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12 OPINIÓN POSTALES PUEBLA LUNES, 24 DE AGOSTO DE 2015 abc. es opinion ABC JOSÉ MARÍA CARRASCAL CATALUÑA, ESPAÑA, EUROPA Cataluña está viviendo en un trance provocado por unas élites que, entre otras cosas, intentan escapar de la justicia española STO sí que es poner el carro delante de los bueyes! A don Germà Gordò, consejero de Justicia de la Generalitat, no se le ha ocurrido otra cosa que proponer la doble nacionalidad para los ciudadanos de los Países Catalanes, a saber: Cataluña Norte (el Rosellón) Comunidad valenciana, la Franja aragonesa y Baleares. O sea, que sin existir la nacionalidad catalana, se lanza a adjudicársela a otros españoles y franceses. Hasta tal punto ha llegado el delirio nacionalista entre algunos catalanes, tenidos como los más serios, los más sensatos, los más formales de todos los españoles. Pero últimamente, empezando por Artur Mas, parecen haber perdido la cabeza. Porque, vamos a ver: ¿qué es eso de Países Catalanes? No ha habido en la historia ningún reino, ningún estado, ningún imperio con ese nombre. Ha habido el Reino de Aragón, que fue regido en ocasiones por catalanes, pero lo de Países Catalanes es una invención reciente del nacionalismo catalán y, como tal, obedece más a un deseo que a una realidad político- jurídico- estatal. Y dado que los únicos que pueden otorgar la nacionalidad son los Estados, algo que Cataluña nunca fue, la propuesta del sr. Gordò es una alucinación no mucho menor que la de don Quijote cuando confundió molinos con gigantes. Es posible que se vea como ministro de Interior de una Cataluña independiente extendiendo pasaportes a ciudadanos españoles y franceses, pero lo que no puede hacer es decirlo en voz alta en un curso de verano celebrado en Francia, no sea que lo tomen por loco o algo peor, pues allí no se andan de bromas con estas cosas. Claro que Cataluña está viviendo en un trance provocado por unas élites que, entre otras cosas, intentan escapar de la justicia española, para seguir haciendo lo que han hecho hasta ahora: enriquecerse personalmente y hacer perder a Cataluña el liderato empresarial español. Con el apoyo tácito, eso también hay que decirlo, del PP y PSOE, que compraron el voto nacionalista catalán para gobernar, a cambio de permitirles inventar su historia pasada y su realidad presente. Los resultados los estamos viendo. Tengo tan poca fe en nuestros políticos que ya no confío en ellos para resolver lo que llamamos el problema catalán que no es otra cosa que el problema español confundir deseos con realidades. Algo que sólo la realidad puede resolver, lo que hará como acostumbra, a lo bestia. Artur Mas ha vendido a los catalanes el sueño de que vivirán mejor separados de España sin costarles nada, como Tsipras vendió a los griegos que podrían seguir viviendo gratis de Europa. El sueño griego ya han visto en qué ha acabado. El sueño catalán puede acabar incluso peor porque choca frontalmente, no ya con una España que sufre otra de sus crisis periódicas de identidad, sino contra la Unión Europea, como su nombre indica. Cuanto más pronto se despierten de él, mejor para todos. ¡E EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA TEMBLOR DE PIERNAS Capitalismo y comunismo comparten una visión materialista del hombre y un objetivo de dirigismo universal E L derrumbe del demagogo griego Tsipras ha encendido las alarmas entre las huestes de Podemos, que temen que a Pablo Iglesias también le tiemblen las piernas cuando tenga que enfrentarse con el poder del Dinero. Estas dudas sobre la bizarría de Iglesias alimentan, además, los reproches de sus disidentes internos, que deploran la ausencia de estrategia para conseguir el empoderamiento sic de los ciudadanos La elección de anglicismo tan nauseabundo (el sometimiento lingüístico es siempre síntoma de servidumbre espiritual) nos permite reflexionar sobre el concepto de hombre propio del comunismo, que postula su endiosamiento (esto es lo que se oculta bajo el anglicismo de empoderamiento para después apoderarse de él más fácilmente. En efecto, el comunismo engolosina al hombre prometiéndole que, en lugar de la imagen imperfecta de Dios que es, lo convertirá en un simulacro perfecto que sustituirá la voluntad divina. Pero el comunismo no cree en Dios; y, detrás de su chácara mesiánica, esconde su propósito de despojar al hombre de todos aquellos vínculos que lo hacen fuerte (que presentará como cadenas que lo alienan la patria, la propiedad, la familia, la moral y, por supuesto, Dios. Y así, una vez que el hombre ha sido liberado de todas estas alienaciones (o sea, empoderado el comunismo puede hacer con él lo que le sale del nabo: albóndigas, papilla, estiércol, etcétera. Pues la mi- sión del comunismo no es otra sino convertir el mundo en un inmenso campo de concentración donde hombres de alfeñique deambulan como espectros, convencidos irrisoriamente de que en realidad son ángeles, puesto que han asaltado el cielo Pero esto ocurre cuando el comunismo impone sus propias leyes y dirige el proceso de ingeniería social. ¿Qué ocurre cuando al comunismo le toca desenvolverse en unas superestructuras liberales y capitalistas? Por un lado, descubre que los vínculos de la tradición que se había propuesto destruir han sido ya destruidos por el capitalismo (aunque de un modo diverso: mientras el comunismo los reduce a añicos, el capitalismo los envilece y pervierte, hasta desnaturalizarlos por completo) la patria disuelta en entelequias administrativas atomizantes y utopías mercantiles globalizantes, la propiedad concentrada en manos de unos pocos, la familia degenerada en batiburrillo infecundo de pelo y pluma, la moral diluida en indiferentismo y Dios confinado en los retretes de la conciencia y repartiendo caramelitos de misericordia a todo quisque, etcétera. Con semejante lodazal de morbideces no hay manera de convertir el mundo en un campo de concentración, que es lo que al comunismo le pone; entonces se dedica a convertirlo en ágora del caos, con la esperanza de que algún día ese caos, arrastrado por su propio apetito de destrucción, permita la entronización del comunismo. Pero capitalismo y comunismo comparten una visión materialista del hombre y un objetivo de dirigismo universal que, en la presente coyuntura, sólo la hegemonía del Dinero garantiza, allanando el camino a aquel tirano gigantesco, colosal, universal, inmenso avizorado por Donoso que se alimenta de los ánimos divididos y la muerte del patriotismo. Por eso, llegada la hora de enfrentarse al Dinero, al comunismo de Tsipras o Iglesias le tiemblan las piernas; y es que sólo puede combatir y domeñar al Dinero el gobernante que funda su poder sobre fuertes vínculos tradicionales: sobre la patria íntegra, sobre la propiedad repartida, sobre las familias unidas, sobre la moral cierta y sobre un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos. Pues sólo quien va bien acompañado puede enfrentarse a las huestes plutónicas sin que le tiemblen las piernas.