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80 ABCdelVERANO VIAJAR LUNES, 24 DE AGOSTO DE 2015 abc. es estilo ABC VIAJES DE AUTOR. JOSÉ MARÍA CARRASCAL Guatemala Volcanes, lagos, color, cielo Es uno de los países más fascinantes por sus paisajes y su inmensa riqueza arqueológica navidades de 1976 en aquel país que nunca había entrado en nuestros itinerarios. Aunque antes de nada, una advertencia: estoy seguro de que en el tiempo transcurrido desde entonces, Guatemala habrá cambiado bastante, puede incluso que mucho. Pero hay allí elementos que no pueden cambiar el alto porcentaje de población indígena, la inmensa riqueza arqueológica, su espectacularidad paisajística (casi siempre hay un volcán en el horizonte, un lago, un cielo en el que las estrellas parecen tocarse con la mano) que lo convierten en único. Hay también que decir que la entrada no fue precisamente brillante: Guatemala City nos pareció, sencillamente, triste, con apenas nada que ver o recordar. Así que, tras una cena de Nochebuena muy corrientita, decidimos alquilar un coche a la mañana siguiente y, bien provistos de guías, lanzarnos a descubrir el país. No sin antes recibir una mala noticia: para llegar a Tikal, la ciudad santa de los maya, enterrada en la maleza y tan escondida en la selva que no fue descubierta hasta hace un siglo, no bastaba el coche, había que ir en avión, y como era temporada de lluvias, los vuelos estaban suspendidos. Lo dejamos para la próxima visita, que no hicimos, una de las muchas cosas que lamento en mi vida, F ue Guy Bueno, entonces corresponsal de Pyresa en Nueva York, quien me puso sobre la pista, a la vuelta de un viaje que había hecho por Centro y Sudamérica: No te pierdas Guatemala. Es el país más fascinante de cuantos he visto me dijo. Como me fiaba del buen gusto de Guy tanto como de su olfato periodístico, se lo dije a mi mujer y decidimos pasar las pues han limpiado entero el santuario, que no tiene nada que envidiar a los de los incas, egipcios o griegos. Nuestro primer destino, obligado, fue Chichicastenango, como indicaban todas las guías. Allí sí que no hubo desilusión. Una explosión de colores, sonidos y olores que le transportaban a uno a otro mundo del ayer o del mañana, con las lenguas y ofertas más variadas, entre las que destacaban los huipiles o semicapas tejidas a mano y pantalones piratas mucho más elegantes que los de nuestras boutiques, a rayas blancas y azules, que los guatemaltecos inventaron bastante antes que nuestros modistos. Era domingo y en la iglesia a un lado de la plaza oímos la primera misa con música, indígena claro, conmovedora por la devoción de los fieles. Uno se quedaría allí para siempre, pero nuestro itinerario nos llevaba, al caer la tarde, al hotel del Lago de Atitlán, que habíamos elegido como base de operaciones. Nos sorprendió su modernidad, sus instalaciones y su cocina, aunque nada era comparable al esplendor de sus noches ni a la hermosura del lago, a 1.500 metros de altitud, a quien muchos consideran el más bello del mundo. Al día siguiente nos dispusimos a