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36 CÓRDOBA DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2015 cordoba. abc. es ABC Rojos y azules LA HISTORIETA DE CÓRDOBA POR JAVIER TAFUR Y VIC CÓRDOBA En pocos lugares se mataron los españoles con la prontitud, el denuedo y la insistencia que aquí N pocos sitios se mataron los españoles con la prontitud, el denuedo y la insistencia que mostraron en Córdoba. El frente del norte se ciñó a Los Pedroches con dureza granítica. Por cientos de metros de tierra de nadie, miles de hombres cayeron al pie de trincheras casi inamovibles durante los tres años de guerra. Asaltos que rara vez superaban la categoría de amagos, dejaban su fluir diario de sangre gratuita. Treinta, cuarenta, cincuenta soldados perdían la vida cada jornada entre disparos rutinarios donde solo se jugaba la honrilla personal de haber dado muerte a un enemigo. A alguno le volaron la cabeza por la imprudencia de pasearla enhiesta a la vista de la línea contraria, como si se tratase de la pieza desprevenida que cazara un furtivo. En el sur los enfrentamientos duraron menos tiempo, pero fueron tenaces. En apenas unos meses ya estaban la campiña y las sierras meridionales en manos de los nacionales. Hasta ese momento, los pueblos cambiaban de bando dos y tres veces, pagando su sanguinario impuesto represivo en cada ocasión. En uno de los trances moriría supuestamente el miliciano de la controvertida fotografía de Robert Capa, tomada, en cualquier caso, en las cercanías de Espejo y no en Cerro Muriano, como se creyó hasta hace unos años. El alzamiento triunfo inicialmente en 48 municipios, de los 75 de la provincia, aunque la reacción de los comités obreros y campesinos no se hizo esperar y devolvió en días a muchos de ellos a la teórica obediencia de Madrid. Asimismo, la columna del general Miaja recuperó toda la zona norte y consolidó las posiciones repu- E blicanas del valle del Guadalquivir en militar de este partido judicial y de los torno a la capital, que no llegó a ser to- cercanos tras la contienda, nos dejó mada, pese a estar prácticamente des- unas sencillas páginas- -en algún moguarnecida, por el aplomo de Cascajo, mento conmovedoras- -sobre su exla indecisión de Miaja y la multiplica- periencia, de las que merece la pena da y contundente acción de la entresacar estas palabras: Veo reducida pero eficaz aviaconductas de nuestra parte ción nacional. Luego sembradoras de nuevas vino el avance de los discordias al burlar los Golpe sublevados, que con preceptos de las leyes El alzamiento columnas procesociales protectoras triunfó dentes de Sevilla y de una clase a la que Córdoba recobrafalta de todo, en beinicialmente en 48 ron el terreno perneficio de otra clase de los 75 dido en el sur y esa la que todo le sobra, municipios de tabilizaron el freny ante este contraste, la provincia te norte hasta el el dolor del sacrificio desenlace final del 39. me duele más, porque lo Manuel Cuvillo Jimépeor del sacrificio es que nez, que había perdido a su sea estéril Nada que ver, en mujer y a tres hijos pequeños salvael tacto y en el sincero mea culpa, con jemente asesinados por los campesi- las que nos ilustra un prestigioso hisnos anarquistas en el convento de San toriador cordobés, refiriéndose a los Francisco de Baena (donde también mismos asesinatos antedichos: En la columna nacional de Buruaga fusi- cuanto a la leyenda del salvajismo de ló a destajo) y fuera nombrado juez los hachazos, es cierto que se usaron hachas (en Baena) como ya se había hecho en Posadas, Almodóvar del Río, etcétera, pero la razón última de este procedimiento no era otra que la escasez de armas de fuego entre el elemento obrero Lo que supone, en verdad, una delirante, sectaria y descarnada justificación última de una posición ideológica. En realidad, en ninguna parte combatieron nacionales y republicanos. Siempre lo hicieron rojos y azules. Estas tintadas camuflaron cualquier otra consideración. Fueron muchos los republicanos y los nacionales que cayeron por el reduccionismo de las ideas y la iniquidad propia. Es algo que no deberían olvidar los que ahora vuelven a simplificar los hechos con las medias verdades de la memoria histórica. Resulta esperanzador, en todo caso, que sean muchos más los vecinos de cada pueblo violentado que prudentemente entierran la suya, desde hace tiempo, en la fosa común de la reconciliación.