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ABC DOMINGO, 21 DE ENERO DE 2018 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC EL ESTILITA JAVIER TAFUR EL PIROPO En el fondo de la campaña de la Junta subyace un proceso de ideologización totalitaria R PRETÉRITO IMPERFECTO palda rajada o simples peones) y luego se malcrió hacia lo grotesco, como ha venido ocurriendo con tantas otras cosas. Y en los albores del siglo XXI, el piropo es una tesela lingüística y arqueológica destrozada por la tecnología y el ansia egoísta de poseer. Sin embargo, la Junta de Andalucía ha sido más simplista, como no cabía esperar de otra manera, reduciendo al emisor del piropo a la condición de animal, sin diferenciar el grano de la paja e insinuando que podría ser la antesala de la violencia machista junto con otros comportamientos detestables. Hombres como pulpos, cerdos, búhos o buitres. Han logrado, en su descargo, levantar las críticas de los animalistas, dejando tranquilo un rato al toro. Vuelve George Orwell, su obra 1984 el Ministerio de la Verdad, su Policía del Pensamiento y la neolengua. El revisionismo que tanto gusta en las tripas fundamentalistas del régimen, la intromisión en la esfera personal, las sagradas escrituras de la falsa progresía, la aniquilación del lenguaje y la intervención de la mujer, porque si como argumentan los ideólogos de la campaña oficial, el piropo cosifica, más cosifica esta política que dicta hasta cómo hay que respirar, comer, hablar o sentir... y denigra y etiqueta al hombre, de manera genérica, como un apestado social con capirote de la Santa Inquisición. La sensibilidad hacia el lince es ya inversamente proporcional a la del género masculino. Pronto le tocará a los poetas, a los que acusarán de camuflar el machismo en sus versos alejandrinos... Esta amalgama político- administrativa orwelliana, que vigila sin descanso, es la misma que ha mantenido en la pantalla del Ministerio de la Propaganda a un presentador que arrancó la falda a una presentadora en directo, en el prime time andaluz de las tardes, donde las mujeres de cierta edad aparecen como en las antiguas ferias de ganado a la espera de la llamada del mejor postor. Pero eso es periodismo social. Nada ha dicho esta Junta Gran Hermano de las campanadas con transparencias- objeto en la tele de Roures. Pero eso es glamour. Ni tampoco movió un dedo cuando el coordinador regional de IU y candidato a la Presidencia de la Junta y expresidente del Parlamento andaluz, Diego Valderas, se acordó de la de las tetas gordas en alusión a una señora delegada de Educación... Pero eso fue un desliz. Nada como regalar rubíes. FRANCISCO J. POYATO ORWELL Y EL PIROPO Pronto le tocará a los poetas, acusados de camuflar el machismo en versos alejandrinos E l piropo ha sido siempre un verso urgente, un apretón lírico de arena y asfalto, un destello onírico de ingenio o un compás entre la metáfora y el símil. La palabra piropo procede del griego pyropus que viene a significar rojo fuego Los romanos, imperiales hasta en el más nimio detalle, tomaron este vocablo de los griegos y lo usaron para denominar a las piedras preciosas de color rojo. El rubí, vamos, que simbolizaba el corazón, y era la piedra que los galanes regalaban a la mujer a la que pretendían conquistar. Pero, naturalmente, no todos podían regalar rubíes, así que tenían que suplirlos regalando hermosas palabras. Luego el piropo se hizo mediterráneo y castellano, saltando a América donde se retuerce con esmero el lenguaje hasta extremos insospechados en la versión argentina, por ejemplo. Escuchar un piropo porteño viene a ser como deleitarse con el paso entrecruzado de piernas de un tango. Tan bello como inverosímil. Los trovadores del medievo le pusieron música y los hidalgos los arrojaban sobre sus capas tiradas al suelo para que las pisaran las conquistas ensoñadas o las amadas. Las capas terminaron siendo un desecho. En el siglo XIX llegó el beso al aire orientado con la mano y los hombres se tapaban los ojos al pasar ante una mujer, como indicando que podían ser deslumbrados por tanta belleza. En el siglo XX, el piropo se democratizó hasta rozar la llaneza del gremio obrero cualificado (albañiles, fontaneros de larga es- esulta extraño que se obvie al perro ladrador, poco mordedor, o al pérfido gato que ronronea en el regazo. Puede que estos animales, calificados como domésticos, ejerzan habitualmente de mascotas de los lúcidos políticos y funcionarios de la Junta que han diseñado la campaña de acoso animal a la mujer, de modo que hayan sido beneficiados por lo que se llama discriminación positiva. Pero, aún así, es evidente que ese perro ejemplifica las actitudes machistas más generalizadas y que ese gato es capaz de sorprender a la doncella más recatada. En cualquier caso, tengo que mostrar mi total acuerdo con Equo cuando denuncia esta campaña vejatoria para los animales inocentes y pide su inmediata retirada. Acaso el problema resida en la mala conciencia que en las tiernas mentes marxistas produzca la lectura de la Rebelión en la granja de Orwell. Aunque más bien me inclino a pensar que se reduce a la no inclusión de la adjetivación pertinente al final de la recomendación juntera. Es decir, que al no seas animal habría que haberle añadido lo de racional De manera que los de Equo quedaran contentos (y no digamos los del Pacma) y la cosa adquiriese mayor carga intelectual. De hecho, se trataría de reprimir unas conductas que no tienen nada que ver con los instintos silvestres, que se limitan al aquí te pillo y aquí te mato, a veces literalmente, sino con la humanización de unos ritos de apareamiento que devienen en un discurso que utiliza posturas, miradas, manos y lógicamente palabras, incluso abanicos. La consecuencia más lograda de todo ello es el piropo. Si a un hombre se le muestra una mujer con transparencias ceñidas, tan frecuentes hoy en las pasarelas, no se abalanzará a sobarla instintivamente, sino que racionalizará la situación y espetará a la prójima un, por ejemplo, eres la Victoria de Samotracia con cabeza Lo que no debe provocar más reacción que una media sonrisa, tal vez acompañada de un ceño fruncido, que hará más encantadora la cabeza. No obstante, es posible que el albañil, sobre todo si no es sindicalista, porque si lo es no estará en la obra, todavía le diga al paso: ¡Te subía yo al andamio! Lo que tampoco deja de ser una racionalización de la presunta potencia sexual del gremio. En el fondo, esta campaña obedece a un proceso de ideologización totalitaria, o sea, de racionalización extrema, que quiere acabar con el sistema de principios y de costumbres heredado. La historia nos demuestra que tal afán nunca funciona, pero también que suele ocasionar en su transcurso penalidades sin cuento a los humanos, fundamentalmente en cuanto a la mengua de la libertades individuales y sociales, que son las únicas libertades auténticas. La francesas, que llevan a gala los tres reclamos de la revolución, hace tiempo que descubrieron que ser importunadas por el hombre, en libertad, igualdad y fraternidad, era uno de los pocos alicientes de esta vida, bastante aburrida por lo demás; del mismo modo que los opuestos de cualquier nacionalidad percibieron pronto que hacerlo con una francesa era una de las pocas experiencias que justificaban el haber nacido precisamente hombre, esa criatura sobrevalorada al que solo le queda al cabo París.