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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA JUEVES, 24 DE DICIEMBRE DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO PASOK SÁNCHEZ Al PP lo aguarda un futuro difícil, pero arreglar el PSOE será un milagro E L viejo Fraga, que tendía a confundir la actividad cerebral con el movimiento constante, tenía sin embargo intuiciones de enorme lucidez. Una de ellas, su legado, fue unir bajo un único paraguas a todo el conservadurismo. Ciudadanos, invento que ya se está revelando estéril y del que falta por saber quién lo ha financiado, pues un partido estatal no se monta con tres duros, ha mellado aquel valioso jarrón fraguista. El voto de centroderecha se ha fragmentado. El segundo problema del PP es que se ha quedado antiguo ¡Arenas! ay, todavía en el balcón de Génova) y anémico ideológicamente, porque leer el Marca resulta más ameno que leer a Popper, pero luego pasa lo que pasa... Su tercer hándicap es que el público vota en gran medida a tenor de lo que ve en la televisión, donde mayormente hoy se abrasa al PP, por cortesía de un modelo ideado por el propio PP. Tras lo del domingo, Rajoy entra en fase crepuscular. Feijóo o Soraya, el que gane en lo que deberían ser ya unas primarias democráticas, lo tendrán muy difícil para alcanzar La Moncloa con comodidad (por lo dicho: el voto del centro- derecha se ha dividido y la televisión rema en contra) Pero aun así, lo suyo será un pícnic comparado con el panorama de Sánchez y el PSOE, que o giran de inmediato hacia la centralidad o van a repetir la historia del Pasok, el partido hegemónico griego que acabó en el chasis y en la irrelevancia. El pecado original de este PSOE se llama zapaterismo. A veces personas de mentes mediocres resultan las más nocivas, porque se aferran con la tenacidad del fanático a una única idea. La de Zapatero era sencilla: a sus ojos, cegados por el rencor de la represalia a su abuelo republicano, el PP era el heredero directo del franquismo, ergo se trataba de un partido ilegítimo, al que tocaba aislar y destruir. El PP ya no era un adversario. Era el enemigo. Sánchez es hijo de esa idea y ha mantenido al PSOE muy escorado a la izquierda, pensando erradamente que así frenaría a Podemos. Pero la historia enseña que los bolcheviques siempre derrotan a los mencheviques, porque cuando la moda va de radicalidad, la gente se queda siempre con lo más nuevo y genuinamente radical. Mintiendo y haciendo el ridículo, Sánchez habló el domingo de un resultado histórico del PSOE. La verdad es que ha obtenido 35 escaños menos de los que llevaron a Almunia a dimitir al instante. Ha empeorado la catástrofe de Rubalcaba. Se ha quedado a 1,7 millones de votos de un PP vapuleado por la corrupción y los sacrificios que exigió la crisis, cuando su objetivo era superarlo. Su encrucijada no tiene alternativa buena. Rehén de su radicalismo, no puede cumplir su deber con España y facilitar la estabilidad permitiendo que gobierne quien ganó. Por otra parte, su primer objetivo en la vida no es el bien de su país, sino su ego. Lo que anhela es un acuerdo a la valenciana y ser presidente con Podemos, nacionalistas... lo que toque. Pero ahí lo frena (por ahora) el bastión andaluz, que aún conserva sentido de Estado. Si Sánchez apoya a Rajoy, malo. Si no lo apoya, peor. Todo huele a elecciones anticipadas, donde con este muchacho el centenario PSOE continuará tenaz rumbo a su meta: el Pasok. CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC PACTO DE ESTADO El modelo está muerto. O pacto de Estado o final de partida. Afrontemos eso L O secundario no puede llevarse por delante lo principal. Lo secundario: los intereses clientelares de los partidos. Lo principal: la nación, en trance de ser destruida. En la noche electoral yo escribía que, a falta de acuerdo entre las tres fuerzas constitucionalistas (PP, C s y PSOE) para un gobierno de coalición amplia, Cataluña podría proclamar mañana mismo su independencia. Dije lo de mañana como hipérbole. Se publicó la columna el lunes. El martes, CUP y Juntos por el Sí cerraban su acuerdo. A falta sólo del refrendo asambleario del domingo, es hoy más que probable que el primer gobierno catalán independiente se constituya la semana próxima. No hay sorpresa. Ni el más necio desaprovecharía una ocasión así: con Madrid en sede vacante, el golpe de Estado en Barcelona puede desplegarse sobre la hipótesis óptima; y Mas alcanzará el sueño de quedar blindado frente a sus procedimientos penales; gratis. Cuando eso se consume la semana que viene, muy probablemente España habrá cerrado su ciclo histórico: no hay España sin Cataluña. Y los políticos que desde Madrid hayan hecho posible llegar a esa tragedia quedarán infamados para siempre. Sus nombres, en los libros de historia futuros, quedarán como sinónimo, aún más que de horror, de asombro para quienes deban analizar sus estrafalarios comportamientos y su primordial egoísmo. Sus nombres quedarán. Y sus identidades de partido. Nombres e identidades que sobrepusieron el peso de venales intereses privados a la existencia del país cuya constitución habían jurado defender. Con los datos de las elecciones a la vista, no existen en España hoy más que dos opciones: o bien la formación de un gobierno de unidad entre los tres grandes partidos todavía nacionales, o bien la inmediata convocatoria de elecciones. Sin la urgencia de la amenaza independentista de Mas y la CUP en Cataluña, cualquiera de ambas opciones sería por igual legítima. Con la proclama de esa independencia en puertas, el plazo de dos o tres meses de gobierno precario, que la convocatoria de elecciones exige, generaría un vacío de poder en cuyo caldo de cultivo la fractura triunfaría fatalmente. Ante una emergencia tan extrema, la pregunta se impone: ¿qué es lo que impide que una gran coalición, dotada de la mayoría necesaria para afrontar conflictos tan duros, pueda configurarse? No es fácil entender que la amenaza de secesión en una parte del territorio nacional no sea motivo suficiente para borrar cualesquiera diferencias. No es fácil entenderlo, al menos, en términos de estricta racionalidad política. Pero los partidos parecen jugar en un doble territorio muy vidrioso: el de las vagas mitologías y el de los concretos sueldos. Las viejas mitologías sobre las cuales funciona la confrontación metafórica entre izquierda y derecha no tienen hoy más soporte que el de un retórico anacronismo: un guerracivilismo que, al cabo de tres cuartos de siglo, mueve sólo a lástima. En lo material y, en especial, en lo económico los programas de los tres partidos son casi idénticos. No puede ser de otro modo: la economía de la UE se decide en Bruselas, no en Madrid. Por fortuna. Esas mitologías sirven para ocultar. Lo repugnante. Que la mayor parte de los políticos españoles son gentes sin más oficio que su cargo político. Perder el poder o reducirlo es, para los partidos, perder una multitud de sueldos: esos que pagan la fidelidad de la clientela. El modelo está muerto. O pacto de Estado o final de partida. Afrontemos eso.