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52 ESPAÑA Precampaña del 20- D A por el voto DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2015 abc. es espana ABC Actuaciones estelares Mariano Rajoy 14- 9- 2015. ANA ROSA (TELECINCO) 2- 12- 2015. BERTÍN OSBORNE (TVE) Pedro Sánchez 17- 9- 2014. SÁLVAME (TELECINCO) 28- 11- 2014. PLANETA CALLEJA (CUATRO) Su tour televisivo empezó en El programa de Ana Rosa 25- 11- 2015. TIEMPO DE JUEGO (COPE) Rajoy será el invitado de Osborne una semana después que Sánchez 12- 12- 2015. M. TERESA CAMPOS (T 5) Su llamada telefónica a Sálvame fue solo el aperitivo de su tour 17- 9- 2014. EL HORMIGUERO (ANTENA 3) Uno de los retos que asumió fue la subida al Peñón de Ifach 25- 11- 2015. BERTÍN OSBORNE (TVE) Primero estuvo en El Larguero (Ser) y después en la Cope En su campaña pasará por ¡Qué tiempo tan feliz! Completó su estreno televisivo en este programa de entretenimiento En septiembre estuvo con Ana Rosa, y este mes con Osborne El show no era solo de Truman Los políticos copan espacios hasta ahora reservados a Preysler o Pantoja MAYTE ALCARAZ MADRID Si Mariano Rajoy no fuera un hombre metódico no se levantaría todos los días a las siete ni haría cinta hasta las ocho menos cuarto ni se ducharía en un cuarto de hora. Si no fuera prudente, contaría en público que Jean- Claude Juncker le parece un bienqueda que Hollande es simpatiquísimo o que a Merkel le tuvo que decir, cuando le exigió que bajara más el déficit, algo así como Angela, si me pides que pierda 15 kilos de peso, no puedes exigirme que lo haga en una semana Si no fuera discreto, habría hecho público que en 2012 pasé las de Caín, sobre todo aquel jueves en que un grupo de listos nos reunimos en Moncloa para ver qué hacíamos para evitar el rescate Incluso si perdiera el pudor habría alardeado de que su hijo Mariano, de 15 años, hace vela, y bastante bien, en Valmayor y Alicante. Estos secretillos que el presidente solo contaba hasta hace poco en privado harían la boca agua a comunicadores como Bertín Osborne, Trancas y Barrancas, Jesús Calleja o María Teresa Campos, que desde un sofá, un hormiguero, una tirolina o el territorio Mocedades cincelan personajes listos para ser consumidos por la soberana y millonaria audiencia. Hasta el llamado presidente del plasma ha terminado saltando de la pantalla monolítica a nuestra sala de estar donde uno de esos sábados sacará a bailar a María Teresa Campos; destrozará, siguiendo el magisterio de Albert Rivera, alguna canción de Sabina; exprimirá, al estilo Pedro Sánchez, una naranja como si descubriera el origen del big bang; o se arrancará por Javier Krahe, con la poca gracia de Pablo Iglesias. Bajar al barro ¿A quién tienes la próxima semana? A Pablo Iglesias. A ver si conseguimos que venga aquí. La conversación se desarrolla hace una semana entre la presentadora de Qué tiempo tan feliz y Jorge Javier Vázquez. Campos presume de su próximo invitado y el conductor de Sál- vame quiere otra muesca en su revólver televisivo que sumar a la espontánea llamada de hace unos meses de Sánchez al programa de cotilleo de la sobremesa, para respaldar su cruzada antitaurina. Hasta anteayer, los partidos emergentes habían pelado los cables a la vieja política sentando en las tertulias a los aspirantes a presidir España. Donde antes había periodistas, ahora el share demandaba políticos que bajaran al barro. Pero desde hace unas semanas, estos nuevos usos se han quedado viejos: nuestros representantes no disputan ya una silla de análisis a los profesionales de la información. Puestos a ocupar horas de programación, los políticos han tirado la casa por la ventana: donde antes interesaban las deudas de Isabel Pantoja, las novias de Cayetano Rivera o las cremas de Isabel Preysler, ahora la audiencia demanda que Pedro Sánchez cuente cómo ligó con su mujer; Mariano Rajoy dé una colleja a su hijo En tu casa o en la mía Solo es necesario que el presidente del Gobierno acepte ir al programa de Bertín Osborne para que el líder socialista, Pedro Sánchez, cambie su agenda Banalización de la política Como Truman veía vecinos donde realmente había espectadores, la llamada nueva política confunde a los televidentes con los votantes en directo; Pablo Iglesias se suelte el pelo en la ducha; o Albert Rivera relate cómo ayudaba a su padre en el bazar familiar. Cuanto más frívolo y desinhibido se muestre el candidato a presidente o a diputado, menos obligado está a responder a marrones políticos como Cataluña, el yihadismo, la política fiscal o la unidad de España. Y, además, el efecto llamada está haciendo estragos. Solo es necesario que Rajoy acepte acudir al exitoso espacio de TVE, En tu casa o en la mía para que los asesores del líder del PSOE pongan patas arriba su agenda con tal de no perder la oportunidad en un medio al que el resto del año se le ha tachado de poco plural y afín al PP; si Rivera se atreve con el magazine de Campos, Iglesias no puede ser menos y prepara alguna canción de María Dolores Pradera para tararearla en plató; si Iceta se marca un baile electoral, el PP desempolva a Soraya Sáenz de Santamaría que descubre que donde realmente lo da todo es en la pista de baile y no los viernes en Moncloa. Carmena e Iglesias Y por si fuera poco, la banalización de nuestra vida pública ni siquiera cumple los estándares de la credibilidad. No es la vida en directo de Truman Burbank. La forzada simpatía de muchos de los nuevos sujetos televisivos resulta estupefaciente. Cuando las cámaras se apagan, algunos