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60 CULTURA Festival de la Guitarra Clásica VIERNES, 10 DE JULIO DE 2015 abc. es cultura ABC La guitarra de Frank Gambale deslumbra por su técnica Humor y amor a partes iguales AUTOR: ROLAND DYENS Escena: Teatro Góngora Fecha: 8 de julio de 2015 CELSO GARCÍA El estereotipo de pajarita y corbata no ha lugar en un concierto de Roland Dyens. Al empezar, el maestro tunecino se sienta, observa a la audiencia expectante y nos lanza un ¿qué tal? al que respondemos con sonrojadas sonrisillas. Acto seguido abre el recital con una improvisación creada por y para nosotros. Como él mismo explica, es la mejor forma de empezar un concierto, tal y como se hacía en la antigüedad. Como andando de puntillas, los aires bailables de sus recientes composiciones dibujan muecas de complacencia, para pasar a dos arreglos de Tchaikovsky y Chopin que resultan sobrecogedores, aún teniendo en cuenta la escasa intensidad sonora. Roland no quiere llenar de decibelios la sala, sino enriquecerte con infinitos contrastes tímbricos que caracterizan su atípica técnica. La habanera Alba Negra de suaves claroscuros, precede a la pieza que cerrará la primera parte, su célebre El último recuerdo un personalísimo homenaje a Tárrega y Barrios con giros melódicos y estilísticos de las obras Recuerdos de la Alhambra y El último trémolo de sendos compositores. A pesar de un trémolo casi inaudible, se entrevén los retazos de ambas piezas tejidos delicadísimamente con humor y amor a partes iguales. Tras un galante preludio al estilo francés, pasamos a dos quizás demasiado recientes arreglos refiere de Libertango y Oblivion de Piazzola. De un emocionante juego rítmico y percusivo pasa a una amatoria sensualidad tanguera que nacen de sus manos tibiamente. Y pregunta: ¿Prefieren Villa- Lobos o Dyango Reynhardt? Éste es un concierto democrático Empieza por una soberbia improvisación sobre Nuages para continuar con el Aria de las Bachianas Brasileiras y el Choro 1, arregladas y aderezadas con ensoñación y sabrosura por el mismo Dyens. También con tono carioca, Roland nos propone un final de viaje con la dulcísima ensoñación del Carinhoso de Pinxinguina, contrastando con enérgicas percusiones de influencia africana de Berimbau, junto con efectos asombrosos que hacen al público salir a ritmo de samba. Pero el show no acaba aquí, el maestro se baja de la tarima para dar la mano a las primeras filas mientras el público, dando palmas, arranca una cálida Gymnopedie de Satie a modo de bis. A la salida lo esperan para sacarlo a hombros. La técnica del australiano Frank Gambale destacó ayer en el Gran Teatro. No pudo ensombrecer su virtuosismo ni el concierto de Dylan. Gambale, considerado el gurú del sweep picking, es un maestro del rock y del jazz que pasó por la Chick Corea Eletric Band y simultanea desde hace 30 años proyectos propios y ajenos. ROLDÁN SERRANO La ocupación hotelera roza el lleno con las citas de Dylan y Sting Es el mejor arranque de julio según los responsables de los establecimientos R. MENDOZA CÓRDOBA Hoy, Guitarra Jazz Bill Frisell muestra en el Gran Teatro su sonido que respira y se incrementa R. V. CÓRDOBA La ocupación hotelera en Córdoba capital se acerca desde ayer a la media del 90 y ya hay establecimientos de entre tres y cuatro estrellas que han colgado el cartel de completo para este fin de semana. Éste es el resultado de un sondeo realizado por ABC tras consultar una veintena de establecimientos de media y alta categoría. El motivo, según los propios responsables de las empresas, es el buen nivel de los conciertos del Festival de la Guitarra. La presencia de figuras como Bob Dylan, Joan Manuel Serrat o Sting, que se suceden en un margen de sólo cuatro días, han acarreado que un gran número de visitantes, sobre todo de Andalucía y en menor medida del resto de España, se hayan decidido a viajar a Córdoba y pernoctar al menos la noche de la actuación. Los números que registrarán este fin de semana los hoteles se asemejan mucho a los de temporada alta. Estos datos confirman la línea ascendente en la provincia en el último año, con un incremento continuo que ha hecho respirar al sector tras años de estancamiento e incluso retroceso. A diferencia de otras épocas del año, las reservas se han hecho con mayor previsión. El programa de conciertos se sabía desde hacía tiempo y, claro, no existe la incertidumbre meteorológica que puede haber en abril o mayo señaló uno de los responsables hoteleros sondeados. Ayuda también que los precios son notablemente más bajos que en temporada alta, con diferencias superiores al 50 con respecto a un fin de semana de mayo. Así, el precio medio de un hotel de cuatro estrellas ronda los 80 euros, mientras que los de tres se sitúan en unos 50 euros, según los datos recogidos. El denominador común de los establecimientos sin habitaciones para este fin de semana es que son hoteles de entre tres y cuatro estrellas, en el Centro Histórico y con piscina, un atractivo que han echado en falta aquéllos que carecen de este equipamiento. De hecho, los recepcionistas de estos últimos hoteles reconocieron que habrían completado sus plazas de haber dispuesto de piscina. El grado de ocupación coincide con el desarrollo del Festival de la Guitarra. El sonido habitual de un guitarrista de jazz tiene pocas diferencias con respecto a otros, están atrapados en un sonido genérico. Por eso suenan parecido. Esta explicación no sirve para Bill Frisell, que actúa esta noche en el Gran Teatro. Frisell es visto como una excepción por su explotación de la variedad de timbres. Su sonido se incrementa y respira como el de un saxofonista. Curiosamente, Frisell tocó el clarinete de niño. Y aunque su sonido se ha infusionado en el jazz, Frisell es un hombre de amplios gustos define el crítico Chris Kelsey. Frisell es un artista ecléctico que ha trabajado el folk progresivo, la música clásica, el country y el noise y es conocido por su capacidad para crear sonidos únicos, un don que le viene de una extensa carrera de 40 años y 45 discos. Esta noche presenta su último trabajo, Guitar in the space age! junto a Greg Leisz al pedal steel y la guitarra eléctrica, Tony Scherr al bajo y Kenny Wollesen a la batería y la percusión. El album, lanzado en 2014, incluye canciones y temas instrumentales de su pasado. El propio Frisell considera que se sentía con el derecho de volver a tocar música de sus inicios.