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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO PACIFISMO EN GUERRA Sánchez, que sopesó abolir Defensa, exige que nos sumemos a una coalición que aún no existe ESDE la lucha contra el nazismo, Estados Unidos ha sido siempre quien le ha sacado las castañas del fuego a Occidente y ha preservado sus libertades. Pero ahora el patrullero mundial que nos hacía el trabajo sucio ha decidido permanecer acantonado en su comisaría y los europeos corremos como pollos sin cabeza, incapaces de cerrar una estrategia firme e inmediata contra un terrorismo psicótico que florece a solo tres horas de avión de Roma. Obama, un cantamañanas en Oriente Medio, proclama con sus gastados trucos oratorios que hay que acabar con Estado Islámico, pero no impulsa una acción decidida. Al fin y al cabo, es el presidente que firmó la atolondrada retirada de Irak, simiente del caos actual, y además sabe que las arcas estadounidenses ya no dan para ejercer la gendarmería mundial. En 2003, George Bush aterrizó en el portaaviones Abraham Lincoln disfrazado de piloto para proclamar la victoria en Irak. Hoy el avispero está más agitado que nunca, tras una intervención que costó a Estados Unidos 816.000 millones de dólares (a los que hay que sumar 490.000 de la campaña de Afganistán) Guerras a crédito, con intereses que pesan como una losa, que ni la primera potencia puede asumir. Toda persona con conciencia y un dedo de frente desea que se extirpe de inmediato a EI, cantera de genocidas y una peste para sus propios vecinos. Hollande, que ha sido un presidente muy flojito, se ha puesto al frente de la misión diplomática para armar una coalición que liquide a Daesh. Era su deber tras la herida de Francia, pero los resultados no llegan. El gran Barack sigue en su escapismo dialéctico y no pondrá ni botas ni más dólares. El Reino Unido todavía no ha votado si bombardea en Siria y el tema ya rompe al laborismo, incluso existen opositores en filas de Cameron. Renzi vio a Hollande, pero se escaqueó alegando que ya hay muchos soldados italianos por ahí. Merkel envía unos aviones de vigilancia, pero tampoco baja a la refriega. Rusia bombardea a quién no toca, en vez de a Daesh, y Turquía mantiene un turbio doble juego. Con este panorama, ¿quién debe ponerse en vanguardia del ataque? Pues Mariano I el Conquistador, al que partidos y medios que fueron paladines del No a la guerra apremian con evidente afán electoralista para que sume a España a una coalición que todavía no existe. Destaca una vez más por sus principios de goma el señor Sánchez: ha pasado de sopesar suprimir Defensa a exigir al Gobierno que se moje ya en la guerra, pero no aclara la posición del PSOE. Como sucede siempre en España, se soslaya además toda consideración económica (estar en Afganistán era necesario, pero costó 3.500 millones) España debe luchar contra Daesh, por supuesto, pero explicando lo que supone para un país cuya deuda pública ronda el 100 del PIB y dentro de un plan concreto, detallado y ganador. Enviar doce cazas para quedar bien a 20 días de unas elecciones solo sirve para que los que hoy reclaman acción a Rajoy monten un nuevo No a la Guerra el clavo ardiendo que buscan el PSOE y su prensa global cuando todo indica que Rivera los hundirá en la tercera plaza. ¿Combatir contra Daesh? Sí, pero en serio y cuando toque. D LA FERIA DE LAS VANIDADES FRANCISCO ROBLES LAS REBAJAS POLÍTICAS Si seguimos en este tono, dentro de poco los partidos presentarán como candidatos a los que sostienen la banalidad actual L tradicional Black Friday se queda en pañales. Decimos tradicional porque en esta sociedad posmoderna, líquida hasta el límite con lo gaseoso, cualquier costumbre importada o impostada pasa a ser algo tradicional en cuanto se repite dos o tres veces. A la política le pasa lo mismo que al Viernes Negro, traducción que no triunfa de momento ante el anglicanismo, Carmen Calvo dixit... et Pixie. Aquella ministra de Cultura que confundió el verbo latino con el ratoncito de los dibujos animados podría ser uno de los iconos- -palabra repetida hasta la saciedad por los posmodernos- -de estas rebajas que llegaron a la política hace tiempo y que ahora van camino de convertirse en un saldo. En menos de un siglo hemos pasado del debate sobre Cataluña que entablaron Azaña y Ortega y Gasset, a la entrevista de Bertín Osborne a Pedro Sánchez. De aquellos argumentos que quedaron registrados en un libro impagable donde se recogen aquellos discursos sin papeles, al tabasco que Bertín le pone a la cerveza que Sánchez se bebe para parecer un tipo guay. De las glosas que Castelar enjaretaba cuando cogía la cita de un clásico, a los comentarios de Rajoy sobre la peligrosidad que tiene, por la izquierda, un jugador del Real E Madrid. De los afinados y afilados argumentos dialécticos, a las consignas de aplauso fácil que convierten a los líderes de Ciudadanos y Podemos en dos figurantes de Sálvame. Y encima hay gente que le llama a todo esto cercanía. Como si la política fuera un mercadillo donde hay que ganarse al cliente como sea. Como si la forma de recaudar los impuestos y de vertebrar el gasto público fuera algo aburrido que no le interesara a nadie. ¿Prefieres la versión de Rajoy sobre la debilidad defensiva del Real Madrid o la cerveza con tabasco que se bebió Pedro Sánchez? ¿Qué te pone más a la hora de votar, la chaqueta ceñida de Rivera o la camisa remangada de Iglesias? Si seguimos en este tono, dentro de poco los partidos presentarán como candidatos a los que sostienen la banalidad actual. Votaremos directamente a Rafa Benítez o a Florentino, a Luis Enrique o a Guardiola, a Bertín Osborne o a Jorge Javier Vázquez. Y en Andalucía, a Juan Imedio. Esto podría parecer liviano si viviéramos en una época de ligereza política y económica, si el mundo no estuviera asomándose al precipicio de una guerra mundial, si la capital de Europa no se hubiera tirado varios días tomada por el miedo, si no existiera un estado islámico y apócrifo que quiere destruirnos a nosotros y a la civilización que hemos construido tras siglos de sangre, sudor y lágrimas, de humanismo cristiano y de racionalismo científico. Esto podría ser hasta gracioso si no anduviéramos por el filo de esa navaja barbera que es la crisis económica que corta la sociedad en dos. Esto es una tragedia moral e intelectual que jamás denunciarán los que viven en el caldo amniótico de la demagogia infantiloide. Todos somos iguales, de lo cual se infiere que hay que igualar por abajo. Discursos apropiados para el anuncio de una lata de atún o de una compresa. Debates donde gana el que más aplausos arranca después de gritar una consigna chapucera. Líderes comentando partidos de fútbol o echando el rato en la casa de un presentador de televisión. ¿Ideas? ¿Planes? ¿Proyectos? Eso se queda para los que siguen a Ortega y para los que prefieren a Gasset.