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ABC JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2015 abc. es deportes DEPORTES 69 Liga de Campeones Primera jornada Empate vulgar de un Barça grisáceo Al campeón nada le sale bien y se estrena en Europa frío y desdibujado SALVADOR SOSTRES ROMA Szczesny (49) Florenzi Manolas Rudiger Digne Keita Rossi Nainggolan Salah Dzeko Falqué (81) Sanctis (49) Iturbe (81) Torosidis (84) 1 BARCELONA Ter Stegen Sergi Roberto Piqué Mathieu Alba Rakitic (61) Busquets Iniesta Messi Suárez Neymar Rafinha (61) (65) Mascherano (65) 1 Vuelve la Champions como vuelve el cashemir y ya sólo queda que abra el Ritz de París para que estemos todos. Vuelve la Champions como vuelve el otoño, como pronto volverá la trufa blanca y serán más densas y jugosas las cartas de los restaurantes. Yo cada vez que oigo a los animalistas pido un poco más de foie. Solucionado el lío de cómo ver el partido, el árbitro pitó y volví a sentirme ciudadano de algo extraordinario. El Barça regresaba al escenario de su segunda orejuda y la Roma quiso de inicio intimidarle, con más intensidad que finura. Cuando el Barça iniciaba, los locales esperaban detrás: valientes, pero no tanto. Messi avisó con un chut durísimo en el minuto 4, que se fue ligeramente alto. Acto seguido, un error imperdonable de Rakitic, en un pase absurdo e innecesario, hizo lucir a Busquets para reducir al egipcio Salah, que tuvo otra contra eléctrica en el 7, esta vez abortada por Alba. Y en el 9, una tercera contra de Dzeko, propiciada por otro balón incomprensiblemente perdido, certificaba que con tantas imprecisiones no se puede ir por Europa. El Barça se precipitaba y no encontraba el punto de madurez en sus elaboraciones. A pesar de ello, daba la sensación de tener el partido controlado, buscando espacios ante una Roma ya definitivamente replegada. GOLES 0- 1, m. 20: Luis Suárez. 1- 1, m. 30: Florenzi. EL ÁRBITRO Bjorn Kuipers (Comité holandés) Amonestó a Nainggolan y a Piqué. de Florenzi que para siempre quedará en nuestras memorias. La segunda parte empezó como la primera, con Messi poniendo a prueba al portero Szczesny, que estuvo espléndido hasta que Suárez le lesionó, y le sustituyó el veterano Morgan de Sanctis, a sus 38 años de edad, que me hizo pensar en cómo me sentiría si tuviera que salir yo que sólo tengo 40. Ya no son edades, De Sanctis. ¿No ve usted que puede lastimarse? Messi continuaba remando, Iniesta intentaba filtrar su clase y el Barça esperaba su momento convencido de que iba a llegar. La tuvo Neymar en el 52, pero la administró con menos luz de la esperada. La Roma corría como podía de emergencia en emergencia. En el 59 entró Rafinha por Rakitic, pero tal como salió tuvo que marcharse, lesionado por Nainggolan, un carnicero considerable, que vio la amari- lla y se disculpó por su acción, hay que decir que involuntaria. Entró Mascherano. Muchos, tal vez demasiados accidentes para el Barça. El partido se rompió y la Roma firmaba el empate. El Barça parecía herido en su emotividad. No pasaba nada. Messi no dejaba de esforzarse, pero sin el punto de dulzura que le hace mágico. Qué aburrido es el fútbol grisáceo. Es como comer sin haber matado antes. Falta y amarilla para Piqué en el 74, justo antes de que Florenzi, envalentonado por su golazo, chutara con demasiada pasión mandando el balón al bar del hotel Hassler. Messi, en el 77, con menos pasión y más acierto, chutó al larguero. Se fue Florenzi entre aplausos y no cambió ni la tónica ni el resultado. La Champions ya está aquí, pero los ceps no sabían a nada. Doble protección Neymar y Messi intentaban lo suyo pero sin demasiada fortuna, y los italianos usaban una doble protección que parecía funcionarles, hasta que en el minuto veinte Luis Suárez remató un centro de Rakitic. Primer gol en Europa de la temporada, como cuando llegan los primeros ceps, que tanta ilusión hacen. El Barcelona hallaba su comodidad y una Roma temblorosa parecía tener miedo de ser incendiada. Y cuando el partido había caído en el sopor en el que lo quería el Barça, Florenzi recuperó un balón en la banda y conectó un magnífico disparo desde medio campo que superó magistralmente a un Ter Stegen adelantado. Hay goles tan fantásticos que no importa que te los marquen, tal como cuando alguien pide un mágnum de Cristal, aunque no sea para mí, me acerco a su mesa para felicitarle. La Roma se animaba y el Barça parecía sumido en una cierta frustración. Dos disparos casi consecutivos mejoraron el balance deportivo de los romanos. La primera parte terminó sin más historia, pero con el magnífico gol Ter Stegen observa impotente cómo entra el balón en su portería después del disparo de Florenzi REUTERS Las dudas de Ter Stegen L. BUXERES Alessandro Florenzi no olvidará jamás el partido de ayer. El lateral de la Roma, el mismo que había saltado en su día a la grada para dedicar un gol a su abuela, marcó el gol más bonito de su carrera con un disparo prácticamente desde el centro del campo que tocó el poste antes de entrar en la portería de Ter Stegen. Al alemán no era la primera vez que le sucedía una cosa así. Con menos de un mes y medio de diferencia, el Barcelona ha encajado dos goles desde el centro del cam- po. Los dos los ha recogido de la red Ter Stegen, que después del tanto de Florenzi vuelve a estar en el punto de mira. No está fino el germano en la que debe ser la temporada de su confirmación. Está generando las primeras dudas, aunque es la única opción para Luis Enrique hasta que Bravo se recupere de su lesión, para lo que aún quedan algunas semanas. En Bilbao, en la Supercopa de España, San José rubricó el gol de su vida después de un mal despeje de Ter Stegen. Florenzi ahondó ayer en esa herida con otra obra de arte. Por definición, el portero azulgrana está obligado a jugar adelantado, casi como un líbero, una circunstancia que los rivales parecen tener bien aprendida. Aunque la peor noticia para el Barcelona tras su visita al Olímpico de Roma fue la lesión de Rafinha. Apenas un minuto después de entrar en el campo en el lugar de Rakitic, el azulgrana sufrió una fea entrada de Nainggolan, que solo vio amarilla, y tuvo que irse en camilla con fuertes dolores en la rodilla derecha. Una acción que a primera vista tiene mala pinta, aunque habrá que esperar a las pertinentes pruebas médicas para saber el alcance exacto de la lesión.