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JUEVES 24.12.2015 Editado por Diario ABC, S. L. San Álvaro, 8, 1 3, 14003 Córdoba. Diario ABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 36.519 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 957 497 675 Suscripciones 901 400 900 Atención al cliente 902 530 770. EL PULSO DEL PLANETA VISTO Y NO VISTO Jermyn Street, la calle más british La clásica meca de las camisas de caballero es la vía con mayor porcentaje de tiendas británicas LUIS VENTOSO CORRESPONSAL EN LONDRES IGNACIO RUIZ- QUINTANO EL PESEBRE La igualdad del pesebre significa libertad, la bicha del comunista, que es más de solsticio, como el hombre de Atapuerca, y saco, como Noel y Carmena n protesta por la política antibelenista de la alcaldesa Carmena, que eleva a comunista la persecución socialdemócrata impuesta por la Alicia de Gallardón, unos jóvenes han colocado un Niño, una Virgen y un San José en la Puerta de Alcalá. El comunismo y, en su día, el nazismo no han querido pesebres, sólo por una cosa que, desde la BBC de Londres, explicó a los alemanes muy bien Salvador de Madariaga cuando acababa la guerra mundial: la dignificación de los humildes y la supeditación de los grandes al conjunto social. Este sentido humano que no conoce colores ni fronteras es el valor más preciado de la Nochebuena: el pesebre produjo y mantuvo una corriente educadora de vigor incalculable. Claro que el pesebre es de pobres, y la aria ¡el superhombre! era una raza de ricos. Y al comunismo tampoco el pesebre le hace gracia, dada su idea patrimonial de los pobres: nosotros los creamos, nosotros los explotamos, y el pobreterío para el que se lo trabaja. Además, con los comunistas, por su cultura de la delación, todo es señalar, y un pesebre en el Ayuntamiento donde han entrado a trabajar en familia y por la puerta de atrás siempre les parecerá una denuncia en marcha. Ideológicamente, la igualdad que promete el pesebre (invento de San Francisco, a quien la falsa modestia de Bergoglio ha reducido a Paco) significa, si todos somos hijos de Dios, libertad, la bicha del comunista, que es más de solsticio, como el hombre de Atapuerca, y saco, como el papá Noel y la propia abuela Carmena, que prefiere hacer sus transferencias normales y corrientes (el concepto es de Rita Maestre, su portavoz municipal) como todo el mundo, es decir, con una talega en que quepan cien mil euros, por si hubiera que comprar cualquier ganga inmobiliaria que se pusiera a tiro. La maravillosa enseñanza de la Nochebuena decía Madariaga es que el hombre no puede negar su humanidad sin caer en lo animal. Pero los comunistas le llamaban tonto en cinco idiomas iene su lógica: la calle más british del mundo está en Londres. Es Jermyn Street, elegante y discreta, que corre paralela a la afamada y ancha Picadilly. Se trata de una vía de un solo carril y dirección única, de medio kilómetro, próxima a los últimos clubes de caballeros y a Clarence House, la residencia del perpetuo aspirante a la Corona, el Príncipe Carlos. El encanto de Jermyn son sus tiendas, clásicas y selectas, volcadas en complacer al gentleman atemporal, sobre todo en lo que hace a las camisas, su especialidad. Colliers Internacional, una multinacional inmobiliaria estadounidense con 16.000 empleados en 67 países, se ha tomado la molestia de investigar cuál es la calle con más tiendas británicas. Ha ganado de largo Jermyn, con el 88 de sus establecimientos de raigambre local. La siguen el tramo Este de Oxford Street, con un 62 de establecimientos de marcas británicas, Picadilly (60 y King s Road, la arteria comercial de Chelsea, con un 57 En Jermyn Street el tejido Príncipe de Gales siempre es moda, como los inefables abrigos de cuello bicolor, o esas americanas de pata de gallo en tonos chillones con las que al final solo parece atreverse ya Nigel Farage, paladín de las pintas y líder del partido eurófobo UKIP. La calle se levantó en 1664 y se le otorgó el nombre de un político y diplomático del siglo XVII, Henry Jermy, el primer Conde de St. Albans, quién trabajó a favor de la restauración de la monarquía después de que cayese literalmente la cabeza de Carlos I. A pesar de que muchas tiendas se han remozado y de que por fortuna T E En esta vía londinense se aglutinan el mayor número de firmas locales para el común de los mortales en algunas hay ofertas de cuatro camisas por cien libras, Jermyn conserva su solera, no en vano la vigila a perpetuidad la estatua dedicada al Beu Brummell, el epítome el dandismo. Allá sigue Turnbull Asser, fundada a finales del siglo XIX y que fue el proveedor de camisas de Churchill. Otras se han en firmas multinacionales conocidas en todo el mundo, como Hackett, Thomas Pink, Alfred Dunhill o T. M. Lewin. La calle, en la que vivió Isaac Newton, presume de la tienda de quesos más antigua todavía abierta, Paxton Whittfield, de 1797, que hasta se permite el lujo de tener un portero en uniforme pseudomilitar dando la bienve- ABC nida a la selecta clientela. Hay perfumerías de aroma de leyenda, como Floris, con sus 280 años, y auténticas barberías de época, donde el corte de pelo podría definirse tras ver la receta también como tomadura de pelo. En el último paseo por allí observé intrigado durante un rato unos bonitos zapatos negros de cordones, por si acaso arrancaban a cantar o a bailar. Y es que costaban 3.250 libras. Es decir: 4.300 euros. Si el dandy anda fuerte de presupuesto, tras pertrecharse de camisas puede cerrar la gira con una opípara comida en Wiltons, al final de la calle, donde tienen la rara virtud en Inglaterra de no atentar contra el pescado. Verbolario POR RODRIGO CORTÉS Metáfora, f. Velo fino que envuelve el sentido recto sin obstaculizar su visión.