos metros de la Embajada de Estados Unidos. Uno de ellos se hizo estallar en la entrada y los otros tres, armados con fusiles de asalto AK- 47 y granadas, abrieron fuego de forma indiscriminada y se atrincheraron en el interior del edificio durante más de seis horas. No hay líneas rojas de ningún tipo para los atentados en este país. La estrategia de Trump La escalada de violencia en Afganistán se produce pocos meses después de la decisión de Estados Unidos de reforzar su presencia militar con el envío de 4.000 soldados adicionales para reforzar la operación Apoyo Decidido Estados Unidos cuenta ahora con 12.400 hombres, que trabajan junto a 5.000 militares de los países aliados con el objetivo de formar y asesorar a las Fuerzas Armadas afganas. El cambio de estrategia de Donald Trump respecto a la era de Barack Obama que, como en Irak, apostó por la retirada de sus tropas y la cesión de la seguridad a las fuerzas locales, busca también la apuesta por un mayor número de fuerzas especiales para llevar a cabo operaciones antiterroristas selectivas. De momento, este refuerzo, acompañado de un incremento de ataques de aviones no tripulados, no ha supuesto ninguna mejora de la seguridad. Las fuerzas internacionales llegaron a tener más de 100.000 hombres desplegados en Afganistán y sufrieron 3.500 bajas en los trece años de misión. Ahora son 352.000 los militares y policías afganos que llevan el peso de la lucha contra la insurgencia, según cifras del Ministerio de Defensa afgano, pero no pueden hacer frente a la amenaza yihadista de Daesh y de unos talibanes que, pese a los ofrecimientos de Kabul, rechazan tomar parte en un proceso negociador mientras haya presencia de fuerzas extranjeras sobre el terreno. Fallos de seguridad Como cada vez que hay un gran atentado en la capital, se abrió un debate en los medios sobre los errores en la seguridad y se pidieron responsabilidades ya que las autoridades prometen una y otra vez reforzar las medidas de control. El diputado Sayed Ali Kazimi señaló que desafortunadamente, este ataque es una continuación de los anteriores. Hay una guerra por el poder en marcha en Afganistán El senador Safiullah Hashemi se mostró sorprendido por las Guerrillero talibán Rivalidad terrorista Los talibanes y Daesh mantienen una cruel competición por el liderazgo terrorista ABC