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64 SOCIEDAD DOMINGO, 21 DE ENERO DE 2018 abc. es conocer ABC El hombre que tiene un pueblo para Al final de una carretera estrecha de un valle nevado y despoblado de Soria, hay alguien que se atreve a desafiar a las convenciones y al abandono rural ENRIQUE DELGADO SANZ VERGUIZAS (SORIA) F élix del Prado es como un fantasma. No es fácil dar con él. Vive en el pueblo más escondido de una de las zonas más despobladas de Soria, provincia castellana que está considerada un desierto poblacional. Toño Arroyo, el arcipreste de Tierras Altas como se llama la comarca donde vive Félix marca el camino: Si subes el puerto de Oncala y te metes por la carretera del valle del río Cidacos hay pueblos con muy poquita gente Allí, pese a que ya hace varias semanas de la nevada, todo es blanco menos la carretera marrón, por la que apenas pueden pasar dos coches a la vez. No es un gran problema porque, realmente, casi no pasan coches. Por ahí están Los Campos, Vizmanos, Valloria, donde viven dos hermanos que son ganaderos, y también Verguizas, donde creo que sólo vive un señor enumera el arcipreste, antes de volver a sus labores. Si ves a Félix es como volver a los años 40, a la época de la posguerra, aunque no creo que te deje entrar en su casa asegura Conchi Hernández, la secretaria del Ayuntamiento de Las Aldehuelas, un municipio de 65 habitantes entre los que se incluyen los vecinos de Los Campos, Las Aldehuelas, Valloria, Ledrado y Las Villasecas, la mayoría en el camino hasta Verguizas, un pueblo donde en invierno sólo vive un vecino: Félix. Después de varios kilómetros de carretera comarcal, un antiguo cartel indica el desvío hacia Verguizas: 0,2 kilómetros que son una recta por la que también ha pasado la quitanieves. En el pueblo hay media decena de casas muy arregladas. Los vecinos de la zona de toda la vida dicen que son de los madrileños que solo vienen los fines de semana o en vacaciones Estas viviendas se mezclan con otras, semiderruidas que dan fe de que allí hace años que pasó el tren de las oportunidades. No se escucha nada, salvo el tenue mugido de las vacas, que por allí son muy grandes, más peludas de lo habitual y lucen cuernos largos que apuntan al cielo. Todas las casas están cerradas, salvo una, bastante destartalada pero con la puerta y varias ventanas abiertas de par en par, pese a que no habrá más de 8 grados en la hora más calurosa del día. Allí nadie contesta al reclamo, salvo un perro que ladra enfadado al percibir al desconocido. Otro perro color canela, más amable, no ladra y parece encantado con la visita. Félix, ¿estás ahí? Buenas tardes, Félix Nada. Nadie responde, pero el olor a leña que- mada en una estufa le delata. Entonces, un albañil de esos que preparan las casas de los madrileños abandona sus labores y confirma lo que dijo el arcipreste. Sí, aquí está Félix, voy a buscarlo y ahora te lo saco ¡Félix, Félix, sal, que te están buscando! dice el trabajador mientras se adentra, familiarmente, en la vivienda del único habitante del pueblo. A los pocos segundos, el operario vuelve a sus trabajos para los de la capital y el esperado fantasma se descubre. Hago lo que quiero La conversación va a empezar, y posteriormente acabar, cuando este soriano viejo, un pastor trashumante de 72 años, quiera. ¿Qué quieres que te cuente? ¡Si yo mi vida ya la he contado toda! inicia, midiendo las distancias, el único habitante de Verguizas. Para empezar dice, contradiciendo a los alcaldes de la zona, a las evidencias sobre el terreno y al arcipreste, que no vive solo, que hay otro que se fue ayer y volverá mañana Cuando termina se ríe, algo burlón, y se coloca al sol, junto a un poyete y frente al montón de leña que cortó en verano y que almacena para calentarse en invierno. Vivo solo y no pasa nada, estoy acostumbrado, esto es a lo que te haces admite Félix, quien enumera las virtudes de no tener que rendirle cuentas a nadie, aunque solo sea a otro ve- Soledad A mis amigos les robaron las oportunidades, por eso se fueron Años de decadencia ¡Cómo hablan ahora de despoblación si lo han dejado caer todo! Ahora ya no se puede hacer nada Félix Prado