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32 CÓRDOBA Contramiradas Carlos Recio, el pasado martes en el espacio cultural Modo, ubicado en la Pérgola DOMINGO, 11 DE OCTUBRE DE 2015 cordoba. abc. es ABC Carlos Recio En África se me morían tres niños cada día Voluntario de Médicos sin Fronteras A su consulta llegan cada mañana cuarenta madres porque sus hijos no quieren comer. En África, los niños se le apagaban de hambre. Esta es la historia de un médico en el ojo del huracán conmina a luchar por la vida siempre que haya un hilo de esperanza. Aquella unidad de cuidados intensivos era una precaria tienda de campaña en una ciudad sitiada por la guerrilla. Hablamos de Uíge, al norte de Angola, en aquel año 2000 cuando el país africano vivía bajo la vorágine de una guerra devastadora. Esta escena que ustedes acaban de leer no es un capítulo de un libro de aventuras. Es una página en la vida de este joven médico que decidió hace muchos años entregar su tiempo y su capacidad allí donde más lo necesitaran. ¿En África todo es dolor? -No, no. África es alegría. No resignarse. Amigos míos de la República Centroafricana cada tres años lo pierden todo. Absolutamente todo. Le destruyen la casa y empiezan de cero. Y vienen al día siguiente con una sonrisa en la boca. Te dan una lección de vida. De dignidad. Carlos Recio (Córdoba, 1971) supo que iba a ser médico desde siempre. No tenía demasiado margen de maniobra: sus abuelos, sus tíos y sus padres habían sido médicos. Nació, digámoslo así, con el gen sanitario en su ADN. Y nada más licenciarse se puso a disposición de la organización no gubernamental Médicos sin Fronteras. Fue, quizás, esa convicción granítica la que le ayudó a aterrizar con razonable serenidad años más tarde en aquel aeropuerto de Uíge asediado por misiles antiaéreos. Lo hizo a bordo de un Boeing 707 atestado de maíz, sin asientos y con los cristales tintados para que las baterías terrestres no pudieran detectarlo en el cielo. Los aviones allí debían descender en espiral para esquivar los proyectiles. La de Angola fue su primera misión humanitaria. Y aún recuerda cómo el piloto relataba en voz alta las maniobras de aproximación mientras una monja no paraba de rezar. Recio salió vivo de aquello. Y también de otros seis países en zona de conflicto donde ha prestado sus servicios desde que en 1999 decidió poner rumbo al Tercer Mundo. -Médicos sin Fronteras en un mundo de alambradas. ¿Cómo se come esto? -Antes nos movíamos libremente. Poníamos la bandera en el coche y éramos intocables. Una vez llegamos a una ciudad de la República Centroafricana que iba a ser atacada y cuando nos vieron pararon la guerra 24 horas. Y me he movido en el norte de Mali tranquilamente cuando se produjo la rebelión de los tuareg. ¿Lo vuestro qué es: voluntarismo, ingenuidad o rebeldía? -Es un acto de la sociedad civil. Soy médico con las personas que lo nece- ARISTÓTELES MORENO E L primer niño que se le murió entre los brazos se llamaba Samuel Flores. Tenía tres años de edad y su organismo se encontraba exhausto por la desnutrición y la malaria. En ese preciso instante, oyó los gritos de dolor de su madre, pero apenas tuvo tiempo para decirle lo mucho que lo sentía. Otro niño se marchitaba en la cama de al lado y su profesión, la de médico, le