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36 CÓRDOBA Contramiradas DOMINGO, 25 DE OCTUBRE DE 2015 cordoba. abc. es ABC Tienes que sentarte a diario para ver si ese día eres escritor o engañifa Autor teatral y novelista De Córdoba a Madrid, de Madrid a Sevilla, de Sevilla a Londres, de Londres a la India, de la India a la Alpujarra. Este es el tránsito de un escritor que le cuesta echar el ancla y que proclama que su raíz es el idioma. Con los premios he comprado libertad sostiene Antonio Álamo Antonio Álamo, esta semana, en una imagen de Sevilla ARISTÓTELES MORENO D E Córdoba recuerda un terremoto nocturno que lo sacó de la cama cuando era un niño y lo empujó a la calle en pijama. En aquellos años, vivía en la barriada de Electromecánicas, donde su padre había sido destinado por razones profesionales. Luego, sus progenitores emigraron a Madrid y, ya con 17 años, se instaló en Sevilla, donde estudió Derecho. Hoy Antonio Álamo (Córdoba, 1964) es un reconocido dramaturgo y novelista, acreedor de media docena de premios de prestigio. Ahora reside en la capital de la Giralda, aunque su biografía se ha escrito a caballo de Londres, la India y las Alpujarras. A través del teléfono, se le percibe cordial e irónico. ¿Qué ha buscado usted en la escritura? -Lo primero pagar las facturas. Y cada viaje literario ha supuesto un viaje vital. La persona que empieza una novela es distinta de la persona que la acaba. -Cada libro le hace crecer. -O disminuir. No lo sé. Pero uno sale con mayor conciencia. Antonio Álamo abandonó Córdoba siendo un niño y luego ha regresado de forma intermitente para apuntalar algún dato de la ciudad que se ha colado en alguna de sus obras. Me gusta decir que soy de aquí declara. Estudió Derecho en Sevilla con la absoluta conciencia de que jamás se iba dedicar al mundo jurídico. Cuando terminó, se instaló en una casa ocupa de Londres y en aquel contexto agitado de los ochenta situó su Breve historia de la inmortalidad la primera novela que salió de su puño y letra. Torrente Ballester, muchos años después, encajó la obra en la tradición quijotesca. El caso es que Antonio Ála- mo, desde entonces, ya no ha hecho otra cosa que escribir y dirigir teatro. Tomé consciencia de escritor de una forma fatua admite al otro lado de la línea. Casi desde el primer instante dije que era escritor y me presentaba como tal. Ridículo para una persona que casi no había escrito nada y lo que había escrito era bastante indeseable. Pero me sentía escritor. A veces escribir es fácil como respirar y, en otros casos, una tarea abocada al fracaso. Uno tiene que sentarse todos los días para comprobar si ese día es un escritor o una engañifa ¿Todos los días? -Sí, claro. Es una disciplina que, cuando las cosas van bien, no exige disciplina. A veces escribir no es nada más que una larga espera. Hasta que al final brota esa frase que nos pone en camino. ¿Y qué hace un licenciado de Derecho como usted en un universo literario como este? -Yo hice Derecho por una cuestión bastante frívola. Tenía el convencimiento de ser escritor pero cuando lo dije en casa me preguntaron: Pero, vamos a ver, ¿tú conoces algún escritor? Ciertamente no conocía a ninguno. Alguno de mis escritores favoritos había hecho Derecho. Pensaba en Valle Inclán, en Lorca, en Cela, en Torrente Ballester o en Delibes. Y si a ellos no les había jodido el Derecho a mí tampoco. ¿Es Antonio Álamo un autor teatral que escribe novelas o viceversa? -Últimamente soy autor teatral que ha escrito novelas. Sigo insistiendo en la narrativa. Es una pasión complementaria. Te exige soledad y trabajo continuado. El teatro permite compartir las palabras con los otros. Con los actores o con el director. Es un trabajo más colaborativo y lo vivo como una fiesta. -Hemos leído de usted lo siguiente: Antonio Álamo tiene estilo propio ¿Qué estilo? -Se supone que el estilo es aquello de lo que uno no puede escapar. Yo no cultivo de forma consciente un estilo. Aunque hay algunas de mis obras que parecen gemelas, hay otras que aparentemente son muy distintas. En cada uno