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ABC LUNES, 24 DE AGOSTO DE 2015 abc. es estilo VIAJAR ABCdelVERANO 81 CORDON Y P. ARCOS Agua y piedra A la izquierda, el Lago de Atitlán, en cuya orilla hay poblaciones con el nombre de los doce apóstoles. Sobre estas líneas, dos estampas de la localidad de Chichicastenango. Abajo, un carruaje pasa por las calles que rodean la catedral de San José en Antigua. Esta ciudad tuvo una importancia vital en la Capitanía General de Guatemala entre los siglos XVI y XVIII dolo por las cuatro esquinas, lo desenterraron y le dieron la vuelta, indicándome el camino de regreso. Cosa que esta vez me apresuré a obedecer, tras darles un billete de 20 dólares. En todo el camino de vuelta, mi mujer y yo no intercambiamos palabra. La siguiente jornada nos la tomamos tranquila, permaneciendo en el hotel, bañándonos en el lago y recuperándonos del susto. Para emprender nuestra gira al día siguiente, ya por rutas mucho más normales, lo que tampoco quiere decir ideales, pese a que en parte se autotitulaba Gran Carretera Panamericana que recorre el continente de norte a sur La próxima parada era Quezaltenango, también llena de reminiscencias mayas, aunque lo que más nos sorprendió fue el alojamiento, la pensión Bonifaz, en el mismo centro de la ciudad, que no era un solo edificio, sino varios intercomunicados entre sí hasta ocupar casi todo el frente de una manzana. Ello convertía el llegar a la habitación en moverse por un laberinto, pero tenía también su gracia y la comida que servían era de primera calidad, como el trato del personal. Frontera norte Huehuetenango era la próxima y última etapa. Bastante más al norte, cerca ya de la frontera con México, se empezaba a notar la influencia azteca. Por el camino divisamos una pequeña y hermosa iglesia blanca, en un pueblecito no señalado en los mapas. Nos paramos y tuvimos la suerte de que el sacerdote salía en aquellos momentos, por lo que nos permitió visitarla. Me recordó las iglesias del alto León, sencillas y cuidadas, con una virgencita en el altar mayor y velas por todas partes. Tras dar las gracias al párroco, salimos. Fuera, una mujer vendía unas papelinas. Pregunté qué era y resultó que era azafrán. Lo que pedía por él era tan ínfimo que no había monedas, por lo que le di un billete de dólar. Ante lo que la mujer ofreció toda su mercancía. Me di cuenta entonces de la inmensa miseria en que vive la mayor parte de la humanidad. Como puede imaginarse, no se la acepté. Sólo me faltaba llegar a la aduana de Nueva York con un cargamento de papelinas. Huehuetenango era ya la típica ciudad de fronteras, con tipos que no querría uno encontrarse de noche en una calle desierta y una tensión que no habíamos detectado en el resto del viaje, por lo que tras la visita a algún resto arqueológico, emprendimos la vuelta, para dormir de nuevo en la laberíntica pensión Bonifaz de Quezaltenango. Coordinamos la vuelta a la capital con la salida del avión, más la entrega del coche y el resto del viaje no tuvo historia. La historia quedaba detrás. Y un país fascinante, como me había dicho Guy. Por cierto, cuando, ya en Nueva York, le pregunté cómo diablos había dado la vuelta al lago Atitlán, me confesó que sólo en la parte asfaltada, hasta Santiago. Lo que me confortó a medias. JOSÉ MARÍA CARRASCAL CORDON PRESS CORDON conocer las anteriores capitales del país, ya que la primera, Iximché, fue literalmente barrida a poco de establecerse por las intensas lluvias y el caerle encima el agua acumulada en el cráter del volcán que tiene al lado, según la tradición indígena, como castigo de los dioses a los españoles, por haberles arrebatado sus tierras. Apenas queda restos de ella. Chichicastenango Una explosión de colores, sonidos y olores transportaban a uno a otro mundo del ayer Antigua Estamos ante una ciudad monumental, trazada a cordel, con impresionantes edificios y calles Papelinas de azafrán Lo que la mujer pedía por cada papelina era tan ínfimo, que no había monedas para pagarlo Guy me había dicho que había dado la vuelta al Lago de Atitlán, en cuya orilla hay poblaciones con el nombre de los doce apóstoles, y la idea me tentaba, pese a que el camarero que nos servía las cenas me advirtió, con esa cortesía que tienen los nativos, contra ello. La carretera no es buena. Yo nunca lo he hecho dijo. Lo que no impidió que Meditación y silencio Cosa muy distinta es la segunda capital construida no demasiado lejos, pero en lo que se creía a salvo de catástrofes naturales, con el nombre de Santiago de los Caballeros, aunque se la conoce con el nombre de Antigua Estamos ante una ciudad monumental, trazada a cordel, con impresionante edificios y majestuosas calles que hablan de la importancia que tuvo la Capitanía General de Guatemala entre 1541 y 1773, hasta que el terremoto de Santa Marta prácticamente la arrasó. De su intensidad hablan los inmensos bloques de piedra desperdigados por su perímetro y la ruinas de sus edificios más notables. No sé si han intentado reconstruir algunos, pero me recordaron las ruinas de Roma en los grabados del Piranese. Algo que impone meditación y silencio. al día siguiente, con el depósito bien cargado y bocadillos, nos pusiéramos en marcha. La carretera no es que no fuera buena, era pésima y a partir de Santiago de Atitlán, cada vez peor. Menos mal que el tráfico era escaso, pero muchas veces había que echarse a la cuneta para dejar pasar un camión. Al llegar a la otra punta del lago y ver que teníamos que sortear una colina, busqué en el pueblo, no recuerdo si San Pedro o San Pablo, a quién preguntar. Nadie me entendía, hasta que el cartero me dio el mismo consejo que el camarero: Yo he logrado pasar, pero con un landrover Si Guy lo ha hecho, lo hago yo le dije a mi mujer que también lo desaconsejaba. Iniciada la cuesta, no dimos cuenta de que era una serpentina de arenilla. Tras unos cuantos repechos, las ruedas traseras empezaron a patinar, quedando enterradas en la arena. Pueden imaginarse la situación: en medio de no sabíamos dónde, con el coche medio enterrado, sin saber a quién acudir. Y, entonces, ocurre el milagro. Como en la película Viva Zapata de los peñascos y matorrales cercanos empiezan a emerger nativos que antes no estaban. Tan sorprendido estaba que no me dio tiempo a no hacer ni decir nada: se fueron hacia el coche y cogién-