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ABC DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2015 abc. es PRIMER PLANO 19 NADA (O ES MUCHO) avanzados. El desarrollo de los transportes, que ha contribuido a acercar la España rural y la urbana, la divulgación de ideas nuevas a través de la televisión y otros canales de comunicación, o la liberación de la mujer, han sido otros grandes hitos. No ha sido una transformación del todo armoniosa: ha habido frenazos y acelerones, euforia y crisis, pero el balance global es más que positivo a la España de 2015 camente nos imponía el atormentado relieve de la península, ahora nos esforzamos en levantar las barreras ideológicas de las autonomías y nos empeñamos en buscar hechos diferenciales que nos distingan y separen del vecino. En estos cuarenta años la sociedad se ha adelantado a los políticos, como suele suceder. Tres factores heredados de los años sesenta han contribuido a modernizarla: el contacto con otras sociedades europeas más avanzadas (posibilitado por la recepción de millones de turistas y la exportación de millones de obreros) y la divulgación de ideas nuevas que aportaba la televisión, especialmente a esa España agrícola tradicionalmente aislada de la urbana. A la modernización también ha contribuido decisivamente la liberación de la mujer, que, a su vez, se ha visto favorecida por dos factores: la aparición de la píldora (que la liberó sexualmente) y su incorporación al mundo del trabajo (que la liberó económicamente) Observadores extranjeros coinciden en asombrarse de la rapidez con que los españoles nos hemos desembarazado de los viejos prejuicios que encadenaban a la sociedad tradicional: del culto a la virginidad pasamos casi sin transición al amor libre; del matrimonio sacramentado y vitalicio, al divorcio, al matrimonio civil y a la simple convivencia, aceptada ya como lo más natural incluso en las familias más tradicionales. Sumemos a esto que la homosexualidad, antes ilegal y socialmente perseguida, se tolera y hasta se aplaude, incluso más que en el resto de Europa. Lo mismo puede decirse del aborto de adolescentes sin permiso paterno y del matrimonio gay. Todo ese cataclismo ideológico no podía ocurrir sin que se resintieran los lazos interfamiliares. En este tiempo se han sucedido tres generaciones: la primera, aquella del franquismo que emigraba del campo a la ciudad y que fue capaz de aplazar su bienestar para trasladarlo a sus hijos Yo me sacrifico para darles estudios, para que no tengan que sufrir lo que he sufrido yo, para que sean alguien en la vida La segunda generación fue la de los hijos contestatarios, los de barba indócil, trenka y falda hippy de mercadillo que se emancipaban prematuramente de una familia autoritaria para instalar nido aparte con cuatro cojines en el suelo y el póster del Che Guevara en la pared (todavía no se conocía que el apóstol revolucionario ejecutó a prisioneros para ver qué se siente al matar a un hombre) Así es el Nudo de Manoteras hoy (en la M- 30) A la derecha, la portada de ABC (28 de noviembre) cuarenta años después: España se entrega al black friday La tercera generación es la de los hijos que nacen acunados por el Estado del bienestar, independizados, consumistas y hedonistas, la generación de los ni- ni que en sus casos más extremos produce jóvenes eternos que pretenden vivir de los padres hasta que puedan vivir de los hijos. La constatación de esta casta social no nos debe ocultar la existencia de otra de jóvenes sobradamente preparados, incluso con doctorados y másters, que sirven cervezas en los chiringuitos playeros o desempeñan empleos basura mientras ciudadanos que no alcanzaron el graduado escolar gobiernan la nación desde el Congreso de los Diputados o simplemente ponen el cazo en el Senado o en algunas diputaciones. En la cercanía de la entrañable Navidad es conveniente señalar que aquella España sociológicamente católica que aún coleaba hace cuarenta años se ha convertido a la nueva religión que nos ocupa en estos días: el consumis- mo. Los fieles han desertado de los templos para abarrotar, con fervor neocatecúmeno, hipermercados, centros comerciales y mercadillos al aire libre. Los jefes de ventas, sacerdotes de la nueva religión que tiene por profetas a economistas a sueldo de multinacionales, nos ofrecen la felicidad en cómodos plazos. Yo también les deseo una Feliz Navidad.