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ABC VIERNES, 10 DE JULIO DE 2015 abc. es cultura CULTURA 59 Dylan, anoche, en el concierto ofrecido en el Teatro de la Axerquía de Córdoba ABC Festival de la Guitarra Dylan canta casi sin dejarse ver Tocó algunas de sus creaciones menos conocidas en un escenario a escala humana sin flashes de por medio R. VILLEGAS CÓRDOBA ob Dylan volvió a cantar anoche en Córdoba, once años después de su última actuación en la ciudad, casi sin dejarse ver, huyendo de las miradas de los fotógrafos oficiales y espontáneos al no permitir la presencia de cámaras. Como negando el siglo XXI. Si el propio Barack Obama cuenta que tras una actuación privada en la Casa Blanca no se quiso hacer una foto con él, cómo se la iba a hacer en su gira posterior. Esté donde esté. El genial músico y poeta de Minnesota no solo huyó de los flashes, sino también de los coros del público, cantando, como suele hacer en sus últimos conciertos, canciones que están entre las menos conocidas de su vasto repertorio. Íntimo, esquivo, distante, irónico, se puede poner cualquier B calificativo. Como intentanto poner un poco de hielo de por medio en la calidez hiperbólica del verano cordobés. Con su puesta en escena desprovista de todo lo que no sea necesario para hacer música: solo con su figura en pie, un micro, y los músicos virtuosos que le acompañan, quiso ser más Robert Allen Zimmerman que Bob Dylan, huyendo del mito en que se ha convertido y dando protagonismo a canciones de la cara b de su discografía. En una de las pocas entrevistas que ha concedido recientemente, en la revista Rolling Stones dijo que no hacía canciones de acampada y que le sonaría raro que la gente cantara con él. Dylan confesó buscar emociones. Quien anoche se sorprendiera por su repertorio, aquí tiene la respuesta: no considera comunales sus canciones, sino personales. La elección tiene un fin: no tener coristas. Como si no fuera una de las figuras musicales, culturales, más influyen- tes del siglo XX y del XXI, un compositor brillante que vuela entre la música y la poesía y que año tras año suena como candidato al euromillones del nobel de Literatura, ese premio en el que se entremezcla la propia escritura con la política, la geoestrategia y la excentricidad de la Academia sueca. Tanto han volado sus letras, quizá llevadas por el viento, que ha llegado a ganar el premio Pulitzer de 2008 por el impacto que su música ha tenido en la cultura popular americana y el poder poético de sus composiciones. Concierto histórico Con todo ese bagaje, no sorprende que se haya calificado de histórico el concierto de anoche en el escenario de la Axerquía, un cartel difícil de superar en un fin de semana final más que notable con espectáculos como el concierto del genial jazzista Bill Frisell Cartel El de Minnesota inicia un final del festival que incluye a Sting y a Serrat acompañado por Noa hoy en el Gran Teatro, el de Serrat ¿el Dylan español? en la Axerquía mañana y el de Sting el domingo en la Plaza de Toros de Los Califas, que será el cierre de esta edición del Festival de la Guitarra. Dylan parecía estar a gusto consigo mismo, con su propia música, en lo que se ha llamado un diálogo interior en el que no quiere saber nada de todo, y es mucho, lo que le rodea. No solo huye de las cámaras, sino también de pantallas grandes que permitan al público, especialmente en escenarios homéricos, fijarse en el detalle. Por suerte, la Axerquía no lo es: los afortunados que asistieron a este diálogo del setentón Dylan, aún con buena voz, lo pudieron hacer en un espacio a escala humana. Siéntanse privilegiados, porque en una ocasión, sin salir de España, llegó a tocar en el gigantesco Madrid Río en las mismas condiciones. Lástima que este genio de origen judío no dejara entrar ayer ninguna cámara al concierto. Así que, quienes tengan la entrada que la guarden como reliquia, porque a sus 74 años será difícil que Bob Dylan, o Robert Allen Zimmerman, vuelva a Córdoba. Tanto como ver un canto rodado flotando en el viento.