Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
68 ABCdelOCIO VIERNES, 10 DE JULIO DE 2015 abc. es ABC C ine Michael Radford Este guión hace más interesantes a los personajes El remake Elsa Fred es un conmovedor relato sobre las segundas oportunidades LUCÍA M. CABANELAS La extraña pareja ELSA FRED Dirección: Michael Radford. Intérpretes: Shirley MacLaine, Christopher Plummer, Marcia Gay Harden, Scott Bakula, Chris Noth, James Brolin, Jared Gilman, George Segal, Wendell Pierce, Dave Randolph- Mayhem Davis, Erika Alexander ANTONIO WEINRICHTER n su afán por revisar lo extranjero, Hollywood pone su punto de mira en Argentina. Ahora le toca el turno a Elsa y Fred la película que Marcos Carnevale llevó a la gran pantalla en 2005, y que tiene una segunda vida bajo la batuta de Michael Radford. También sus protagonistas gozan de una segunda oportunidad, la de un amor tardío en la tercera edad. Despojados del acento criollo de la original, son dos estrellas a las que guía Radford en este remake estadounidense. Shirley MacLaine y Christopher Plummer recuperan el brillo con el que eclipsaron en su juventud a una industria que ya entonces parecía la alumna aventajada de la clase. Al empezar una película todos los actores están asustados. Da igual cuántos años y experiencia tengan a sus espaldas, o lo famosos que sean. Piensan que el director quizás no sabe qué es lo que está haciendo, es una cuestión de ganarte su confianza, y que entiendan que yo sí sé lo que hago detrás de las cámaras comenta en una charla con ABC Radford, a quien ni intérpretes de la talla de Al Pacino, Richard Burton o Michael Caine han podido resistirse anteriormente. Y para mostrarse sólido al timón elige a una vieja conocida, Ana Pavignano, que ya le ayudó a enderezar el guión de su mítica El cartero (y Pablo Neruda) Con ella existe siempre un diálogo interesante, nos conocemos y tenemos una conexión especial, es la única persona en la que confiaba para escribir el libreto de la cinta en 15 días, como nos pidieron asegura el director. Toda una hazaña. No podíamos cambiar simplemente el guión del español al inglés, porque ella no sabe hablarlo. Suena difícil y lo fue, pero por suerte yo sí hablo italiano Italiano, inglés... y hasta se atreve a chapurrear en español: Mi castellano es muy olvidado en este momento prueba mientras se ríe. Apenas un recuerdo del idioma en el que rodó hace unos años La mula protagonizada por Mario Casas y María Valverde, proyecto del que salió cuando solo restaba una semana para finalizar el rodaje. Radford, nómada tras las cámaras, que varía la localización con cada nue- E MacLaine y Plummer. A la izquierda, Michael Radford ABC Diferente a la argentina Esta película es mucho más simpática que la original de Marcos Carnevale va película, siempre se las ingenia para volver a Italia. Me siento como en casa allí. Siento una especie de conexión que no se puede explicar con palabras, solo sentirla confiesa el cineasta. Y, a través de La dolce vita que sueña Elsa, también el país transalpino disfruta de su segunda oportunidad. Esta película es mucho más simpática que la original, porque que una mujer a los 80 años espere que un hombre la lleve a Roma es muy divertido admite Radford, para quien su guión es más sofisticado que el original porque hace más interesantes a los personajes Y es que a través de sus entrañables mentiras la MacLaine de la ficción pretende que el público se crea que ella es Anita Eckberg asegura, aunque no confunde ni a Plummer ni a quienes todavía la recuerdan en El apartamento Radford dirige con solidez este relato sobre segundas oportunidades, porque permite creer que existen, que nunca es tarde para encontrar el amor, para renacer profesionalmente o para volver a ese país que a pesar de no serlo, sigues sintiendo tu hogar. iempre hay que insistir en que la clave de una comedia romántica depende de la pareja protagonista: tienen que gustarse, o proyectar que podrían gustarse, y gustarnos. La apuesta que hace aquí Michael Radford (que no renueva los placeres que nos deparó con El cartero y Pablo Neruda) es contar la vieja historia con estrellas más viejas aún, muchogenarias. Y ahí empieza el problema, y no me refiero a la edad sino a los intérpretes escogidos: Shirley MacLaine lleva siendo vivaracha demasiadas décadas, y Christopher Plummer nunca ha remontado el espesor teutón de Sonrisas y lágrimas (Y si uno piensa en el entrañable Manuel Alexandre, que hacía el personaje en la primera versión de la que esta es remake, está aún menos predispuesto a soportarle) Ambos tienen o pueden tener un problema de empatía, o nosotros con ellos, no sé bien, lo cual contradice esa ley esencial de la comedia que mencionaba arriba. Así las cosas, no está demasiado claro que tengamos ganas de seguirles en la previsible trama del viudo gruñón que ha decidido enterrarse en vida y de la vecina que primero entra a pedirle azúcar y pretende luego resucitarle, aunque sólo sea para tener que aguantarla a ella, cosa que quizá no hacen otros seres cercanos. El plan de puesta en forma no tiene episodios, ni tampoco momentos de humor, dignos de reseñar: y eso es otra cosa que condena a tantas comedias modernas: se olvidan de hacer comedia con el romance. La fijación de la persistente vecina con una famosa película de Fellini conduce a un bochornoso ejercicio final de nostalgia en una fuente romana muy famosa, nostalgia de la mujer pero que al parecer se intenta inducir también en el espectador: conmigo no lo consiguió. La única ley de la comedia romántica que cumple esta película es la de tener buenos secundarios, capaces de robar escenas a los protagonistas. Pero no sirve para compensar el desplazamiento. S