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ABC JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2015 abc. es opinion OPINIÓN 17 VIC CRÓNICAS DE PEGOLAND RAFAEL RUIZ DE LAS OBRAS Granito rosa, unificación urbana. El sabor se pierde en cada paletada de cemento y hormigón en las calles C VERSO SUELTO LUIS MIRANDA SANTIFICARÁS LAS FIESTAS Lo más de la pasarela Bolívar es cerrar el Alcázar al turismo, la única fuente de ingresos O lo dijeron, pero se intuía cuando esta gente de la izquierda transformadora que no dejará piedra sobre piedra de esta sociedad conservadora, religiosa y apolillada alcanzó los despachos buenos del Ayuntamiento: a Córdoba no la va a conocer ni su misma madre de cómo la van a dejar de laica y de moderna, sin asomo de historia de patriarcado ni de capitalismo que no piensa en las personas. Desde luego que se están esforzando en que la que la engendró no la reconozca, pero por ciertas cosas su abuela sí será capaz de identificarse. Ellos le darán el barniz de que es progreso y avance, lo último en derechos sociales, las tendencias más chic de la pasarela Bolívar, pero en realidad esta idea de que importa más el perol de los domingos que el dinero que en Córdoba dejan los turistas es bastante antigua, ellos dirían que rancia, y está escrita en piedra en unas leyes que Moisés se bajó del Sinaí: Santificarás las fiestas Por no haber leído demasiado no les ha dado un soponcio cuando sepan que todo esto de tener un día común de descanso de la semana viene de los judíos, que recibieron de Dios la orden de dedicar un día a la oración y al descanso. No sabrán si es peor ser perversos sionistas involuntarios o N católicos carcundias, porque los cristianos tomaron la idea tal cual y se la llevaron al domingo, que es cuando Jesús resucitó. En muchos libros todavía se recomienda que al hacer examen de conciencia para confesarse se piense en si se han hecho trabajos serviles en domingo o día de solemnidad de la Iglesia, a lo que muchos cristianos han pensado que más vale esperar un poco en el purgatorio con algunos pecados veniales que irse al cielo derechito después de que los hijos hayan pasado hambre y esté el torero del moroso en la puerta. Quizá esta gente de la izquierda patanegra haya pensado que después de todo no eran malos tiempos aquellos de los horarios férreos, de las tiendas cerradas los domingos aunque la gente tuviera dinero el bolsillo y tiempo para comprar y de la Hoja del Lunes porque ni siquiera se podían hacer periódicos. La madre a lo mejor se extraña de esta Córdoba nueva, pero la abuela pensará que sólo hace falta poner la radio de galena y beberse una copita de coñac. Ahora el Ayuntamiento ha querido dar un paso adelante aunque parezca que es bastante hacia atrás y ha pensado que si esos turistas se piensan que por ser casi la única fuente de buenos ingresos que tiene Córdoba les van a abrir el Alcázar a todas horas, sea domingo o tarde de verano, que se está mucho mejor en la piscina. Invasores, es lo que son: ingleses neoliberales con el cerebro lavado por Margaret Thatcher, luteranos alemanes que llegan con las ínfulas de su presidenta y que arreglan las cosas trabajando, madrileños enriquecidos y acostumbrados a no disfrutar de las excelencias del sector público de Andalucía. Con todo, la mayor victoria de quienes inspiraron la idea es la de la propaganda, porque no parecen privilegiados, pero viven del sistema, no son un club de ricos influyentes pero nadie es capaz de toserles, no nadarán en la abundancia, pero consiguen vivir bastante mejor que los recepcionistas de hoteles, los camareros y cualquiera que viva del servicio al público sin darse golpes de pecho. Será una casta sin trajes, chalés, ni coches de lunas tintadas, mediocre, pero una casta. ADA vez que la municipalidad anuncia obras me entra el tembleque, el sudor frío, la sequedad en la garganta. Cuando es en lo que queda del centro de Córdoba, directamente entra el pavor. Y no es por los cortes de tráfico y los atascos que tanto hacen feliz al departamento de reparto de Mercadona, que imagino que ahora tiene trabajo de sobra, sino por lo que desdibuja los sitios que más me gustan de la ciudad. Va a pasar en los próximos días en uno de los pocos sitios de Córdoba que tiene tres nombres que conviven en la cierta armonía que ofrece el descuido. Cardenal Toledo si se va por las aceras, plaza de las Dueñas si se está en los jardines y el Císter para los del calendario juliano o cuando estamos en cruces de mayo. La plaza me gusta tal y como está ahora porque me he vuelto un conservador horroroso, un tipo al que solo cabe retirar el saludo. Con todo merecimiento, lo reconozco. Si se fijan, hay coches pero no hay veladores de los que atosigan, los grupos de chavales haciendo botellón son relativamente pequeños y existe la conciencia de lo bello y lo feo. Como las aceras son tan lamentables, se produce un paso natural entre la ciudad, la calle con coches, y la tranquilidad del arbolado, que ocupa las trazas de un antiguo convento desamortizado. Tal y como si hubiese un tapial de separación que deslinda lo cotidiano de lo extraordinario, las prisas de la paz. El Ayuntamiento ha emprendido un proyecto presioso realizado en tiempos del PP, que pretende retirar el aparcamiento, lo que está muy bien salvo para quien deja el coche, y reformar la zona, lo cual ya tiene sus riesgos. El asunto es quitar las aceras y poner el granito rosa ese que le da la estética a las calles de ahora. Que parecen todas iguales unas a otras, como recién pintadas, que cantaba Sabina. Sacadas de una fábrica de calles, de un repertorio monótono de esquinas sin bordillos. Y eso es lo que acaba poniendo de los nervios- -al menos, al que antefirma- -este tipo de cuestiones. La pérdida de la solera con la que acaban los rincones de toda la vida cuando la piqueta municipal asoma la gaita. Cardenal Toledo- -o las Dueñas o el Císter o la plaza de la COPE, olvidada ya la enorme rotativa que imprimió el gol de Zarra- -ya está perdida, incluida en el listado que encabeza, con todos los honores, la plaza del Poeta Juan Bernier. Ese artefacto diabólico que hubo que cambiar a toda prisa para que no provoque desprendimientos de retina de los que curan en el hospital de La Arruzafa. Y la proa municipal tiene enfilados ya el Alpargate (vulgo Pichas Flojas) San Agustín y Capitulares con la calle Nueva (abajo Claudio Marcelo) Momento en el que los repartidores del Mercadona serán plenamente felices. Allí donde quieren hacer una plaza que no es plaza, una calle que no es calle, un empedrado de esos cortados a máquina. Tan asfalto prêt à porter para cascos históricos sin serrín en los bares. Tan Dinamarca todo. Tan poco Córdoba.