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12 OPINIÓN HORIZONTE PUEBLA MARTES, 9 DE ENERO DE 2018 abc. es opinion ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA LA CULPA ES DE LOS CIUDADANOS Yo pediría a esos españoles que ignoraron los avisos de la DGT que paguen ellos el coste de la operación de rescate R EPITÁMOSLO una y mil veces, porque nunca es suficiente: el mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio. La nevada del pasado fin de semana en los accesos a Madrid por la provincia de Segovia ha desatado un descomunal ataque al Gobierno de la nación. Niego la mayor. Yo creo que los primeros responsables de los contratiempos sufridos son los ciudadanos que tomaron sus coches y se echaron a la carretera ignorando la infinidad de avisos al respecto. Que no fueron de última hora. El jueves 4 a las 17,38 ABC. es publicaba la noticia de que Aemet avisa de nevadas intensas el fin de semana Y el viernes 5 a las 21,44 la noticia era que La DGT avisa: la operación retorno se puede complicar en el norte y más para los coches sin ruedas de invierno Al igual que en ABC la noticia apareció en otros diarios, emisoras de radio y televisión. Pero muchos ciudadanos se creyeron por encima de las fuerzas de la naturaleza. Confieso que habla quien ha cometido el mismo pecado. El 26 de diciembre de 2004, a las 10,45 salí de Santander hacia Madrid a pesar de las advertencias de fuertes nevadas. Ante el aviso, evité el Puerto de El Escudo y opté por ir por Bilbao y tomar la A- 1. A las 12,45 estaba bloqueado a 40 kilómetros de Burgos, a donde llegué a las 20,00. Una hora después tomaba refugio en el bar de una estación de servicio en Sarracín, donde pasé la noche durmiendo en el suelo. ¿Fue culpa del Gobierno Zapatero? No. Fue culpa de un ciudadano que sufría un simple mal de amores que le precipitó a desafiar la evidencia meteorológica. (Y nadie habla de aquella nevada porque coincidió con el tsunami de Indonesia que costó la vida a decenas de miles de personas. Hoy en día muchos ciudadanos están empeñados en informarse por twitter, facebook y cosas similares que son sumideros en los que se vuelca una ingente cantidad de basura en la que nadie te hace un filtrado para seleccionar lo relevante, que es lo que hacemos los periodistas. Cualquiera que leyera la información de ABC. es el viernes por la noche sabría que no tenía derecho a denunciar al Gobierno. Si yo fuera el responsable de la DGT no pediría perdón por lo que la gente hizo mal. Pero supongo que por eso nunca ostentaré un cargo público. Porque yo pediría a esos españoles que ignoraron los avisos que paguen ellos el coste de la operación de rescate. Y a todos los que iban en coches sin cadenas ni tracción a las cuatro ruedas les cobraría un plus. Porque esos son los que bloquean las carreteras y hacen imposible el acceso de las máquinas quitanieves. Pero ya se sabe que esto es muy impopular. Que hay que echar la culpa a papá estado que nos tiene que resolver hasta nuestras insensateces. Una de las pocas cosas positivas que escuché en todos los años de pujolismo fue la idea de mandar a los alpinistas extraviados el coste de la factura de su rescate. Pues... tomemos nota. COSAS MÍAS EDURNE URIARTE EL COTILLA, LA PSIQUIATRA Y TRUMP El libro contra Trump, Fuego y furia podría retitularse Cotilleo y furia liberal RUMP fue una mala decisión de la derecha estadounidense que la izquierda, los autodenominados liberales, está haciendo buena. A este paso, lo reeligen. Para impedir la llegada al poder de quienes usan con tanta desfachatez moral métodos sucios como el libro del cotilla o los informes ideológicos de la psiquiatra activista. Y ponen en evidencia que no necesitamos en las democracias occidentales a Putin para fabricar lo que siempre existió, manipulaciones y noticias falsas. Cotilleo y furia liberal se podría retitular el Fuego y furia de Michael Wolff. El autor ni siquiera niega los datos erróneos y le dan igual las numerosas negaciones por parte de los citados en su libro. Es reincidente y le ha pasado en libros y artículos anteriores, que fantasea, inventa y vende mucho; hasta trece personas negaron las citas de su bestseller anterior, Burn Rate Pero su editorial probablemente ganará las demandas correspondientes por aquello de la libertad de expresión. Como ganarían quienes publicaron que Emmanuel Macron era homosexual y tenía una aventura con un periodista, lo que enfureció a Macron y explica seguramente su proyecto de ley para combatir las noticias falsas. Y tantas otras iniciativas que han prosperado últimamente, cuando los objetivos de las mentiras fueron determinados personajes. T En pleno período de denuncia de la postverdad, algunos medios no tienen problema alguno en dar cobertura a un libro de cotilleo sobre la Casa Blanca, fundado en generalizaciones sobre el carácter de un presidente que podrían ser aplicadas a una buena parte de los líderes mundiales. Afirma el cotilla que Trump exige pleitesía de sus colaboradores, que busca la aprobación de los demás, que no lee informes, que le gusta la comida basura y que su mujer es infeliz... Y aún más terrible que su hija Ivanka quiere ser la próxima presidenta de Estados Unidos, como Hillary Clinton desde que llegó con Bill a la Casa Blanca. Y casi lo logra, después de haber apoyado a Bill en su lista de amantes y en lo del Despacho Oval con la becaria, sin que ningún libro sobre su supuesta incapacidad mental para gobernar interrumpiera su carrera. Tampoco recuerdo a una psiquiatra como Bandy Lee persiguiéndola para su internamiento. No consta que los rusos estén detrás de Bandy Lee, por grande que sea la penetración de la extrema izquierda en las Universidades de Estados Unidos donde ella enseña. Al calor del libro de Wolff, Lee acaba de publicar este fin de semana en The Guardian y no en una página web de origen sospechoso un artículo que no desmerece de la historia del amante de Macron y donde llega afirmar sobre Trump que la gran frecuencia de sus tuits refleja un estado mental agitado Trump is now dangerous, that makes his mental health a matter of public interest 7 de enero, 2018) Pero ni esa muestra de ignorancia supina sobre el uso de Twitter por todos los dirigentes del mundo ni la construcción de un diagnóstico ideológico de locura por rechazo a unas ideas han hecho intervenir a su Universidad, Yale, para desmarcarse de este uso político de la psiquiatría. Ni mucho menos, Lee hasta ha publicado un libro con otros psiquiatras izquierdistas para diagnosticar locura a Trump. Y tampoco consta que el libro haya sido financiado por Putin. El fuego y la furia dentro de la izquierda estadounidense, no sólo dentro de la Casa Blanca, han vuelto a demostrar que en cuestiones de populismo, agitación y propaganda, la izquierda siempre lleva ventaja. Otra cosa es el resultado electoral.