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72 CULTURA DOMINGO, 21 DE ENERO DE 2018 abc. es cultura ABC TRIBUNA LIBRE GARCÍA BAENA, ADMIRACIÓN Y AMISTAD POR GUILLERMO CARNERO ARBAT N o es fácil escribir bajo el impacto inmediato de una noticia triste y dolorosa: la palabra se retrae a las zonas más profundas de la intimidad, donde el recuerdo y los sentimientos tienen su propio lenguaje no escrito. Expresarlos en voz alta, sacarlos a la luz del papel impreso, parece a primera vista una exhibición superflua, aunque pronto a esa sensación se superpone el alivio de compartir la propia conmoción con otros muchos que la estarán sintiendo igualmente; y también la convicción de que es un deber hacia el amigo desaparecido formular y proclamar en palabras las razones de lo que durante muchos años ha sido tanto cariño hacia su persona como admiración hacia su obra. Si Pablo no podrá, desgraciadamente, ganar amigos en el futuro, siempre podrán acercársele nuevos lectores. Alguna vez, cuando he querido dar cuenta de lo que es la combinación de admiración y afecto que algunos merecen en el mundo literario, he recordado a Séneca. Creo que Pablo, que tan cercanos sentía los mármoles paganos, estaría a gusto en su compañía. Séneca, en la carta tercera del libro primero de las dirigidas A Lucilio, escribió que sólo actúan rectamente quienes conceden su amistad después de haber juzgado La observación de Séneca nos da la clave de lo que es la verdadera amistad; cierra el paso a un tópico que se aplica tanto a la amistad como al amor, según el cual ambos suponen una entrega y una adhesión irracionales, que presentan al amigo y al ser amado idealizados y revestidos de cualidades que acaso no tengan. En opinión de Séneca ocurre precisamente lo contrario, aunque no nos apercibamos de ello: el amigo es aquella persona cuyos méritos objetivos producen en nosotros la adhesión sin reservas que la amistad es. Antes de que cualquier movimiento afectivo se suscite, el instinto ha realizado un examen de la persona que va a merecerlo, y ha emitido a su respecto un dictamen positivo que da vía libre al afecto, y que la razón corroboraría a posteriori si se le pidiera hacerlo. Esto quiere decir que no puede haber amistad sin la admiración que se dirige hacia las cualidades del amigo, y hacia lo que mejor las refleja en el caso de un escritor: su obra. Pablo García Baena merece así toda amistad y admiración. En diciembre pasado supe que la Junta de Andalucía y el Centro Andaluz de las Letras habían decidido dedicarle el año 2018, cuando me encargaron una antología que sirviera para dar a conocer su obra a un público lo más amplio posible. Como esa obra no es de lectura fácil e inmediata, ya que muchos poemas están llenos de claves, de referencias culturales que no han de ser del dominio público, y en algunas ocasiones de otras referencias privadas procedentes de recuerdos personales, de anécdotas vividas en la infancia, de situaciones y escenarios de ámbito local cordobés, quise aprovechar el inapreciable privilegio que es tener a mano a un escritor vivo y capaz de dar cuenta de sí mismo, cuando se va a editar y anotar su obra. Yo lo he hecho, a lo largo de mi carrera de investigador y de catedrático de Literatura, con numerosos escritores del pasado, y sé lo difícil que es encontrar esas claves una vez transcurridos los años y los siglos. Durante el mes de diciembre mantuve con Pablo horas y horas de conversación telefónica, en Guillermo Carnero y Pablo García Baena en un teatro de Bilbao en 2014 las que discutimos algunos de sus poemas casi verso a verso. De esas conversaciones ha resultado el centenar y medio de notas que llevará esa antología, cuyo estudio preliminar quedó terminado el 30 de diciembre. Fue admirable la paciencia con la que Pablo me escuchaba leerle versos y pasajes cuyo significado no me parecía transparente, me aclaraba la acepción cordobesa y coloquial de una palabra, el uso de un objeto, la forma de un apero de labranza o un instrumento artesanal, la presencia peculiar de algún santo en el imaginario popular, el recuerdo de una estampa, la alusión a un determinado escenario urbano de la ciudad de Córdoba, que tanto le gustaba recorrer. Si ocasionalmente le señalé que se había tomado libertades con la Historia, con el santoral o con el lenguaje, siempre reivindicó, con una sonrisa perceptible a través del tono de su voz, el derecho a echar mano de las licencias poéticas, convencido de la soberanía de su imaginación. Recuerdo esos días de largas conversaciones como un verdadero privilegio. No podía yo suponer que el día 30 de diciembre iba a oír por última vez la voz de Pablo. Llegué incluso a bromear con él diciéndole que en 2021 podríamos conmemorar, con unos finos, el centenario de su nacimiento, como iba a hacerlo, sin duda y con enorme alegría, Córdoba, Andalucía, España y el universo todo de sus lectores. Su compañía era sumamente grata e inconfundible. Su voz era cálida, nunca se imponía a quien tenía a su lado, nunca formulaba sus opiniones con dogmatismo, siempre estaba dispuesto a ayudar, aconsejar y comprender. Vivía en paz y trans- ABC mitía paz. En 2014 lo acompañé al Festival de Poesía de Bilbao. Él disfrutó siempre de la plenitud de sus facultades mentales, entre ellas una memoria excelente y un envidiable sentido del humor, pero en sus últimos años le fallaba la vista. Para que pudiera leer algunos de sus poemas en aquella ocasión se los llevé impresos en folios apaisados y letra de cuerpo 28, y la lectura resultó inmejorable, así como el coloquio que mantuvimos acto seguido con el público. Dos años antes se había celebrado en Córdoba, dentro del Festival de Cosmopoética, una sesión inolvidable, en la que tuve el placer de compartir el estrado, además de con él, con Pedro Gimferrer, Juan José Lanz y José Luis Rey; entonces Pablo hizo también gala de su afabilidad y de su excelente memoria. Fue siempre un hombre plácido y paciente, que en su última época disfrutó de los constantes halagos de que era objeto con la misma serenidad con la que había superado el desdén que él y sus compañeros de aventura poética sufrieron durante décadas. Vivió el éxito sin soberbia, como en un primer momento había vivido sin resentimiento lo que creyó un fracaso. Federico García Lorca dijo a Miguel Hernández que los libros de poemas caminan lentamente, cuando éste andaba descorazonado por su falta de éxito. Pero si todos caminan lentamente, los de Pablo llegaron para quedarse, en una Historia de la Literatura Española que estaría truncada sin ellos. GUILLERMO CARNERO ARBAT es poeta novísimo y catedrático de Literatura