Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO, 11 DE OCTUBRE DE 2015 abc. es PRIMER PLANO 17 Europa, sucedió el milagro y lo hicimos. Fuimos capaces de redactar una Constitución (1978) que, por primera vez, no es la de media España contra la otra media. Ahora volvemos a dar señales autodestructivas como en otros momentos de la historia. Surgen antiguas rivalidades territoriales y viejos pleitos azuzados por una de las crisis económicas más devastadoras de las últimas décadas, y con ellos vuelve a la luz uno de nuestros peores defectos: el no cumplimiento de las leyes. Aun así, hay un dato esperanzador: España, tras bordear el precipicio, inicia la recuperación económica, social e institucional... siempre que no vuelva a las andadas y a sus peores demonios. CONTINENTE DE SIEMPRE unidad del Estado social y de Derecho, bajo una monarquía verdaderamente constitucional. Donde, finalmente, ser castellano, aragonés, catalán, andaluz, extremeño, valenciano, vasco, asturiano, murciano, balear, canario o gallego eran las varias formas de ser español. ¿Que se dejaron cabos sueltos y se pecó de exceso de optimismo? De acuerdo. Pero la democracia nunca alardeó de perfecta; al revés, se define sólo como la menos mala de todas las forma de gobierno. mica sino también de valores, que no afecta sólo a España sino al mundo entero, hizo el resto. ¡Justo cuando lo habíamos alcanzado, cuando España era más homogénea que nunca en su larga historia! Pues el abismo que separaba hace sólo cincuenta años el campo de la ciudad, el norte del sur, el este del oeste, la burguesía de los trabajadores, se ha reducido a niveles comparables a los de cualquier país desarrollado. Como las diferencias entre los españoles, sobre todo, los jóvenes, que hablan igual, visten igual, comen lo mismo, se divierten lo mismo y tienen las mismas dificultades. Y no hablemos de los mayores, de los jubilados, que no paran de viajar con el Imserso, que van de balneario en balneario, de excursión en excursión, de monumento en monumento de los que no tenían idea, desquitándose en los bufés del hambre de la posguerra, bailando por las noches como no pudieron hacer en la juventud, planeando ya la próxima escapada y ayudando en lo que pueden a hijos y nietos. Un país con posibilidades Las diferencias entre las viejas regiones, y me atrevo a decir de las clases sociales, pese a lo que digan las estadísticas, han disminuido considerablemente. Es verdad que España ya no es el país donde más fácilmente se hace uno rico como alardeó un ministro, al que faltó añadir si tiene buenas relaciones pero es un país que, tras bordear el precipicio, inicia una recuperación y tiene posibilidades de competir con los punteros. Siempre que no vuelva a las andadas, quiero decir que no vuelva a anteponer el yo sobre el nosotros, que deje de equiparar democracia con sólo derechos en vez de con responsabilidad, que no se sabotee a sí misma, como acaba de ocurrir en las líneas del AVE a Barcelona. Porque ahora ya no tenemos excusa. Ahora ya no podemos echar Competir con el exterior Sobre esa base, los avances fueron espectaculares. En tiempo récord conseguimos una alternancia de partidos en el poder, la plena incorporación a Europa y un nivel de vida que, como pueden constatar los españoles cuando viajan por el mundo, puede competir con el de los países desarrollados. Los cabos dejados sueltos pasar del no a los partidos políticos a darles todo el poder, crear un equívoco entre nación y nacionalidad o, sencillamente, la tendencia autodestructiva que nos carcome han hecho, sin embargo, que el sueño de millones de españoles durante los últimos siglos empezara a resquebrajarse. Surgen las antiguas rivalidades, los viejos pleitos, la picaresca a todos los niveles, especialmente el político, incluso el más o menos disimulado cainismo, empujados por uno de nuestros peores rasgos: el no obedecer las leyes que nos hemos dado, que no hay comunidad que lo resista. La crisis económica, no sólo econó- Aquel famoso aforismo de Bismarck España debe de ser el país más fuerte del mundo. Los españoles llevan siglos intentando destruirla y todavía no lo han conseguido ¿Vuelta al cainismo español? Este país es completamente otro. Lo que queda por saber es si los españoles somos otros en lo que a afán autodestructivo se refiere la culpa a los demás, a los vecinos, a la Monarquía absoluta, a la nobleza, a la Iglesia, al Ejército, como anteriormente. Ni siquiera a los políticos, porque los políticos los elegimos nosotros. O sea, que la culpa de nuestras desgracias es nuestra y sólo nuestra. Suele decirse de España que es un país donde nunca pasa nada, pues se cambia todo para que todo siga igual Pero en España han cambiado muchas cosas muy importantes. Para bien. Lo podemos testificar quienes recordamos de muy niños la Guerra Civil, y, luego, la posguerra, los años de éxodo interior y exterior, la Transición. Este país es completamente otro. Lo que queda por saber es si los españoles somos otros en lo que a afán autodestructivo se refiere. Pues de una cosa puede estarse seguro: que los españoles, dentro de nuestro individualismo soberbio, somos más iguales que nunca. Aunque, desgraciadamente, nos parecemos más en nuestros defectos que en nuestras cualidades. Al menos son los que terminan prevaleciendo.