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18 PRIMER PLANO LA GRAN TRANSFORMACIÓN DE ESPAÑA DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2015 abc. es ABC 1975- 2015 CUARENTA AÑOS NO ES Desde la muerte de Franco hasta nuestros días la sociedad española ha experimentado una profunda transformación económica, social y política, sin duda la mayor que se recuerda en un JUAN ESLAVA GALÁN periodo histórico de similar duración. En estos cuarenta años, la sociedad se ha adelantado a los políticos, como suele suceder, y se ha modernizado con la vista puesta en los modelos europeos más C uando aconteció el hecho biológico inevitable (aquel eufemismo con el que se aludía a la muerte de Franco) las dos Españas machadianas se dividieron entre la euforia y la pena, pero coincidieron en un sentimiento: la incertidumbre ante el futuro. ¿Qué va a pasar ahora? Afortunadamente los últimos años del franquismo habían generado una potente y timorata clase media que alejaba a la sociedad española de cualquier extremismo. Un consenso nacional, nacido del sentido común, demandaba nuestro pacífico ingreso en el club de las democracias occidentales. Eso implicaba reconocimiento de la soberanía popular, inviolabilidad de los derechos individuales y representación de los ciudadanos en un parlamento democrático bicameral, elegido por sufragio universal, directo y secreto. España necesitaba el amparo legal de una nueva Constitución. Conscientes de esa demanda popular, los políticos reajustaron sus ideologías para acercarse al centro sociológico: los franquistas se convirtieron en liberales de toda la vida, los monárquicos juanistas amanecieron juancarlistas; los estalinistas mutaron en eurocomunistas; los mantenedores del Movimiento se refundaron como socialdemócratas y los anarquistas desampararon las viejas banderas libertarias para acogerse a las izquierdas moderadas. De pronto el apolítico ciudadano español se interesaba por la política, lo que, sumado a su inexperiencia democrática, provocó un preocupante sarpullido de partidos políticos que aconsejó la adopción de la ley electoral de D Hondt, el sistema que favorece la creación de mayorías y gobiernos estables. Lo malo fue que, con ese factor de estabilidad que parecía garante de un futuro sin sobresaltos, se matuteó el virus que a la larga amenazaría con destruir al Estado: los partidos minoritarios (o sea los separatistas, catalán y vasco) podrían chantajear al partido de ámbito nacional que necesitara sus votos para formar Gobierno. Casi peor que ese vicio de origen fue el otro, también provocado por la existencia de reivindicaciones particula- res: si la dictadura franquista había sido una anomalía en la historia de España, cerrado su paréntesis parecía razonable devolver a vascos y catalanes los estatutos de los que disfrutaron con la Segunda República. Las otras regiones protestaron ante esa posibilidad: ¿No somos democracia? Pues todos iguales. Y políticos inexpertos suscribieron el café para todos que fragmentó el territorio nacional en diecisiete autonomías, los terceros reinos de taifas de nuestra historia. El lastre autonómico De la noche a la mañana surgieron diecisiete estados algunos de ellos sin siquiera haberlo solicitado, con sus banderas, sus rasgos diferenciales, sus parlamentos, sus gobiernos, sus presidentes, sus consejeros, sus policías, sus cuerpos de bomberos... diecisiete burocracias parasitarias que, añadidas a la del Estado central, resultarían a la larga un pesadísimo lastre sobre la espalda del sufrido contribuyente. Tarradellas, hombre de experiencia y oficio, percibió que sus colegas habían creado un monstruo ingobernable y profetizó: El sistema autonómico se ha desmadrado esto es Jauja, eso no puede funcionar bien La parte positiva del advenimiento de la democracia fue que España se reintegró en Europa de la que por circunstancias históricas llevaba dos siglos divorciada. Incluso pasó la prueba de fuego de un gobierno socialista estable que le concedería el marchamo de normalidad necesario para que los socios europeos le abrieran las puertas. España ingresó en la OTAN, lo que contribuyó a la modernización del Ejército, y en la Comunidad Europea, lo que le brindó (especialmente a sus regiones más deprimidas) el maná de unos Fondos Estruc- De la España de 1975... Cuatro meses después de la inauguración del Nudo de Manoteras, en Madrid (arriba) Don Juan Carlos era proclamado Rey Desafíos territoriales Cuando nos hemos dotado de autopistas y ferrocarriles para liberarnos de una incomunicación histórica, ahora son las fronteras ideológicas las que nos separan Rendidos al consumismo Aquella España sociológicamente católica que aún coleaba hace cuarenta años se ha convertido a la nueva religión que nos ocupa en estos días: el consumismo turales comparables a aquel río de oro y plata americano que en tiempos imperiales llovió sobre España. Lo malo fue que la inexperta democracia no generó a tiempo anticuerpos que la libraran de la corrupción, una septicemia que nos abocará pronto a la más descarada cleptocracia si no somos capaces de ponerle remedio. En este tiempo la sociedad española ha experimentado una profunda transformación económica, social y política, sin duda la mayor que se recuerda en periodo histórico alguno de duración similar. No ha sido armoniosa como hubiera sido deseable, sino un poco disonante, con frenazos y acelerones, con periodos de euforia, cuando los fondos comunitarios estimulaban nuestro desarrollo, y periodos de depresión, que nos han puesto al borde del rescate en plena crisis monetaria internacional. Lo curioso ha sido que cuando nos hemos dotado de autopistas y modernos ferrocarriles que nos liberan de la incomunicación regional que históri-