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14 OPINIÓN VIDAS EJEMPLARES PUEBLA SÁBADO, 18 DE JULIO DE 2015 abc. es opinion ABC LUIS VENTOSO MOJARSE Todo sería más fácil con un PSOE, una cultura y un empresariado que diesen la cara E STA semana tuve la agradable ocasión de conversar en Londres con la soprano Ainhoa Arteta Ibarrolaburu, que como proclaman sus apellidos es más vasca que el Cabo Machichaco. Hablando con un aplomo tranquilo, con la mirada ancha de una ciudadana que recorre el mundo, aquella cantante triunfadora, una mujer risueña, todavía hermosa en la primera gran curva de la edad, me dijo lo siguiente: España es un país que hemos hecho entre todos. Tenemos tantísimas cosas en común... Yo tengo no ocho, sino 32 apellidos vascos, pero creo que deberíamos mezclarnos todavía más Y luego añadió algo: Es imposible que España se rompa, porque nos necesitamos más de lo que creemos Después hablamos de música y también, sin necesidad de citarlo, me puso pingando a Montoro y su malhadado IVA cultural. Es decir, expresó libremente sus legítimos puntos de vista políticos, que en su caso no concordaban con los del Gobierno. Entre buena parte de nuestra intelectualidad no existe ese ejercicio tan natural que hizo Ainhoa de separar lo que es su país de los avatares de la refriega partidaria. En España se ha llegado a la aberrante situación de que el buen intelectual de izquierda, el zejista al uso, considera que hablar bien de su nación, defenderla, poner en valor de manera ecuánime sus cosas buenas, lo tizna de derechismo sospechoso. No escucharán jamás a don Pedro Almodóvar, que es la patria chica de Don Quijote, levantando su voz siempre peleona para hacer el más mínimo reproche a un separatismo que pregona abiertamente que quiere destruir su nación. Otro tanto vale para docenas de novelistas, actores, directores, deportistas o músicos madrileños, silentes ante el ataque frontal a su país, como si fuesen de Oklahoma y nada se jugasen en el envite. El problema se extrema si nos trasladamos al País Vasco, Galicia o Cataluña: solo se atreven a levantar la voz contra la regresión nacionalista quienes se han exiliado en Madrid tras ser machacados por el separatismo, tipo Albert Boadella. La ley del silencio también impera en nuestro empresariado, incluidos muchos legendarios clásicos del Ibex 35, conferenciantes perennes, a los que asombrosamente no les merece opinión que el comunismo gobierne en Madrid y Barcelona, o que sus empresas puedan verse frenadas de manera traumática si llega al poder la coalición Sánchez- Podemos, que es la alternativa a Rajoy. Sobre el PSOE no me extiendo. Ha elegido la alocada vía de dar aire al separatismo con concesiones antiespañolas, en lugar de ir de la mano con el PP en defensa de la legalidad democrática y de la idea de España, que es la solidaria y avanzada (salvo que ahora resulte que lo progresista es fomentar el odio al vecino y el privilegio medieval de unos ciudadanos sobre otros) Toda esta triste situación es de patente exclusivamente española, debido tal vez a que todavía impera un delirante paradigma que lleva a pensar que España la inventó Franco. Nada así ocurre en Francia, o en el Reino Unido, donde sus empresarios, banqueros, intelectuales y medios se pringaron hasta las cejas para salvar la Unión en el referéndum de Escocia. Y ganaron, claro ¿Mojándose? Por supuesto. HORIZONTE RAMÓN PÉREZ- MAURA ES UN OBJETIVO PROCLAMADO Iglesias ya ha manifestado por escrito su voluntad de dinamitar el sistema LGUNAS informaciones resultan muy incómodas. Y la portada de ayer de ABC sobre cómo Independentistas y extrema izquierda urden un plan para derrocar al Rey se cuenta en ese número. ¿Cuántas veces en el último cuarto de siglo ha llenado páginas de periódico alguna conspiración de ultraderecha contra el sistema? Conjuras basadas, por ejemplo, en unas conversaciones entre militares apartados de responsabilidades de mando y ultraderechistas sin ningún seguimiento popular. Es decir, informaciones sobre quimeras golpistas. En cambio, la información que ayer ofrecía ABC estaba protagonizada por los soberanistas que gobiernan en Cataluña y en localidades de esa región, así como de Navarra y del País Vasco. Y por elementos afines a la extrema izquierda que en esta hora gobierna tantos municipios de España, empezando por sus más importantes ciudades. Es decir, una aspiración a acabar con el sistema que nos dimos los españoles en 1978 partiendo de un poder ya asentado. Ahora resulta que a algunos les sorprende que Amaiur, ERC, la CUP, Podemos o Iniciativa per Catalunya quieran acabar con la Monarquía que encarna la estabilidad del sistema. ¿Es que alguien pensaba que la revolución pasa por mantener las formas? Algunos no se dan cuenta de que a los pri- A meros que se llevarían los podemitas de Iglesias Turrión por delante sería a los más conspicuos miembros de la gauche caviar a los que les parece tan divertida esta extrema izquierda a la que quieren considerar inofensiva. Sucede que hace sólo un par de meses que el propio Iglesias Turrión ha manifestado por escrito su voluntad de dinamitar el sistema una vez que tome el poder. En el número 93 de New Left Review mayo- junio de 2015, Iglesias Turrión dice con toda claridad que cuando insistimos en hablar de desahucios, corrupción y desigualdad, por ejemplo, y nos resistimos a ser arrastrados a debatir sobre la forma de Estado (monarquía o república) memoria histórica o política penitenciaria, no quiere decir que no mantengamos posición en esos temas o que la hayamos moderado. Más bien asumimos que sin la maquinaria del poder institucional carece de sentido centrarse en objetivos de lucha que nos marginarían de la mayoría que no es de izquierda La extrema izquierda de Iglesias Turrión, la de Oriol Junqueras o los soberanistas de Uxue Barkos y Artur Mas tienen un mismo objetivo: acabar con la Monarquía para establecer eso que llaman un Estado confederal y ya se vería después qué quiere decir eso. Porque lo único relevante es acabar con el sistema y destruir España. El nuestro es el único país de Europa en el que los grandes populistas quieren acabar con el Estado. Ni el Frente Nacional de Le Pen, ni el UKIP de Farage, ni mucho menos la Syriza de Tsipras, quieren desmantelar el Estado. Al revés. Quieren un poder central reforzado. En España tenemos una amplia panoplia de partidos conspirando para acabar con un sistema político que ha dado prosperidad, riqueza y bienestar a todos los españoles. Y como somos verdaderamente únicos, eso es algo que no se puede hacer perdonar. Menos mal que el Estado retiene algunos poderes, que si no veríamos a Manuela Carmena entrando en el Museo del Prado y llevándose los mejores cuadros para repartirlos por los barrios de Madrid: los Fusilamientos del 3 de Mayo a San Antonio de la Florida, Las Meninas a Salamanca, que son muy pijos, El Caballero de la mano en el pecho a la Puerta de Toledo... y el Prado, clausurado, que ese sitio lo fundó un Rey