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ABC DOMINGO, 11 DE OCTUBRE DE 2015 abc. es PRIMER PLANO 19 Las singularidades de España Andalucía Comunidad Valenciana País Vasco Tradiciones tan antiguas como arraigadas PABLO PAZOS Más motivos de orgullo que el flamenco y los toros MANUEL CONTRERAS Ocho siglos de lazos históricos y lealtad DAVID MARTÍNEZ Lo primero que daba la bienvenida al personaje de Dani Rovira en Ocho apellidos vascos al traspasar los límites de la comunidad autónoma era una lluvia pertinaz, adversa toma de contacto con una tierra en la que descubría que se come mucho, la política está muy presente en el día a día y sus habitantes tienen un carácter fuerte. Más allá de los tópicos explotados por la taquillera comedia, existen evidentes singularidades en el País Vasco. Las primeras, y más obvias, un idioma propio y cooficial, el euskera, así como una serie de competencias exclusivas, entre las que destacan las atribuciones en materia fiscal y tributaria, recogidas en el concierto económico y el cupo, estos días en el centro del debate político. Pero el corazón de la singularidad vasca reside en una cultura y tradiciones tan antiguas como arraigadas en su sociedad. Que se distingue, por ejemplo, por su amor a la gastronomía, disfrutada a pie de calle con sus pintxos regados con txakolí y otros potes Pasión convertida en dedicación puntera: cuatro restaurantes, Arzak, Akelarre, Azurmendi y Berasategui, poseen tres estrellas Michelín, por dos de Mugaritz. El Basque Culinary Center se ha convertido en referencia mundial en formación e innovación gastronómicas. El deporte cuenta con llamativas disciplinas propias como el frontón o jai alai dividido en pelota a mano, pala y cesta punta; el levantamiento de piedras (practicado por harrijasotzailes la tala de troncos (los aizkolaris y la sokatira (dos equipos tiran de una cuerda) Además, los clubes vascos Urdaibai, Hondarribia, Orio, Kaiku dominan las competiciones de remo en la modalidad de traineras, donde destaca la regata de la Bandera de La Concha. Al visitante también le sorprenden costumbres como los versos recitados en euskera a cargo de los bertsolaris el aurresku una danza que se reserva para recepciones oficiales; y el uso de instrumentos autóctonos como la trikitixa (un acordeón) y la txalaparta (percusión) Los andaluces comparten una cierta conciencia diferencial basada en singularidades históricas que han forjado el carácter de sus habitantes. No en vano, los árabes estuvieron en Andalucía ocho siglos, más que en ningún otro lugar de España. El andaluz tiene sentido de identidad propia, pero no se siente nacionalista, ya que es una percepción más antropológica que política. De hecho, el Partido Andalucista, organización que reivindica el pensamiento de Blas Infante, acaba de anunciar su disolución tras quedar reducido a la marginalidad política. El andaluz, sin embargo, es orgulloso y reivindicativo de sus derechos históricos. En 1980, cuando el Gobierno de UCD organizó la España de las autonomías a dos velocidades, el pueblo andaluz se echó a la calle con banderas verdiblancas en una movilización sin precedentes para reivindicar el mismo trato que las nacionalidades denominadas históricas Así, el andaluz defiende sus rasgos diferenciales en perfecta armonía con su identidad española. Estos rasgos propios incluyen tópicos como el flamenco y los toros, convertidos hoy en industrias florecientes que generan muchos puestos de trabajo. Pero hay más motivos para sentirse orgullosos de ser andaluz: desde los invernaderos de Almería se provee de verdura a toda Europa, en Córdoba y Jaén se produce el mejor aceite de oliva del mundo, antaño comercializado por empresas italianas y hoy por firmas andaluzas; Algeciras alberga el puerto más importante del sur de Europa; Sevilla es una referencia en aeronáutica mundial, y Málaga en turismo. Pero la singularidad andaluza se plasma en manifestaciones como la gastronomía el gazpacho, el salmorejo o el pescaíto o en tradiciones como los patios cordobeses o su universal Semana Santa. Si hay una comunidad, al margen de las nacionalidades históricas que podría reclamar llegado el caso un hecho diferencial en igualdad de condiciones con Cataluña, esa es la Comunidad Valenciana. No solo porque atesore una acendrada cultura propia que hunde sus raíces en la misma Corona de Aragón, sino porque en puridad, los fueros medievales la situaban al mismo nivel de autogobierno que a sus vecinos del norte antes de la llegada al trono de Felipe V en el siglo XVIII. Y sin embargo, la Comunidad Valenciana se ha caracterizado siempre por una profunda lealtad hacia España. Motivos para considerarse diferentes no faltan. Empezando por la lengua propia. El primer libro impreso en España lo fue en una imprenta de Valencia: Les obres e trobes en llahors de la Verge Maria en 1474. Y Joanot Martorell escribió, también en valenciano, el libro de caballerías que Cervantes salvó de la quema: el Tirant lo Blanch (1490) Pero la cultura propia sigue: el Misteri d Elx, la única obra de teatro medieval que se podía representar en un templo y Patrimonio de la Humanidad; el Tribunal de las Aguas, una de las formas más antiguas de justicia de Europa, las internacionales Fallas... Valencia ha escrito también su historia económica. Su puerto lidera el tráfico de contenedores en el Mediterráneo español, muy por encima de Barcelona. Su gastronomía es fácilmente reconocible, con la paella como estandarte. El plato valenciano por antonomasia lo es también de España. 1492 España es el único territorio europeo cuyos límites casi permanecen intactos desde 1492 42 Ciudades o monumentos que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad