Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO, 28 DE ENERO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Pleno del Tribunal Constitucional, con José González Rivas (presidente) y Encarnación Roca (vicepresidenta) en primer plano IGNACIO GIL No habrá investidura a distancia Punto para el Gobierno JUAN PABLO COLMENAREJO El supremacismo nos tiene comido el terreno y la moral. Nos ha achicado el espacio porque no teme romper las costuras del sistema. Para el independentismo catalán saltarse las reglas del juego es un movimiento sencillo. Basta con exprimir la mala conciencia de un sector de la política y la opinión publicada, como espejo del conjunto de la sociedad, que se arrepiente de los pecados cometidos por otros. La democracia del 78 sufre del mal de altura desde el primer momento. Está en permanente revisión por aquellos que cuestionan su legitimidad en el origen, es decir en la transición que buena parte del antifranquismo no hizo, como dice Muñoz Molina. Puigdemont y compañía han reventado la Constitución desde dentro. La sala de apelaciones del Tribunal Supremo ha definido sus actos como un autogolpe. No necesitaron usar la violencia porque ya tenían el poder. Y siguen por esa senda. Los independentistas cuentan para su movimiento con el inconfundible aroma de la colonia de lo políticamente correcto. El Consejo de Estado acaba de pulverizar con su ambientador a distancia una fragancia derrotista, dejando claro que la convocatoria para la investidura de Puigdemont es inconstitucional pero que no lo será hasta que la perpetren. Es decir, que la ideación de un delito no es perseguible dejando el paso a lo irremediable. Los recientes estudios tanto del CIS como del Instituto Elcano muestran una corriente de opinión pública contraria a una ampliación del sistema autonómico y partidaria de una poda que permita reforzar lo que el padre de la Constitución Pérez Llorca ha definido como el autogobierno de España El independentismo supremacista ha derogado la autonomía en lo formal dejando en el fondo una ruptura de la sociedad que ha destrozado el consenso del 78. El delito de romper la convivencia no esta en el Código Penal pero sí en los estándares de calidad de una sociedad libre y avanzada como la que tenemos a pesar del golpismo permanente que perpetra el nacionalismo en España cada vez que asoma una democracia en nuestra historia. La decisión del Tribunal Constitucional es un punto a favor del Gobierno que con su impugnación ha realizado una jugada tan de alto riesgo como necesaria e imprescindible. La vicepresidenta en primera persona se ha jugado el puesto asumiendo la responsabilidad de parar otro golpe a la legalidad. Los mismos que se han rasgado las vestiduras descalificando la acción preventiva hubieran criticado por igual una reacción del Gobierno después de la investidura con la elección de un prófugo de la justicia. La partida continúa. El Gobierno del PP estaba solo en la derrota, PSOE y Ciudadanos ya habían marcado la distancia si el Tribunal Constitucional no paraba el pleno del martes 30. La unanimidad de los magistrados alivia otra vez la presión sobre el Presidente Rajoy, cuya piel política de rinoceronte se está dejando jirones por el camino. Cada vez más. No le queda otra alternativa. ESPAÑA