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ABC JUEVES, 24 DE DICIEMBRE DE 2015 abc. es ABCdelOCIO 67 El bardo en la pantalla ANTONIO WEINRICHTER El rostro de la ambición, el gesto de la política MACBETH No debe preocuparse, está en manos de expertos, nosotros nos ocupamos de serle fieles a Shakespeare me dijo una vez Ian McKellen en la Berlinale a propósito de una versión de Ricardo III cuya acción se transfería a una Inglaterra nazi (una ucronía) Fue una demostración de la infinita elasticidad del texto shakespeareano en la pantalla, pasada la etapa inicial de desconfianza no ya ante la idea de lograr una adaptación fiel sino ante la contaminación que el teatro traería al cine, donde no tenía cabida la poesía oral. Esta cerrada defensa del llamado específico cinematográfico hizo que se mirara con recelo el Enrique V de un experto como Laurence Olivier, aunque fuera el más didáctico ejercicio para absorber en V. O. el fecundo verbo del bardo. No, el verbo estaba mejor servido en manos de genuinos cineastas como Orson Welles. Mejor aún, la única vez que dio lugar a toda una obra maestra: Trono de sangre aunque viniera de un observador lejano como Kurosawa. El corpus shakespeareano inspira productos de los más variados géneros, desde el musical de bastidores Kiss me Kate hasta la ciencia Dirección: Justin Kurzel. Con: Michael Fassbender, Marion Cotillard OTI RODRÍGUEZ MARCHANTE Trono se sangre (arriba) y Campanadas a medianoche S ficción Planeta prohibido pasando por el cine de autor finlandés Hamlet Goes Business de Kaurismaki) el biopic amable Shakespeare in love el juego intertextual Campanadas a medianoche Rosencratz y Guildenstern han muerto y hasta ensayos fílmicos como Looking for Richard de Al Pacino. Pero qué hay de las adaptaciones fieles de las obras canónicas. Nada mejor que recurrir a alguien un poco pasado de moda como Kenneth Branagh, que deslumbró debutando con un Enrique V donde reclamaba el cetro de Olivier; supo ver la comedia screwball contenida en Mucho ruido y pocas nueces y nos dio el mejor Hamlet es épica, porque tiene muchos elementos humanos. La perdida, la ambición, esa frase que advierte cuidado con lo que deseas se convierte en realidad en la película. Por otro lado, los elementos sobrenaturales son muy interesantes porque reflejan el enfrentamiento entre el universo pagano y la cristiandad explica Fassbender, que alaba también el trabajo de Marion Cotillard como Lady Macbeth. Su interpretación es muy poco convencional. Me parece mucho más interesante ver como ella se sacrifica por su marido frente a la idea tradicional de la locura. Marion es majestuosa, su actuación parece realizarse sin esfuerzo porque siempre está presente. Fue una verdadera delicia tenerla como compañera El nuevo Brad Pitt Con una sonrisa que derrite, unos ojos que aturden y una simpatía arrolladora, él es el nuevo fenómeno de la gran pantalla, un hombre que puede hacer temblar el reinado de Brad Pitt. Soltero a pesar de los millones de admiradoras, este alemán de nacimiento creció en una granja en Irlanda. Apasionado de las motos y las películas antiguas, rueda en estos momentos su próxima película a las ordenes del mismo director de Macbeth y junto a Cotillard: Assasin s Creed Creo en el destino. Cada uno se construye su futuro. Todo lo que nos sucede en la vida es necesario que lo vivamos. Hay momentos que no son favorables y deseas haber hecho otra cosa, pero hay que aprender y no dejar que el pasado dicte nuestro presente. Me gusta mirar hacia delante sin dejar que me paralicen mis errores Para Fassbender, es fácil sacudirse el personaje con una cerveza tras un largo día de trabajo. No me gusta llegar a casa con mi papel a cuestas. Suelo analizar lo que me ha ocurrido cada día y pensar en lo que me espera el siguiente, pero hasta ahí. Me gusta darme un descanso, tomarme algo con los amigos en un pub si estoy rodando cerca de casa o salir con el resto del elenco de la película Con la lección de Macbeth aprendida, Fassbender no se deja seducir por el poder: Llevo mucho tiempo pensando en esa idea que nos ha vendido el capitalismo de que la felicidad y éxito van de la mano. Hay quien cree que el dinero es sinónimo de respeto, de atractivo, y a mí no me seduce ese estilo de vida. No quisiera comprometer mi vida por el éxito ólo un cine tan ambicioso como el propio Macbeth puede abarcarlo, y lo que más claramente se aprecia en esta película de Justin Kurzel es su ambición por ponerse a la altura de las dos grandes adaptaciones (de las muchas) que se han hecho hasta ahora, la apresurada, rudimentaria y personalísima de Orson Welles, y la magistral y original de Kurosawa titulada Trono de sangre Con solo una película Snowtown Kurzel encuentra un tono personal para trasladar la obra de Shakespeare sin moverle las comas, aunque, de un modo sutil, sí le mueve la botonadura al traje que recubre algún personaje, como, por ejemplo, el de Lady Macbeth (Marion Cotillard) de perfil más bajo, menos frío, no tan venenosa como la genial Isuzu Yamada en el filme de Kurosawa, que es como un hilo de hielo en la espalda. En esta película, la maldad de Lady Macbeth palidece frente al enorme desenfoque mental que Michael Fassbender le arranca a su personaje, que no induce tanto a una reflexión sobre la ambición, como sobre la poderosa burla del destino: la profecía como inductor a que corras a tu cita con la fatalidad. La ambición de esta mirada de Justin Kurzel hacia este texto trágico tan peinado sobre el poder, la premonición y los medios para conseguirlo empieza por la elección de su protagonista y ejecutor, Michael Fassbender, un actor masilla de excelente verbo y que se esfuerza aquí por ser tan físico como Orson Welles y tan explosivo como Toshiro Mifune: el Macbeth de Fassbender, embarrado, tintado, ensangrentado, alberga tanto las dudas de Hamlet como la crueldad de Ricardo III, y la cinematografía de Kurzel lo subraya en todas estas propiedades, ambicioso, dubitativo, cruel, temeroso y trágico... Y, aunque apartando la mirada (fuera del campo de la cámara) no esquiva la escena más escabrosa y brutal de la obra, que incluso Kurosawa evitó con un golpe de guión, que es la de la matanza de la mujer y los hijos de McDuff... Hay, pues, voluntad y fortaleza en esta película en cuanto al piélago de intenciones de la obra de Shakespeare, otorgándole más carácter, o más diverso, a algunos personajes, pero donde se comprueba la ambición del director es en su puesta en escena, furiosa en exteriores y sibilina en interiores, con una filmación abrumadora de los primeros planos, de rostros terrosos y sentimientos brutos, y en los planos generales tan desolados y fríos. La filmación de las escenas de lucha le ofrecen a uno la posibilidad de asombrase al tiempo que deduce si aportan sólo estética o también ética y profundidad, pues utiliza sin medida la cámara lentísima, casi congelada, y convierte el ímpetu y la ferocidad del espadazo en impronta o lienzo. Es discutible, pero también es efectivo y aparatoso. Toda adaptación de Shakespeare necesita, lo primero, escuchársele el verso, y en este sentido Fassbender lo borda, pues deja oír lo fastuoso del texto y deja que, además, sugiera toda esa trama sobre la irresistible atracción del poder, sobre los atajos que nos ofrece el destino para conseguirlo, sobre la cantidad de sangre o decencia que hay que derramar para tomarlos y sobre la fatalidad que aguarda como premio. Lo que hoy llamamos situación política. Michael Fassbender y Marion Cotillard ABC