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ABC MARTES, 9 DE ENERO DE 2018 abc. es ENFOQUE 5 Un día después del temporal, la calma volvió a las carreteras; ahora viene la tormenta política JAIME GARCÍA El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, durante la reunión del comité estatal de coordinación que analizó lo ocurrido ÓSCAR DEL POZO Temporal político El abominable hombre de las nieves JAIME GONZÁLEZ Si analizamos en términos de acción- reacción (o inacción- reacción, que sería más correcto) la crisis política desatada tras la nevada que dejó varados a miles de conductores en la AP- 6, la conclusión es que el Gobierno ha fallado en el antes y el después. En el antes, por razones evidentes; en el después, por una manifiesta incapacidad para entender los resortes emocionales de una sociedad a la que no le se pueden pedir disculpas y excusarse al tiempo con obtusas justificaciones que siempre terminan por convertirse en un bumerán. Situaciones como la vivida este fin de semana han vuelto a poner de manifiesto que es difícil encontrar a una autoridad pública que maneje con cierta soltura las reglas básicas de la comunicación. La primera: si los afectados por la nevada te están señalando con el dedo, es un suicidio político no pedir inmediatamente perdón. Y mucho más grave hacerles responsables de lo ocurrido. La segunda: cuando te están mirando por el retrovisor, no funciona descargar las culpas sobre los hombros de otros (la concesionaria de la autopista) La tercera: jamás hay que echar mano del tópico y subrayar que la nevada fue histórica porque para quienes se quedaron tirados en mitad de la autopista lo histórico no será nunca la nevada, sino las horas que pasaron a merced de los elementos. Los argumentos manejados por el Gobierno puede que sean en parte ciertos, pero la manera y el momento de plantearlos iban envueltos de un halo excusador que, a los ojos de la inmensa mayoría, no parecían otra cosa que un torpe intento de desviar la atención. Métase en la cabeza el Gobierno: las cosas nunca son como son, sino como parece que son. Y lo que parece es que la nevada ha dejado al Ejecutivo de Rajoy sepultado bajo un manto de impericia. Lo más sencillo en estos casos y lo más rentable, aunque el Gobierno no lo entienda es tragarse el sapo entero y hacer la digestión en directo, para que los españoles sigan con delectación y en tiempo real la dura penitencia autoimpuesta. Flagelarse en público no es la solución, pero funciona como remedio de urgencia. Han hecho lo contrario: que si la nevada no tenía precedentes, que si la concesionaria de la autopista no les avisó, que si los conductores pecaron de imprudencia, que si se actuó con toda la celeridad posible. Un rosario de peros que solo han servido para que el Gobierno se ahogue con su propia cadena de excusas. Al final, el resultado es que el después ha sido mucho peor que el antes. O lo que es lo mismo: que la reacción a la inacción va a tener para el Gobierno efectos más demoledores en términos de opinión pública que su evidente imprevisión ante un nevada por otra parte previsible. Y es que escuchándoles daba la impresión de que en la AP- 6 no había Estado, porque sus competencias habían sido cedidas en virtud de una concesión que al llegar por autopista al kilómetro ciento y pico en dirección Madrid hacía que los conductores perdieran su condición de ciudadanos y pasaran a convertirse en la parte contratante de la primera parte de un acuerdo con una empresa privada de servicios. No se por qué extraña asociación de ideas me he acordado del abominable hombre de las nieves, esa criatura peluda que en mitad del temporal se les aparece de tanto en tanto a los políticos para meterles el miedo en el cuerpo y hacerles perder el sentido. ESPAÑA