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ABC DOMINGO, 25 DE OCTUBRE DE 2015 cordoba. abc. es CÓRDOBA 37 Contramiradas espiritual puede ser beberte un vino como sentarte a meditar. Depende. ¿Tengo influencia del pensamiento oriental? Indiscutiblemente sí. Y eso es algo que se ve en mi obra. ¿Qué Antonio Álamo perdura de la Breve historia de la inmortalidad -He cambiado, sí. A mi primera novela le tengo un extraordinario aprecio aunque solo sea por lo bien que lo pasé escribiéndola. La novela tiene un cierto tono irónico. ¿De qué nos salva la ironía? -Es una forma de ver al ser humano y nos permite distanciarnos y sonreír. ¿Sonríe usted mucho? -Depende de la época. Pero creo que es deseable que toda nuestra auto importancia y seriedad vuele por los aires. Decía Ionesco que el humor es libertad. -Usted declaró que uno mismo es el mejor crítico ¿Se fustiga mucho? -Si he dicho eso no sería ahora capaz de afirmarlo. Decir que yo soy mi mejor crítico me parece petulante. Y me fustigo bastante. Fustigarse es una malísima estrategia para escribir. Nos puede bloquear. ¿Cómo metaboliza las críticas? -Depende de dónde provengan. Al final, uno acaba siendo un poco inmune. -En Los borrachos y Los enfermos disecciona usted el delirio del poder en la Segunda Guerra Mundial. ¿Europa ha aprendido la lección? -Se ve que no. No hace mucho hubo otra guerra en el centro de Europa. Y eso es lo que se intentó evitar. ¿La creación es un acto de resistencia o de vanidad? -Quizás no sean conceptos tan antitéticos como se podría pensar. A veces, puede parecer que cultivamos el yo pero lo que conseguimos es diluirlo. Decía Cervantes que lo que se sabe sentir se sabe expresar. Cuando uno tiene un sentimiento prístino y es capaz de compartirlo tal vez no sea un acto de vanidad. ¿Y cómo se lleva con su ego? -Aquí voy tirando. Como todos. Los clásicos Torrente Ballester dijo que mi primera novela estaba emparentada con el Quijote. Algo de eso hay Creación A veces escribir no es nada más que una larga espera. Hasta que, al final, una frase nos pone en camino Retiro En las Alpujarras vivía en un cortijo sin luz. Y allí un vasito de vino nos costaba 15 pesetas. Con 50 cogías una cogorza Lluvia de premios Su primera novela, Breve historia de la inmortalidad ya obtuvo el premio Lengua de Trapo. Luego, han venido otros muchos reconocimientos: el Premio Jaén de novela por El incendio del paraíso el Marqués de Bradomín de teatro por La oreja izquierda de Van Goth el Tirso de Molina por Los Borrachos que también fue finalista del Nacional de Literatura; el Premio Born por Los enfermos o el Premio Palencia por Pasos Y ahora acaba de estrenar Juanita Calamidad con la compañía Chirigóticas. FOTOS: ROCÍO RUZ de mis trabajos intento ser otro. No repetirme. ¿En literatura es posible escapar de uno mismo? -Ese es uno de los rasgos del escritor. Ser capaz de encarnar vidas distintas. ¿Y en todas se siente cómodo? -Sí, aunque tenga pesadillas. -También hemos leído sobre usted: Aguda reflexión sobre el poder y el comportamiento humano -Seguro que se refiere a la trilogía de Los borrachos Los enfermos y Yo, Satán Es una especie de reflexión sobre un abanico distinto de poderes. ¿Y cómo se lleva usted con el poder? -Como todos. Resistiéndome a él. ¿Hay que desconfiar del poder? -Por supuesto. ¿Lo de España da para un drama o para una comedia? -Desde un punto de vista humano hay mucho drama. Obviamente. Aunque a veces se tiñe de comedia. Lo que nos lleva a pensar que la comedia es una tragedia que uno no se atreve a terminar. ¿Qué premio le hace justicia? -Todos los premios son valiosos. Hubo una época en que con cada premio compraba la libertad de escribir la siguiente obra. Con el primero, el Marqués de Bradomín, estaba viviendo en las Alpujarras en un cortijo sin luz. Gastaba lo menos posible. Era medio millón de pesetas y en aquella época me permitió un año entero de libertad sin tener que hacer ningún trabajo alimenticio. Me pude permitir el lujo de poder escribir Los borrachos ¿Y qué fue a buscar a las Alpujarras? -Supongo que lo mismo que en La India: libertad para seguir escribiendo. Son lugares donde uno gasta poco y puedes vivir con lo mínimo. En Londres vivía de ocupa y no pagaba nada. La India era un país muy barato y vivías con 25 pesetas diarias. Y en las Alpujarras un vasito de vino nos costaba 15 pesetas. Así que con 50 se cogía una buena cogorza. ¿A las Alpujarras iba solo por beber vino más barato o en viaje espiritual? -Lo del vino barato es una broma. Tan