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ABC MIÉRCOLES, 9 DE SEPTIEMBRE DE 2015 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O LU C A D E T E NA EL IMPOSIBLE PACTO EDUCATIVO POR ANDRÉS AMORÓS Nuestros políticos seudoprogresistas no entienden que lo verdaderamente democrático es que un joven de origen humilde pueda, con su esfuerzo y talento, ascender profesional y económicamente; lo injusto es que algunos hijos de padres ricos permanezcan años y años en una universidad pública, cuyo coste es muy superior a lo que ellos pagan ble el pacto educativo: las autonomías. ¿Cómo no se advirtió el profundo disparate que suponía traspasar a las Comunidades Autónomas las competencias en materia educativa? Ahora, ya, el remedio es muy difícil. Algunos lo han aprovechado para inculcar el odio a España; otros o los mismos para potenciar sus lenguas propias, en detrimento de la lengua común a todos los españoles; todos, para poner el foco en lo más local: en Andalucía se estudia a Fernando de Herrera, porque era andaluz, y en Castilla, a fray Luis de León, porque era castellano. En muchos sitios, se da más importancia al estudio de un insecto, porque vive allí, que al conocimiento de lo que suponen la Revolución francesa o la Contrarreforma... Ha triunfado, así, el paletismo localista, frente a la universalidad, propia de la verdadera cultura. Todo esto se adorna con los nuevos ídolos de cierta pedagogía: la motivación, la creatividad, la integración, lo lúdico... El que hable, sencillamente, de trabajo y esfuerzo será tachado de reaccionario. Un factor más: el llamado Plan Bolonia por muy Espacio Europeo que pretenda ser. Los Rectores señalan dificultades de adaptación pero el problema es de raíz: cualquiera puede entender que, en cuatro años, se aprende menos que en cinco. El argumento ministerial de que, así, se gasta menos dinero, resulta pintoresco: menos se gastaría si la caNIETO rrera universitaria durara dos años o uno solo (mucho menos, si no estudiaran) Rechaza este Plan las llamadas clases maNuestros políticos seudoprogresistas no en- gistrales justamente, lo que ha dado categoría a tienden que lo verdaderamente democrático es algunas Universidades. En cambio, prioriza abque un joven de origen humilde pueda, con su solutamente que los alumnos escriban trabajos. esfuerzo y talento, ascender profesional y eco- No es sorprendente que muchos profesores los nómicamente; lo injusto es que algunos hijos de exijan escritos a mano; así, por lo menos, sus aupadres ricos permanezcan años y años en una tores los habrán leído mientras los copiaban, en universidad pública, cuyo coste es muy superior vez de limitarse a imprimirlos, en el ordenador. a lo que ellos pagan. Mientras nuestros partidos de izquierdas no na vez más, estamos imitando lo peor comprendan que ese igualar por abajo es prodel sistema norteamericano. Existe, allí, fundamente reaccionario, nuestras universidauna gran diferencia entre los estudios des no tendrán solución. de Undergraduate y los de GraduaPero no es ése el único problema. Hace poco, te los primeros, suelen estar al nivel de nuesBieito Rubido denunciaba la absurda prolifera- tro Bachillerato. A eso se parecerá el llamado ción, en España, de Facultades de Ciencias de la Grado nuestra Licenciatura. La especializaInformación. No se trata, desde luego, de algo ex- ción se retrasará para el que pueda pagarlo clusivo de esta materia. La realidad es que todos hasta el Posgrado los Másters y el Doctorado. los gobiernos, tanto del PP como del PSOE, han En cambio, no copiamos de Estados Unidos la cedido a la presión social demagógica para que exigencia ni las bibliotecas. Este presunto acertodas las provincias españolas tengan su Uni- camiento a Europa sólo nos está sirviendo para versidad. (Lo mismo ha sucedido, por ejemplo, bajar el nivel de conocimientos, de preparación con los aeropuertos o los museos de arte con- profesional. Por este camino, desde luego, nuestemporáneo) Si mi vecino la tiene, ¿por qué no tras Universidades no van a mejorar. la tengo yo también? De este modo, los padres ¿Un auténtico pacto educativo, en esta Espade familia están encantados por no tener que en- ña? No lo quieren los progresistas ni las Coviar fuera de casa a sus hijos, para que estudien. munidades Autónomas, ni los Rectores, ni los paNadie piensa en la lógica, ni en la racionaliza- dres de familia, ni los estudiantes... Por muy neción de los gastos, ni en el descenso en la calidad cesario que sea, hoy por hoy, me parece imposible. de la enseñanza. Del falso progresismo hemos pasado a topar ANDRÉS AMORÓS ES ESCRITOR Y CATEDRÁTICO DE con otro escollo, que hace absolutamente inviaLITERATURA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE M UCHAS voces sensatas han propuesto un pacto nacional sobre la educación. Es lógico dejar fuera de la confrontación de los partidos algunas cuestiones especialmente graves: la educación lo es, sin duda, junto a la unidad nacional, la defensa, la sanidad, el terrorismo... Pero que algo parezca lógico y necesario no quiere decir que sea posible, en la España actual. El dinero juega también aquí un importante papel. Los Rectores de las Universidades luchan por mantener sus presupuestos como si, con eso, se solucionara ya el problema educativo. Lo que sí se solucionaría es su más urgente problema, como gestores de unos organismos ineficaces hasta la exageración. Antes que el dinero, existe una cuestión básica: la concepción o la filosofía, como queramos llamarlo. Ahí está el busilis, la madre del cordero. Tres Ministros de Educación del PP Esperanza Aguirre, Pilar del Castillo, Wert han intentado reformas bastante tímidas pero que iban en la buena dirección. La sociedad no las respaldó; el PSOE se apresuró a descalificarlas y, en cuanto volvió al poder, las deshizo. Es una historia que ya aburre, de tan repetida. La clave del asunto es bien sencilla: la necesidad del esfuerzo, de la exigencia, de la selección. Es algo tan evidente que no debería necesitar defensa alguna pero lo rechazan tajantemente los supuestos progresistas empeñados en proponer la igualdad, a base de bajar el nivel. A la vez, una sociedad aletargada, que sólo cree tener derechos y no deberes, reclama seguir disfrutando gratis de todo porque ya se sabe el dinero público no es de nadie (sic) el profesor que suspende mucho es sospechoso; los alumnos deben pasar siempre de curso, por muchos suspensos que tengan; exigir cierta nota para disfrutar de una beca se tacha de antidemocrático... Quizá una anécdota personal aclare algo. No hace mucho, acudió a mi despacho, en la Universidad, el día de revisión de exámenes, un joven norteamericano que había seguido mi curso de literatura española. Me sorprendió porque había obtenido una calificación de sobresaliente, 9, sobre un máximo de 10, en un curso para españoles, a pesar de su inevitable desventaja en el dominio del idioma y de la cultura española. Su petición fue muy clara: Tengo una beca y, para mantenerla, necesito sacar una nota de 9 5. Haré los exámenes o los trabajos complementarios que Ud. me diga... ¿Cuántos alumnos españoles harían esto? Esa exigencia máxima, ¿no se rechazaría, aquí, como una imposición dictatorial? U