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ABC DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2015 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC EL ESTILITA JAVIER TAFUR TONTOS DE HOSPITAL El problema de los centros sanitarios es que están en manos de contables que sustituyen el aceite de oliva por girasol y tan anchos L PRETÉRITO IMPERFECTO FRANCISCO J. POYATO EL DESAHUCIO DE COSMOS La polémica sobre la cementera es un serio aviso a navegantes: cobre y joyería L a decisión está tomada. Ha dicho el alcalde a tiempo parcial, Pedro García. Responde a un mandato democrático ha refrendado la otra alcaldesa eventual, María Isabel Ambrosio, que sigue más enfrascada en la hermenéutica y semiótica de la democracia que en lo que significa en la práctica gobernar un ayuntamiento. La polémica sobre la incineración de residuos por la cementera Cosmos (antigua Asland) es en el fondo un aviso a navegantes. La consecución de su cierre, en ninguna cabeza con dos dedos de frente cabe pensar que una multinacional brasileña se va a gastar un pastizal en Córdoba para trasladar la planta de la joroba al vertedero del Lobatón, pone el foco de inmediato en la primera industria de la ciudad y la provincia: el cobre. Y en segundo término, en la que en tiempos fue la joya de la corona: la orfebrería. El listón se está poniendo muy alto, y conlleva serios riesgos, en la exigencia y el postureo. O muy bajo, en el caso de quienes toman las decisiones que nos afectan a todos. Como siempre, en esta ciudad no hay término medio. A prácticas ambientales en la joyería no nos ha ganado nadie en décadas. Y ya tuvimos un episodio de plataforma y contaminación en el polo del cobre. Vaya anotando posibles mandatos democráticos doña María Isabel. La empresa lo ha dicho muy claro. Sin la posibilidad de usar como materia prima residuos- -unas pastillas que nos ha mostrado y que concentran los desechos objeto de la polémica- su competitividad es nula frente al resto del sector. Lo que unido a la crisis inmobiliaria le aboca al cierre y a la pérdida de empleos que desempeñan las personas a las que, de corazón, defendía la alcaldesa eventual en su ambrosía de investidura. Con ellos ahorra costes y no cabe duda de que puede tener ingresos extra. No se trata de un chantaje emocional como apelan los colectivos de la plataforma que se opone a esta fábrica, es una realidad de desempleo más que alguien tendrá que explicarle a la ciudad y a esas familias. El debate de las políticas de residuos, que no es nuevo y es un negocio (como todo) ha abierto la puerta a la incineración como método para reducir el uso de los vertederos. Por cierto, asignatura pendiente la del Ayuntamiento con respecto al conglomerado de El Lobatón, a la sazón centro de maniobras políticas que tan bien conoce IU. España está obligada a dirigirse hacia el cierre de estos vertederos. Noruega o Dinamarca, el Edén para muchos de los integrantes de esta plataforma, mantienen niveles de incineración superiores a los nuestros. En este contexto, a nadie se le debe escapar que en esta ciudad, incluyendo al movimiento de algunos ciudadano, se aprobó en 2001 por unánime unanimidad (sic) un Plan General de Ordenación Urbana que ya dejaba la puerta abierta a situar fuera de ordenación a la cementera- -no entiendo la sobreactuación de la casta urbanística ahora- pero que no puso ninguna cortapisa de facto a la misma. Tampoco hay que olvidar que en 2007, otro gobierno de IU y PSOE otorgó el certificado de idoneidad de planeamiento urbanístico a la fábrica con el que ésta logró después la Autorización Ambiental Integrada de la Junta para quemar residuos. Por cierto, la cabeza visible del Gobierno andaluz en Córdoba entonces era... doña María Isabel. Todos de perfil, hasta el PP, que en esa excitación que producen las campañas electorales firmó un compromiso con el resto de partidos subestimando el alcance del mismo. Lo hizo creyente de que seguiría en Capitulares y para controlar un fuego; PSOE e IU lo rubricaron porque entendían que sería una buena arma arrojadiza en la oposición. Y ya ven lo que pasó después. La decisión está tomada en el desahucio de Cosmos. Como en otros que ya se han perfilado. Un nuevo ejemplo de seguridad jurídica, estabilidad política y atractivo para todo el que nos sigue viendo desde fuera con ojos de espanto. OS tontos de Reina Sofía- -hay tontos en todas partes, incluso en este hospital, donde debían ser trasplantados cuanto antes- -han vuelto, refunfuñando, al aceite de oliva. Volver al aceite de oliva, en Córdoba, es como volver a la madre. Las esencias, las tradiciones, las cosas nuestras no lo son todo, pero imagínense lo que somos, ante el crédito foráneo, sin ellas. Una oveja negra es lo que es, aunque vaya disfrazada de nutricionista. Y un hijo pródigo también, aunque se le suba el tupé al alto oleico. En el Reina Sofía han cejado en su empeño de endilgarnos el aceite de girasol, pese a que discernieran que, como ni sabe, ni huele, ni tiene color, sería un placebo apto para todo el mundo, o sea, para los tontos en general, que somos los usuarios en particular, sin pensar en que- -en esta ciudad- -hasta los tontos tenemos paladar, al menos los de pueblo y para el aceite. Lo cierto es que a ellos les importa una higa las características organolépticas o similares del aceite de girasol. Lo que les interesa es que es más barato. La Junta de Andalucía hace recortes de múltiples maneras. Ora no cubre plazas vacantes, ora no contrata sustitutos, ora cierra un ala entera de camas de un centro hospitalario, ora sustituye el aceite de oliva- -símbolo de la tierra andaluza, la de los aceituneros altivos de Hernández- -por el aceite de girasol, cuyo mejor destino- -si no fuera tan contaminante- -sería el de biodiesel. La responsable, al parecer, del desaguisado- -dicho sea en este caso con toda propiedad ha sido la subdirectora de Servicios Generales del Área de Hostelería (cuanto más empigorotado sea el nombre del cargo, más inane será su labor) que se supone que debería ser una cocinera o similar, pero lo más probable- -dado el deterioro general del sentido común- -es que el puesto esté en manos de una economista, a la que solo le preocupará el sofrito cuando haya de comérselo en un restaurante. El problema de los hospitales es que están en manos de contables, que son de quienes se fían los políticos (sus razones tendrán) o de médicos que prefieren un balance a una historia clínica (sus razones tendrán también) Al cabo, los administradores sanitarios suelen ser un peligro público para la sanidad. No lo digo yo, lo dice Comisiones Obreras: El sistema sanitario público se está destruyendo a paso de gigante y los pésimos gestores de nuestra sanidad pública están poniendo en bandeja las externalizaciones y privatizaciones Tampoco iremos tan lejos. De tres proyectos privados de hospital que en la ciudad había, la expectativa se ha reducido a uno y ya veremos. Lo privado en Córdoba nunca ha salido de sí mismo. Si acaso en las tabernas. Y ni siquiera en ellas tenemos garantizado que lo que venga sea aceite de oliva...