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ABC VIERNES, 5 DE ENERO DE 2018 abc. es ABCdelOCIO 59 Al menos muestra cómo estamos avanzando. Sorkin elige debutar en una película sobre políticas de género, donde la protagonista es femenina, la directora de fotografía es femenina, y elige a Idris Elba para interpretarse a sí mismo, lo cual es absolutamente inspirador. Ojalá sirva de ejemplo, porque tiene mucho peso en la industria. Hollywood está en el punto de mira y las actrices más que nadie. Pero aunque lo parece, no es intrínseco a este mundo. Pasa en todas partes, desde Wall Street a la Casa Blanca. Aun siendo más eficaz que algunos hombres, a su personaje no le respetan por tratarse de una mujer. Se ve cómo muchos la acu- san de estar liada con algunos y tienen como envidias. De una forma sutil y muy bonita, Sorkin demuestra cómo los hombres siguen teniendo esa sensación de propiedad con las mujeres. Una mujer fuerte y sin Jessica Chastain trama romántica sostiene todo el peso del filme. ¿Qué necesita un papel para que quieras interpretarlo? Me interesan los personajes que van en contra de los estereotipos femeninos que solemos ver; cuando reflejan el tipo de mujer que me rodea, que no esté definido por los hombres. Creo que este concepto reta mucho a la sociedad. Los actores Idris Elba y Jessica Chastain Una película con alma Sorkin se saca dos espinas de golpe: dirige uno de sus guiones y compone por fin un gran personaje femenino. Su película respira, tiene alma Renunciar al morbo La película es un hermoso homenaje que renuncia a unas armas que cualquier otro habría explotado: el sexo, el dinero, la mafia, el glamur de Hollywood Un dato reseñable es que Sorkin detesta el póquer como espectáculo y no siente el menor cariño por sus practicantes. Le importa un bledo quién gane o pierda y esta indiferencia se traslada a su película. Pese a todo, el libro de Molly Bloom cayó en sus manos y lo leyó, quizá despistado por el nombre literario de su autora, en sí misma una cita de Joyce. No le pareció malo, pero ni se le ocurrió adaptarlo. La chispa se encendió cuando la conoció. Vio en ella uno de sus Quijotes, puede hasta que se enamorara, porque su película es un hermoso homenaje que renuncia a unas armas que cualquier otro habría explotado: el sexo, el dinero, la mafia, el glamur de Hollywood... En su lugar, pinta a una mujer fuerte, inteligente e íntegra, que encuentra como escudero al gran Idris Elba. ca. Un encuentro entre ambos, una terapia de tres años en tres minutos es la mejor escena de una obra repleta de diálogos afilados y citas, esta vez menos obvias y pedantes. Es el sello del autor y, como el marisco, puede gustar o no, pero cuando es de primera hay pocas cosas que lo superan. Y de este modo tan original se saca Aaron Sorkin dos espinas de golpe: dirige uno de sus guiones el tipo sabe cómo hacerlo, algo se le ha pegado de David Fincher y compone por fin un gran personaje femenino. Su película respira, tiene alma. No es un simple espectáculo con naipes volando a cámara lenta. Los tapetes son como la nieve, simple escenario de un hermoso drama. Tampoco repite los tópicos sobre el juego. Da por sabidos casi todos los códigos, con las lecciones justas. Logra que el argumento sea comprensible sin convertirse en discursivo, pese al abuso de la voz en off. Como siempre en sus historias, los buenos personajes tienen fondo, han leído, guardan un pasado y no carecen de principios. Si no les gustan, búsquense a otro. Tres años en tres minutos El reparto también es rico en secundarios de postín (Michael Cera, Jeremy Strong, el impagable Bill Camp... pero la tercera estrella es Kevin Costner, que interpreta al estricto padre de la chi- mente, es el más demandado; su sello personal son esos largos, punzantes y agudos diálogos, la aliteración en los nombres de sus personajes y los retratos directos. Sin embargo, pese a su creatividad, su trabajo quedaba en manos de directores que moldeaban a su antojo sus textos. Cuando escribo algo, quiero que el mejor realizador dirija mi guion. Nunca consideré que pudiera ser yo, pero, después de escribir el guion, me preocupaba que los elementos emocionales de la historia se vieran ensombrecidos por el glamur de la película: grandes sumas de dinero, coches de lujo, la sexualidad y la decadencia. Una noche, sentado sobre un trozo de pa- pel con una lista de nombres de po- minó convirtiéndose en anfitriona sibles cineastas, los productores me de exclusivas partidas de póquer clanpreguntaron: ¿No te gustaría diri- destinas en Los Ángeles y Nueva York. girla? Y no dije que no. Acepté la Viene de un mundo basado en la meoportunidad y estoy contento de ha- ritocracia, es una atleta de élite y el berlo hecho explica. poder no la intimida. Es capaz de enLa historia no podía frentarse a los hombres ser más ambiciosa. El de tú a tú porque es caguionista eligió para su paz de bajar una mondebut a un gran persotaña sin miedo a romnaje femenino, sobresperse los huesos aseMiedo cribiendo las líneas que En esta profesión gura Sorkin. Bloom Molly Bloom publicó en acabó arrestada y acues imposible su novela autobiográfisada por su papel en no sentir vértigo una serie de apuestas ca. Molly s game reante un estreno, en las que, supuestatrata el giro en la vida sobre todo si es de una prometedora esmente, estaba involuel primero trella del esquí que tercrada la mafia rusa. Pero fue al entrevistarme con ella cuando descubrí algo que no estaba en las páginas del libro. Su autenticidad me motivó a escribir la película, y creo que me emocioné al entender cómo había navegado en el mundo de los hombres más poderosos del planeta, hombres que nunca la trataron bien porque se sentían minimizados ante su impresionante poder admite el cineasta. El oscarizado guionista sabía que tenía a un gran personaje entre sus manos, por eso se esmeró tanto. Cuando más profundizaba en ella, más la veía como el héroe a quien quería describir, aunque ella ni imagine que es una heroína de película